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Ante la falta de trabajo, en el 2000 ideó un servicio de gomería a domicilio

07/05/2017 Don Florencio Del Valle tiene 59 años y mantiene a su esposa y sus hijos con su ingeniosa iniciativa. Hace un mes sufrió un ACV del que, afortunadamente, se recuperó

La falta de oportunidades laborales es una realidad que lastima a muchas personas en Formosa, el país y el mundo y no todos reaccionan de la misma manera ante esta situación adversa, que repercute en forma directa en la familia.

Mientras algunos prefieren quejarse y quedarse de brazos cruzados, otros agudizan el ingenio y tratan por todos los medios de salir adelante, utilizando como filosofía de vida algunas frases conocidas como: “Ganarás el pan de cada día con el sudor de tu frente” y “El trabajo no es deshonra”.
El protagonista de este artículo pertenece al segundo grupo, el que no espera que el trabajo lo venga a buscar a la casa sino que sale a su encuentro. Don Florencio Del Valle, tiene 59 años y nació en el barrio Villa Jardín el 3 de enero de 1958, barrio en el que vive hasta hoy junto a toda su familia.
En plena crisis del año 2000, este hombre se desempeñaba como mecánico de la empresa “El Tapir” pero se quedó sin trabajo y a partir de ese momento comenzó a ofrecer sus servicios como gomero a domicilio. 

Su madre, Florencia Genes, era ama de casa y su padre, Fulgencio Del Valle, se jubiló como empleado de la fábrica de tanino Unitán.
Está casado con Mirta Caballero, quien hasta 1985 fue empleada del Gobernador, trabajo que tuvo que dejar para atender a su familia y ocuparse de los quehaceres del hogar. 

Mirta y Florencio profesan la religión evangélica, asisten a la Iglesia Dios es Amor y tienen nueve hijos: Rocío Soledad, Martín, Estella Maris, Verónica Elizabeth, Dahiana, Leonardo, Marcelo, Ayelén Celeste y Daniel Moisés. 
 
En estos momentos Marcelo está en Brasil en medio de una etapa de formación como futuro pastor, camino que también sigue su hermano Daniel Moisés, de 16 años. 

Florencio trabajó en la empresa “El Tigre” como mecánico y su profesión lo llevó a realizar cursos de especialización en Buenos Aires. Los años pasaron y también las crisis económicas, por lo que su vida laboral atravesó por diferentes situaciones, tanto que pasó por varias empresas del transporte urbano de pasajeros de la ciudad como “El Sol” y “El Tapir”. 

Sin empleo y con un país que soportaba una de las peores crisis económica y política, comenzó a pensar lo que podía hacer para ganarse la vida de manera honrada y llevar el sustento diario a la mesa familiar.

Cuando la desesperación comenzaba a apoderarse de él, un pastor amigo le aconsejó que se enfoque en lo que sabía hacer y ofrezca sus servicios a la comunidad. Así, se le ocurrió montar una suerte de gomería ambulante, con asistencia hasta el lugar donde los motociclistas y automovilistas requiriesen de su ayuda. 

Los inicios no fueron fáciles y de estar acostumbrado a tener un salario fijo mensual, que le permitía tener previsibilidad con los gastos, pasó a trabajar por su cuenta y sin saber cuánto dinero podía ganar en el día. 

“Le busqué la vuelta a mi difícil realidad. Como creyente, siempre comparto lo que me pasa con Dios. Ya desempleado, el pastor de mi Iglesia me dijo que debía dedicarme a esto. Cuando trabajaba en “El Tapir” ganaba en promedio 25 pesos por día y con mi trabajo de gomero hacía 150 pesos en una jornada. Eso me animó y seguí adelante. Cuando se pincha la rueda de una moto, sus conductores quedan en medio del sol sin saber qué hacer en ocasiones, lejos de una gomería. A esas personas también les llevaba un sándwich, alguna gaseosa o agua para sobrellevar las altas temperaturas que tenemos gran parte del año en Formosa. Uno tiene que ponerse del lado de la persona que tiene el problema. Esa cercanía con la gente me llevó a recibir muchos regalos porque el formoseño sabe ser solidario”, comentó Florencio a La Mañana. 

En principio, hizo de la Plaza San Martín una suerte de base y desde allí recorría la zona céntrica ofreciendo servicios de parche. Después imprimió tarjetas que decían: “Gomero de motos a domicilio” y los repartió en dependencias policiales, casino y comercios de la zona céntrica. 

Lleva más de 5.000 tarjetas entregadas en la ciudad y en ningún momento dejó de trabajar, salvo hace un mes atrás que sufrió un ACV (Accidente Cerebro Vascular) pero se recuperó de manera asombrosa y sigue adelante con su trabajo de gomero, ahora acompañado por su esposa.
“Cuando me llaman voy en moto con mi cajita de herramientas hasta el lugar. También parcho ruedas de autos si es con cámara, de lo contrario le ofrezco al conductor sacarle la rueda, llevarla a una gomería de auto, traerla reparada y volverla a colocar. Hasta me llamaron de Alberdi en una ocasión y fui porque cuando uno tiene una dificultad lo que quiere es la solución. La moto se había pinchado lejos de la ciudad y tuve que ir a socorrer a esa persona”, recordó. 

Afirmó que no hay que dejarse vencer por los problemas de tipo laboral porque el que quiere trabajar, siempre encontrará algo para hacer.
“En la calle está la plata. Si te quedás encerrado en tu casa, no vas a conseguir nada. Hay que moverse. Cuando comencé con la gomería a domicilio era el único que ofrecía ese servicio pero en la actualidad hay varias personas que se dedican a la misma actividad”, dijo. 

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