Formosa, Sabado, 18 de noviembre de 2017 - 18:Nov:21 -
Hola Argentina

Para crecer se necesitan más dólares que los que trae el campo

13/03/2017 Piden que aumenten las inversiones para dejar atrás los altibajos del crecimiento.

Pese a los nubarrones que asomaron en los últimos días con la suba de la inflación y de la pobreza junto con la reactivación de las protestas sociales, los economistas se muestran confiados en que este año el país crecerá en torno al 3%. Pero advierten que el desafío central está en romper con la dinámica de “año impar con crecimiento y año par con la actividad en baja” que viene sacudiendo a la economía en los últimos años. Para lograrlo, el país necesitará contar con más dólares que los que están aportando hoy las exportaciones agrarias y en este escenario, la llegada de inversiones será decisiva, para evitar que el Gobierno quede atado al financiamiento externo en un contexto de suba de tasas internacionales. Estos fueron los ejes del debate de la mesa central del Congreso Económico Argentino, que se realizó en el marco de la Expo EFI la semana pasada en el Hilton. El ex viceministro de Economía Orlando Ferreres, Daniel Heymann, economista de la UBA y de Universidad de San Andrés, Daniel Artana, de la Fundación FIEL, y Roberto Frenkel, del CEDES, fueron los expositores en este tramo.

El debate lo abrió Ferreres, que señaló que el mandato de Mauricio Macri puede dividirse en tres etapas. En esta lectura, tanto 2016 como 2017 son años de “transición”. Tras la caída del año pasado, 2017 tendrá un crecimiento del 3,5%, con una inflación del 20% y una recuperación del 3% del salario real. “El programa va bastante bien, aunque uno quisiera que fuera más rápido”, aseguró el economista.

A partir de 2018, aparece la etapa de “refuerzo”. “Van a subir las tasas de interés globales y va a haber mayor volatilidad cambiaria”. Como consecuencia, “colocar deuda se va a volver más difícil y como va a ser más cara, vamos a ir hacia el ajuste fiscal”.

En 2019 llegará la “consolidación”, que supondrá la finalización de los ajustes de tarifas. Las proyecciones de Ferreres marcan que en ese momento se suavizará el ajuste fiscal, la inflación alcanzará niveles internacionales en torno a 4 ó 5% anual y se recompondrá la entrada de divisas. Entonces el PBI crecerá 5,2%, con una suba de 2% del salario real y el tipo de cambio en $26.

El economista dijo que el atraso cambiario “es un problema serio”, pero sostuvo que este año el dólar no se va a tocar porque “podría ser contraproducente en el año electoral”.

La idea de que el atraso cambiario llegó para quedarse estuvo presente en todas las intervenciones de los analistas, que advirtieron que hay que moverse con cautela. “No podemos aumentar el tipo de cambio real sin afectar la tasa de inflación y la caída de salario real”, señaló Heymann. Y puntualizó que el país “está en medio de uno de esos altibajos típicos de la Argentina, en los que en los años pares la economía cae, mientras que en los impares crece”. En esta descripción, el efecto electoral es determinante: los períodos de crecimiento se dan en los momentos en los que el gobierno de turno abre el grifo para sostener la obra pública y el consumo, mientras que en los años pares se intenta avanzar con medidas para apaciguar el déficit público y atraer inversiones.

Heymann suscribió que este año habrá crecimiento y señaló que esta vez, “da la impresión de que el Gobierno tiene margen para acentuar la recuperación”. Pero fue contundente al indicar que la Argentina “tiene que generar más dólares para pagar el gasto”. El economista detalló que con los dólares que están aportando las exportaciones agrarias no alcanza para que las cuentas cierren. “La economía tiene un déficit de cuenta corriente de la balanza de pago y necesita financiamiento externo, porque hay dificultad para financiarlo con recursos internos”.

En este punto, Heymann advirtió que es difícil que la recaudación siga creciendo con respecto al producto interno y apuntó las dificultades que hay para recortar el rojo fiscal. Una de las razones tiene que ver con el empleo público, en el que la injerencia de la Nación es baja, ya que el 75% del gasto total corresponde a las provincias y a los municipios. Otra parte fuerte del gasto son jubilaciones, que tampoco pueden tocarse, por lo que la parte a acotar pasa por seguir reduciendo los subsidios, aunque recordó que “las tarifas son inflacionarias”, lo que acota el margen de acción. Por eso, insistió en que “hay que intentar disociar gradualmente el déficit del impuesto inflacionario”.

Al hablar del comercio exterior, Heymann sostuvo que desde 2011 el volumen de exportaciones estuvo cayendo. La única excepción fue 2016. “La recuperación del volumen de exportaciones es uno de los datos claves hacia adelante”, apuntó. Pero indicó que esto no puede darse por inercia. “Para aumentar las exportaciones hay que ganar market share, que es algo distinto que subirse a la ola exportadora”.

Además de ganar nuevos mercados para los productos argentinos, Heymann también recomendó que se fomenten otras actividades. “Con aprovechar el potencial del sector agropecuario no alcanza. Para que crezca el PBI per cápita hay que pensar en actividades que vayan más allá de las vinculadas con la explotación de los recursos naturales. Hay que complementar la oferta en términos de transables”.

El economista detalló también que hay un alto potencial en las actividades vinculadas con los servicios, un sector que demanda empleo calificado. Pero a la vez, “es un desafío la generación de empleo para grupos de baja calificación”.

Heymann explicó que “hay que crear empleo en el sector manufacturero para incorporar a los trabajadores con baja calificación”.

¿Esto supone que el Estado tiene que subsidiar o proteger a esos sectores mano de obra intensiva que hoy son menos competitivos?

–Para proteger a este sector es importante graduar la apertura de la economía. Eso es muy importante, porque de otro modo se abren agujeros en los sectores vulnerables de la sociedad. Por eso es central que el Gobierno mire al empleo con ojos minuciosos.

En el debate, el hilo del crecimiento fue retomado por Artana, quien recalcó que “la economía viene vegetando en el mismo nivel desde 2011, con una oscilación más menos del 3%”.

En ese contexto, señaló que el déficit de cuenta corriente es de US$15.000 millones, pero apuntó como un dato preocupante que el 40% de ese rojo se explica por gastos en turismo. “Nos estamos endeudando para sostener niveles de consumo que eran posibles cuando la soja estaba en US$600 y el real brasileño, en 1,60 por dólar”. De este modo hizo referencia al período en que más divisas ingresaban por exportaciones a partir de la combinación de altos precios de los commodities y fuerte demanda brasileña de productos industriales. Pero sostuvo que es difícil pensar que esas condiciones se repetirán. Por esta razón, “el Gobierno no puede darse el lujo de anunciar un plan fiscal y no cumplirlo, como ya hizo un par de veces en 15 meses”.

Según Artana, de parte del macrismo “hubo inacción fiscal. En 2016 el déficit estuvo en el mismo nivel que en 2015. Cuando uno elige tener dureza monetaria e inacción fiscal más financiamiento externo, se genera la apreciación cambiaria. Me preocuparía poco el atraso si fuera por el ingreso de dólares de exportaciones o por la llegada de inversiones. Pero así estamos, en un sistema que no es sustentable”.

El economista de FIEL descree del rol del consumo como locomotora de la reactivación. Resaltó que el país “necesita aumentar las inversiones y las exportaciones, no incentivar el consumo. La herencia K fue muy pesada en lo económico y en lo cultural, porque todos siguen diciendo que hay que motorizar el consumo y no las inversiones”.

En su exposición, Roberto Frenkel se concentró en analizar los componentes del índice de inflación y su evolución en los últimos años. Así desarrolló un índice propio para analizar lo ocurrido incluso en los años en los que el INDEC estuvo intervenido.

Una de sus conclusiones es que hoy “el salario real está 4% por debajo del de 2011. Había caído 10% el año pasado, pero desde mediados de 2016 el salario sube más que los precios”. Al desmenuzar la evolución del poder adquisitivo de los trabajadores con relación a distintos rubros que inciden en el IPC, Frenkel concluyó que, pese a los años de alto crecimiento de la economía y a la mayor participación de los trabajadores en el PBI, “el salario medido contra la evolución de alimentos y bebidas nunca volvió a alcanzar el nivel que tenía en 2001”. Es decir que en los últimos 15 años, el poder adquisitivo de los trabajadores en ese rubro estuvo por debajo del que tenían en la Convertibilidad.

“El salario va a seguir subiendo y el tipo de cambio va a seguir atrasado. Esto hace muy difícil abrir la economía”, dijo Frenkel.



Fuente: www.clarin.com

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