Formosa, Jueves, 27 de abril de 2017 - 23:Apr:30 -

Miguel Vargas, de canillita a ingeniero

12/12 El nació en Formosa capital pero toda su vida la vivió en Riacho He Hé. Fue canillita del Diario La Mañana y nunca se cansó de luchar por sus objetivos. Hoy trabaja en Chile

Resulta difícil estructurar una nota estrictamente informativa dejando de lado la carga humana que implica hacer referencia a un ser humano con un corazón humilde y decidido, y que contagia ansias de superación. Es una labor complicada pero en estas líneas trataremos de transmitir lo que Justo Miguel Vargas, un joven formoseño, pudo construir haciendo que los obstáculos que la vida le imponía contribuyeran a concretar sus metas.

Justo Miguel tiene 29 años, nació el 9 de septiembre de 1987 en la ciudad de Formosa. Sus padres son Norma Edith Bedoya y Daniel Vargas. Tiene dos hermanos, Andrea y Luis.

Él vivió su infancia y cursó sus estudios (hasta el Nivel Medio) en Riacho He Hé. Como a todo chico, siempre le gustaron los deportes, el fútbol, es fan de Independiente, practicó Taekwondo… fue siempre un chico sano, entusiasta, perspicaz y con ansias de aprender, comentó a La Mañana su madre Norma Bedoya quien con orgullo relató que entre los 10 y 12 años, Justo Miguel repartía y vendía junto con ella el Diario La Mañana en esa localidad del interior provincial.

“Ya en el Jardín había aprendido a leer… hizo muchos cursos, arreglaba PCs, sacaba fotos y a los 17 años empezó la carrera en la UTN… Todos me decían que el ingreso era muy difícil pero él…. siempre me tranquilizaba con estas palabras: el mamá, el nivel te lo das vos estudiando”, señaló orgullosa.

No fue fácil para Justo Miguel llegar al lugar donde se encuentra hoy: trabajando para una Multinacional Argentina dedicada a los servicios de software, en su sede de Chile donde se desempeña como Technical Director, y tiene a su cargo una cuenta de más de 100 personas.

Objetivo: ser el mejor en informática

Desde Chile, Justo Miguel dialogó con este matutino y a continuación compartimos con nuestros lectores sus conceptos.

- ¿Cómo fue tu infancia? ¿Cómo la viviste?

Mi infancia fue la normal de un chico de barrio, con un plus: salía con mi mama a vender el Diario La Mañana todos los domingos a la mañana o en la semana cuando el canillita no venía. Íbamos casa por casa a repartirlos y de alguna manera eso me hizo entender a corta edad el valor del dinero y cómo no es fácil ganarla. Mi madre al tiempo me enseñó a sacar fotos y con eso logre hacerme de un capital que me permitía salir los fines de semana con mis amigos y tener algo que gastar para las bebidas o la comida. 

Me encantaba jugar bajo la lluvia y los típicos juegos con los otros chicos que tenían mi edad: las escondidas, el huevo podrido, policías y ladrones que en ese momento recuerdo le decíamos “ají morrón”. Creo que muchas de esas cosas hoy los chicos las perdieron pero entiendo que ellos viven su generación a su manera como yo viví la mía.

- ¿En qué momento descubriste tu vocación "tecnológica"?

Es muy difícil de contestar esa pregunta, porque siempre me intrigó todo... No concibo las consecuencias sin una causalidad; todo debe responder a una lógica para mí. Creo que eso ya me definía como el futuro Ingeniero que seria. Pero creo que si hoy estoy aquí es gracias a la motivación que un profesor de la secundaria quien me dejaba a cargo de la sala de computación del colegio y me fue enseñando ciertos trucos. A partir de ese momento me dije a mi mismo: quiero ser el mejor en informática. Tenía la mente de un adolescente y quería convertirme en el hacker que todos ven en la tele. 

Con el pasar de los años en el colegio la matemática se volvió mecánica y hasta me pareció agradable por lo que cuando llego el momento de realizar la elección sobre qué estudiar me orienté por Ingeniería en Informática.
 
La busque por todos lados pero debería viajar a Córdoba o Buenos Aires para estudiar, algo que dado mi situación económica era complicado. 

Mi padre con gran sabiduría un día me dijo: “Hijo me encantaría que vayas a estudiar, pero si vas y yo me enfermo y no tengo como trabajar para darte plata, no quiero que te quedes a mitad de carrera por mi culpa, anda a prefectura recibite de oficial y de ahí en más estudia lo que vos quieras que con tu sueldo no vas a tener problemas”. Hoy dije que para mí todo debía ser lógico y eso fue lo más lógico que me dijo mi viejo en ese momento.

Puro coraje

- ¿Cómo fue afrontar las limitantes que existían en Riacho He Hé, en Formosa, para poder desarrollarte profesionalmente?

No creo que haya tenido limitantes, esa era mi realidad y no por eso me limitaba. Creo que cada uno debe afrontar su realidad y encarar las cosas contando con ella. Creo que uno solo se pone limitante. En ese momento por ejemplo en el que mi padre me dijo que no podía mandarme a estudiar no hizo que me quede tranquilo y con mi mamá aplicamos a cuanto programa de becas encontrábamos por Internet y eso que en ese momento para navegar por la Web debíamos viajar 90 km a la ciudad de Clorinda y de ahí pasar al Paraguay donde había cybers en Asunción. Allí además conocí la que sería mi casa de estudios, la Universidad Tecnológica Nacional. Me arme de coraje y me inscribí al curso de ingreso, fue la primera vez que había viajado solo tan lejos desde mi pueblo a Resistencia. Con ilusiones en una mano y mucho miedo en la otra logre emprender este viaje de 5 años de carrera gracias a que una de las becas que aplique me respondió. Eran las Fonsoft de ese momento que luego pasaron a llamarse Becas del Bicentenario.

Justo Miguel estuvo becado por 3 años, obteniendo la renovación anual conforme iba superando las materias estipuladas. Al margen de contar con el dinero de la beca, sus padres le enviaban algunos fondos y alimentos, por ello en un momento dado decidió comenzar a trabajar para “dejar de ser un peso para mis padres”.
Así comenzó siendo ayudante de cátedra en la facultad y en otras academias. Él quería ser independiente y soñaba incluso con “darle un gusto a mis viejos”, siempre con la mirada puesta en el estudio ya que “estudiar era mi objetivo”.

Hombría de bien

Al cursar el 3º año de la carrera comenzó a trabajar en una empresa de videojuegos y renunció a la beca porque sintió que tenía la obligación de hacerlo ya que “otra persona como yo, en alguna parte de la Argentina necesitaba esa plata para perseguir sus sueños, sueños que hoy yo lo estaba viviendo y con la gracias de Dios pagándomelos solo con mi esfuerzo”. 

La carrera de Ingeniería en Informática tiene una duración de 5 años pero a Justo Miguel le llevó un poco más pero jamás puso como excusa que debía trabajar 8 horas y luego cursar 6 todos los días porque “esa era mi realidad y tenía que poder lidiar con ella”. 

Al ser consultado sobre las vivencias recogidas en ese largo camino remarcó una, su viaje a EEUU, lo que fue un gran impacto para él. “Cuando tenía el pasaje a Dallas en la mano fue un sueño... Ni siquiera conocía bien Buenos Aires y estaba manejando en una de las grandes metrópolis del mundo. Eso me reventó la cabeza, ver otras culturas, aprender cosas nuevas, sentir que realmente desde cualquier pueblo chiquito se puede hacer la diferencia solo con creer que sí se puede, fue increíble”, enfatizó. 

Desde ese momento sintió que debía empujar a otros a que brillen también. Desde entonces, al dictar clases en la UTN apuesta fuertemente a motivar a los estudiantes. “La motivación no pasa por el sueldo que es muy humilde, sino por el hecho de devolver a la Argentina, lo que mi país me dio en su momento, transmitir parte de ese conocimiento que de alguna u otra forma adquirí y pasárselo a alguien más, para luego verlos profesionales trabajando en empresas”. 

Para Justo Miguel, su mayor mérito es sentir que colabora con que el país se llene de profesionales y aportar un granito de arena para la construcción de una Argentina mejor.

Proyectos a futuro

Actualmente se encuentra trabajando en la Multinacional Argentina Globant, que se dedica a los servicios de software; allí ocupa el cargo de Technical Director, y tiene bajo su responsabilidad una cuenta de más de 100 personas. 

“Mi tarea es definir la arquitectura del software que estamos presentando a los clientes y asegurarme de que todos los demás técnicos puedan entregar servicios de valor, ya sea guiándolos, encargándome de que reciban un entrenamiento específico o simplemente transmitiendo mi experiencia en la construcción del producto final”, explicó. 

Para realizar esta labor tuvo que trasladarse on-site a Chile, donde hoy está viviendo, por lo que sus proyectos a futuro inmediato incluyen a Chile. “Me gustaría asentarme bien en este nuevo desafío para pensar en lo que se viene pero desde chico siempre quise ser un Doctor. Creo que aún estoy a tiempo de lograrlo”, comentó a este matutino.

Un mensaje a los jóvenes: “No nieguen su realidad ni la escondan, eso los hará fuertes”


En otro tramo de la entrevista lo interrogamos sobre cuál sería el mensaje que le daría a los jóvenes que hoy se encuentran estudiando, a los chicos de Formosa, de la Formosa profunda y que no se animan a seguir sus sueños, sus metas.

Justo Miguel Vargas fue enfático en su respuesta: “No nieguen su realidad, ni la escondan, eso los hará fuertes. Donde voy siempre digo que más que argentino yo soy de Formosa, de mi querido pueblo Riacho He Hé. No importa si no hay velocidades de Internet altísimas o si no tengo las comodidades que existen en una ciudad grande, Riacho es mi pueblo y volver allí es lo mejor que me puede pasar en la vida. Jóvenes… sigan adelante. Si se tropiezan vuelvan a pararse. Si se cansan tomen aire y sigan. Ustedes se ponen su límite, si otras personas pudieron y con más razón, si yo pude, ustedes también pueden!”.

Justo Miguel tiene una hermana mayor de parte de padre, Andrea, y ella vive en Buenos Aires y “fue la primera en darme sobrinos. Ellos son Matías y Agustín”. Su hermano menor es Luis quien ya es padre de 3 niños (Mariano, Mika y Aarón). Justo Miguel tiene un pequeño retoño que se llama Ignacio Daniel Vargas a quien “extraño muchísimo ya que quedó con la madre en Argentina, pero los veré en las fiestas”, dijo entusiasmado.

En lo que hace a su adaptación al país cordillerano reconoció que le cuesta ya que “es muy distinto…me costó porque es un país donde se nota con más facilidad las diferencias sociales, cosa que en mi pueblo o en Resistencia no era tan notorio. Fuera de eso es un país hermoso con la Cordillera de guardián que alegra mis mañanas cuando me despierto y veo el balcón”.

Comentarios1
Juan Ignacio dijo:
14/12 00hs

Que ídolo!! la verdad que un ejemplo de vida, un grande.
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