Formosa, Sabado, 23 de septiembre de 2017 - 09:Sep:34 -

Marcos Fernández asegura que existe un resurgir del uso de la bicicleta, actividad que ayuda a cuidar la salud

24/04/2017 Don Marcos Antonio Fernández lleva 46 años de trabajo en el rubro. Comenzó a los 12 años y sostiene que la bicicleta nunca pasará de moda. Dijo que el boom de la motocicleta trajo sedentarismo y enfermedades como el estrés

Si bien muchos piensan que la bicicleta es un medio de transporte pasado de moda, en las calles y avenidas de la ciudad se ve cada vez a más jóvenes y adultos retomar esta actividad que aporta numerosos beneficios a la salud. 

El artículo de hoy tiene como protagonista a un defensor de las bicicletas, un hombre que lleva 46 años de trabajo como bicicletero y que es considerado por clientes y amigos como un verdadero artesano del rubro. 

Don Marcos Antonio Fernández nació el 26 de abril de 1958 y el miércoles celebrará su cumpleaños número 59, quien desde los 12 años abrazó el oficio de bicicletero y continúa con las mismas energías.

Su madre, Clementina Bordón, era ama de casa, y su padre, Gabino Fernández, trabajaba como changarín y desempeñaba distintas labores tales como carpintero y hojalatero. 

Tuvo nueve hermanos, pero en la actualidad sólo tres siguen con vida: José, Darío y Esther. 

Un 19 de diciembre de 1975 se unió en matrimonio con Ofelia Godoy y a lo largo de estos 41 años de casados no sólo se convirtió en el amor de su vida y madre de sus hijas Myrian y Liliana, sino en su compañera de trabajo.

Sus hijas son todo un motivo de orgullo para don Marcos y Ofelia, dado que ambas son profesoras de Matemática y lograron superarse en la vida a base del esfuerzo y el sacrificio que siempre les transmitieron. 

Comenzó a trabajar a los 12 años como secretario de la bicicletería “La Esquina”, de Eduardo González, que funcionaba en Moreno y Fotheringham. “En ese tiempo fuimos cadetes junto a Arturo Pallares, un amigo que es todo un referente del mundo de las bicicletas en Formosa y un grande del ciclismo”. 

“Antes el trabajo en las bicicleterías era más artesanal. Todo el mundo andaba en bicicleta. Eran muy pocos los automóviles. Incluso los proveedores de insumos decían que Formosa era la ciudad donde más bicis había. Antes todo se reparaba y ahora directamente se cambia. Nosotros somos de la escuela de buscar soluciones a todo y reparar todo lo que se pueda. Un amigo un día me dijo que yo era ‘el cirujano de las bicicletas’ y en cierta forma eso me alegró porque la bicicleta es mucho más que un medio que me permite ganarme la vida”, comentó Fernández a La Mañana.

Experiencia

Después de su paso como cadete, trabajó en la bicicletería de su hermano Hugo, en el local de Juan José Silva 760, en pleno barrio San Martín. Luego se asoció a otros dos hermanos y montaron su emprendimiento en Yrigoyen y Ejército Argentino. “La idea era trabajar para ganarnos la vida y así lo hicimos, con atención de 07.00 a 22.00 horas y nos turnábamos para ir a almorzar”, recordó.

El tiempo pasó y abrieron un nuevo local en Fotheringham 2086, entre los barrios Obrero y La Pilar, con sus hermanos Darío y José.

Luego llegó 1983, año que muchos recuerdan porque Formosa vivió la peor inundación de su historia, con un río Paraguay que llegó a los 10,73 metros. En mayo de ese año Marcos Antonio Fernández puso su taller de bicicletas en la calle Yunká 166 del barrio Independencia, donde funciona hasta hoy. “La inundación fue muy dura porque el agua causó mucho daño y la ciudad se achicó tanto por el avance de la masa líquida que poca gente andaba en bicicleta”, señaló, pero su optimismo y el apoyo de su esposa, que además es la dueña del taller, fueron el mejor remedio para salir adelante y superar todas las crisis económicas por las que atravesó el país. 

Junto a él y su esposa trabajan dos fieles empleados: Rubén Fernández, su primo, personal antiguo y en blanco, al igual que Daniel Godoy, que es su cuñado.

Un artesano del rubro


Su pasión por la bicicleta nació de niño y se dio tiempo para la práctica del ciclismo y llegó a ser hasta entrenador. Los conocimientos que adquirió en el oficio y su capacidad inventiva lo convirtieron también en todo un artesano del rubro, a tal punto que llegó a fabricar bicicletas para ciegos, adaptadas para que el no vidente vaya ubicado en forma cómoda en la parte de atrás, guidado por otro conductor. “La particularidad de ese tipo de bicis era que estaba adaptada para que el no vidente tenga la misma sensación que la persona que la conducía”, dijo.

En los años ‘80 y ’90, incluso, fabricaba estructuras con ruedas para los corsos en formas de lanchas y otros objetos con los que incluso se podían realizar movimientos acrobáticos. Fue también uno de los impulsores de las bicicletas con pedal a mano, utilizadas por personas que no pueden utilizar los pies.
 
“La bicicleta era el medio de movilidad por excelencia en la ciudad, pero después el crecimiento urbano llevó al nacimiento de nuevos barrios y las distancias a recorrer se extendieron. La ciudad se expandió y la bici fue suplantada por las motos y los autos. El barrio más lejano antes quedaba a 20 ó 30 cuadras. Ahora hay que hacer entre 7 y 10 kilómetros. A esto se sumó la idea de progreso y se pasó a otros medios de movilidad y no se pensó en la salud. Antes había menos personas obesas que ahora y en eso tuvo mucho que ver el dejar de andar en bicicleta. El sedentarismo, la falta de actividad física mató a muchas personas en Formosa. Por eso siempre digo que andar en bicicleta es salud. Algunas personas ahora retomaron el uso de la bici por prescripción médica, y otros porque tomaron conciencia sobre los beneficios”, se explayó.

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