Formosa, Miercoles, 29 de marzo de 2017 - 19:Mar:06 -

La búsqueda de los 10 tesoros

11/03 Desde joyas extraviadas durante la Segunda Guerra Mundial hasta barcos hundidos cuyas reliquias no fueron recuperadas. Ocultos, enterrados o bajo el agua. Riquezas de la historia de la humanidad que hoy en día continúan envueltas en un enigma inquebrantable

Existen, pero nadie conoce su paradero. Permanecen allí, en algún lugar oculto, a las sombras, bajo agua, enterrados o dentro de un lugar especialmente creado para su resguardo. Son tesoros valiosos, un conjunto de piezas cuyo coste asciende a millones de dólares, siendo incluso en algunos casos superior a las nueve cifras.

A continuación, una lista de los objetos que no fueron hallados, que están envueltos en un gran misterio. Incógnitas históricas que nadie pudo develar. Piezas que rondan en la mente de aventureros y los motiva para continuar su búsqueda.

El equipo del buscador de tesoros Rubén Collado inició el proceso para rescatar en el Río de la Plata un buque de la Compañía de Indias, hundido en combate en 1763. El objetivo a encontrar es el Lord Clive. La operación será más simple de lo que parece: el navío estaría a menos de 350 metros de la costa de Colonia del Sacramento.

El experto uruguayo que encabezará la misión le había comentado a El País que "la embarcación imperial podría contener 1.200 millones de euros en monedas de oro, sin contar mercaderías como ron, opio y seda guardada en tubos de plomo".

Los millones de Kruger

En 1900, el presidente de la República Sudafricana, Paul Kruger ordenó a los bóeres -los colonos de origen neerlandés- esconder las reservas de oro a las afueras de la capital, por temor al acercamiento de las tropas británicas a Pretoria. En principio, se sospechó que la riqueza acompañó a Kruger en su exilio a Francia. Sin embargo, nunca llegó a destino. Suponen que los lingotes de oro y monedas que rondarían los 250 millones de dólares quedaron en algún lugar de lo que actualmente es territorio de Mozambique.

La puerta secreta del templo Padmanabhaswamy

El punto donde se halla no es la incógnita en este caso, sino el tesoro en sí. En el fondo del templo indio existen siete cámaras secretas, de las que una permanece intocable. En las seis abiertas se descubrieron cientos de utensilios de oro: diamantes preciosos, esmeraldas, rubíes, coronas y cadenas. Una suma de objetos calculada en aproximadamente 22 mil millones de dólares. Los siete miembros del Tribunal Supremo de la India decidieron ordenar la apertura de la bóveda próximamente.

La flota azotada por la naturaleza

En 1715 una flota española partió desde Cuba, pero solo navegaría por una semana. La inclemencia de un huracán fue demasiado para los doce barcos que trasportaban oro, plata, perlas y joyas equivalentes a 2 mil millones de dólares. Una parte del botín fue recuperado cerca de la actual Vero Beach, en Florida, pero el resto todavía permanece desaparecido. Cada nave fue localizada, pero solo se recuperó una pequeña cantidad de las cargas: la mayor parte descansa en el fondo del mar.

Forrest Fenn y su enigmático mapa

En 2010, el coleccionista de arte Forrest Fenn enterró un cajón con sus piezas más valoradas al norte de la ciudad de Santa Fe, Estados Unidos. Lo curioso es que en su libro de memorias decidió incluir pistas para dar con ello. Publicó nueve claves en un poema de 24 versos. El autor calcula que durante los últimos cinco años 65.000 personas intentaron encontrar el cofre de bronce en el que depositó todos los rubíes, esmeraldas, zafiros y demás valorados en dos millones de dólares.

Los huevos de Fabergé

Son una serie de joyas elaboradas entre los años 1885 y 1917 por Carl Fabergé, un orfebre ruso, para la familia imperial de Rusia y otros compradores privados. Cada obra, con forma de huevo, está fabricada con metales y piedras preciosas y esconde un complicado objeto. Casi siempre se activan con un mecanismo que las pone en movimiento y permite conocer su contenido. El precio de cada uno de ellos se incrementa cada año. Se crearon 71 huevos -54 para los Románov-, pero solo se conoce el paradero de 62, de los cuales 46 son joyas imperiales.

El tesoro del barco portugués Flor de la Mar

En 1512, la embarcación portuguesa Flor de la Mar chocó contra un arrecife y se hundió en el estrecho de Malaca, entre Indonesia y Malasia. Consigo desaparecieron piezas, fruto del robo al rey de Portugal Manuel I, que podrían valer miles de millones de euros. Hace tres años, dos empresas de salvamento submarino afirmaron que sus drones lo avistaron en el Mar de Java, cerca de la ciudad portuaria de Semarang. Sin embargo, aquella operación de búsqueda resultó inconclusa.

La Sala de Ámbar

Es una famosa obra maestra del siglo XVIII que desapareció durante la Segunda Guerra Mundial. Estaba construida con paneles de ámbar, láminas de oro y piedras preciosas. En principio fue para el rey de Prusia Federico I, luego fue propiedad del emperador ruso Pedro I el Grande en el año 1716. Durante el conflicto, las tropas alemanas se llevaron toda la decoración del palacio Tsárskoe Seló, aunque en abril del año 2000 el ministro de Cultura de Alemania, Michael Naumann, entregó algunos fragmentos al presidente de Rusia, Vladmir Putin. Del resto de la sala, no se sabe nada.

Las joyas del general japonés


Durante la segunda Guerra Mundial el general japonés Tomoyuki Yamashita escondió en 175 cuevas, túneles y complejos subterráneos en el archipiélago filipino lingotes de oro, estatuas áureas y joyas. En total, eran 200 mil millones de dólares. El suceso generó controversias entre historiadores. Las maravillas que se dijo que se acumularon en su avance victorioso por Asia habitan en la imaginación de los buscadores de fortunas desde hace décadas. Los más negativos afirman que se trata sólo de un mito fabricado por la imaginación popular.

Los lingotes escondidos en la arena


El último lugar es para un caso con final diferente, ya que el tesoro fue encontrado. El artista alemán Michael Sailstorfer había enterrado 30 lingotes de oro de 24 quilates en una playa en Folkestone, en el condado británico de Kent, con el fin de promover un festival local. Las barras estuvieron completamente disponibles para que quienes las encontrasen puedan quedarse con ellas. La propuesta atrajo cientos de participantes. Cada una tenía un valor cercano a los 530 dólares. Juntas, la suma crecía hasta los casi 17.000.

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