Formosa, Jueves, 30 de marzo de 2017 - 21:Mar:57 -

Algunas historias pueblerinas

12/03 El carnaval: más allá del color y la alegría

Primeros Corsos

En la Red Social Facebook, en la página de “Pirané florido”, el Sr. Carlos Alberto Alfonso publica estos interesantes datos de loscorsos piranenses: “En el año 1969 se coronaba la primera reina de los corsos piranenses: ‘Mari 1ra’ perteneciente a la carroza del ‘Club Desvial’ (de Gendarmería Nacional) que presentó ‘El Trasplante de Corazón’. Se trataba de la señorita María Esther Presentado, quien contaba con 17 años y cursaba el 1º año de la Escuela Normal Provincial. En el año 1970, Pirané corona a su nueva Reina de los corsos, la señorita Ligia Mariño, hija de don Marcos Mariño.En 1971 tiene un rol protagónico el ‘Club Alegría’ con su carroza ‘Alegría en el Espacio’.En el año 1972 causaron furor las carrozas ‘Neptuno y su Reino’ y ‘Carnaval en la Luna’. Aparecen las primeras comparsas: ‘Magisterio’, ‘Club Alegría’ y ‘Villa Tablita’. Ese año la Comisión Municipal de Festejos estaba presidida por el profesor RaúlPiersonGerelli y la Reina elegida fue la señorita Mercedes Simone de 17 años de edad”.

Según el mismo Alfonso refiere, los datos aportados en el Face, están extraídos de un trabajo mecanografiado entregado oportunamente por el Sr. Antonio Araná, titulado: “Apuntes para la historia de Pirané”.

Una rumbera inolvidable de los primeros Corsos: Juanita Peña

Radicado en el año 1978 en la ciudad de Pirané, escuchaba comentarios en referencia a los primeros Corsos piranenses. Allí resonaban y los guardé en mi memoria, los nombres de las Agrupaciones “magisterio”, “Alegría”, o las ocurrencias de Tito “Gordo” Álvarez con su “Se quema el rancho”. Pero sobre todo aparecían recuerdos y referencias a la rumbera (otros decían bastonera) de la Comparsa “Alegría” del Bº Santa Teresita. Esta joven era Juana Peña. La misma llenó de alegría y movimientos aquellos primeros años. Era portadora de un “cuerpo escultural”, pero y fundamentalmente, de condiciones para el baile que era su pasión. Cumplía perfectamente el rol de rumbera que es la figura de la Comparsa que debe mantener la alegría y la animación de todos los integrantes de la Comparsa. Su entrega a la actividad era total. 

Me brindaron datos sus hermanos: Perla Peña de Vallejos, Pablo Peña y su hija Mara Ferreira. Todos sin excepción la recordaron en esa inmensa felicidad que le provocaba bailar en esas Fiestas. Me quedo con las palabras de Mara que al referirse a su Madre expresó: “Ella amaba bailar......y fue una época de su vida muy feliz…siempre recordaba eso...y que su pueblo amado la ovacionaba por como ella bailaba......mi mami tan bella!!Una vez caminando por Pirané me topé con un par de personas que me dijeron que mí madre fue una gran rumbera…sólo eso Don Rubén!
En la figura de Juana Peña, el reconocimiento y agradecimiento a tantas personas que prestigiaron y dieron brillo con su trabajo, esfuerzo y dedicación, a los Corsos lugareños.

Nuevos tiempos


Igualmente, en Pirané, en los últimos años y en otras ciudades hace muchos años (Corrientes, Gualeguaychú, etc.), el carnaval urbano, se están convirtiendo en objeto de consumo. “En la sociedad globalizada basada en el reinado del mercado, donde todo se compra y vende, el carnaval es también un producto cultural comercializable”.
Los carnavales estandarizados, producto turístico, se están convirtiendo, quizás en detrimento de los valores de identidad o compartiéndolo con ella, en mercancía comercial. Actualmente asistimos a una progresiva espectacularización de la cultura y el carnaval, especialmente visible en cuanto a la fiesta en sus modalidades más urbanas. Se puede observar, en estas celebraciones en los tiempos actuales, que existen dos polos: el de los participantes, representados por las murgas y comparsas y el de los asistentes. Se demarca un hacedor, por un lado y un participante pasivo, por otro. 

De esta forma el Carnaval Urbano pierde su esencia de fiesta ya que crea dos instancias que no se hermanan, una que hace y otra que ve. El hecho de no vivir el carnaval sino sólo asistir le resta colorido y viveza a la celebración, hay un adentro y un afuera. Entonces, un espectador que toma un rol pasivo y otro activo, que desde su disfraz vive el carnaval, fortaleciendo a su grupo social y poniendo en otro nivel lejano de participación, o más bien, de no participación, al público que lo observa detrás de las vallas del corso.

También hay que analizar el fenómeno actual donde agencias económicas internacionales y estatales promueven la diversidad, las tradiciones y la memoria como una alternativa para producir recursos en sus programas y acciones de “desarrollo sustentable”.Prácticas y saberes antes desestimados son visualizados ahora como fenómenos de interés para las industrias culturales, los sectores privados y el turismo. Lo que hasta algunas décadas atrás era reducido a formas culturales en proceso de extinción, consideradas atrasadas, pre-modernas, hoy se promueven como paliativos locales a las crisis estructurales y ofertas de nueva exotización, incorporando a la esfera de la administración estatal el llamado «patrimonio vivo» «patrimonio intangible» o «inmaterial» o simbólico, representado por el uso de la música, expresiones del folklore y la cultura popular. (García Canclini 1994).

Como conclusión

El carnaval es una celebración milenaria de orígenes paganos que surge de la necesidad del hombre de libertad, de poder desprenderse de los cánones sociales y vivir una época de fiesta. Se convierte en necesaria para las sociedades, de manera que puedan dar rienda suelta a una vida alterna donde desempeñan el rol del desenfreno. De ahí su popularidad y en forma paralela, actos prohibitorios, suspendiendo su festejo. 

Consumado el tiempo de la celebración carnavalesca, tras la invariable quema de adrenalina y de energías vitales acumuladas, el poder hegemónico, especialmente el de las instituciones políticas, y la rutina laboral reconducen al pueblo, que vuelve a su diario vivir.Tras la transgresión regulada se vuelve a las distinciones de lo bueno y lo malo, lo permitido y lo prohibido, lo legal y lo ilegal, lo políticamente correcto y lo políticamente incorrecto. El ritual festivo opera como amortiguador cultural, a modo de terapia psicológica colectiva, de tensiones, conflictos y enfrentamientos sociales, económicos, laborales, familiares, etc.

Frente al modelo de carnaval urbano que trata de imponerse, y con especial intensidad en los últimos tiempos coincidiendo con los procesos de homogeneización social y globalización económica, van apareciendo nuevas formas para marcar la particularidad cultural, pero también como formas de resistencia simbólica contra las tentativas uniformadoras. Los Carnavales en general y los Corsos en particular, están cruzados hoy, por la aparición de requerimientos de estándares de excelencia y espectáculo con vistas a atraer a los circuitos turísticos y mediáticos.Las fotos publicadas de los festejos en Pirané y que algunas no nos corresponden, muestran ese carnaval con corsos de fuertemente comunitarios, participativos y como mucho juego con agua. Desde este lugar el Carnaval, con sus Corsos, “es la construcción de un espacio colectivo en el que se generan el aprendizaje de trabajar en conjunto, la transmisión de una herencia, la creación de un lugar de identidad.

Colaboración: Rubén Luciano Vergara

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