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Pablo Ferreri: desde Boca Pilagá surgió el primer Ingeniero Naval de Formosa

03/08/2017 Hijo de docentes, su casa se convirtió en escuela que recibió a la comunidad durante las inundaciones que afectaron a esa localidad.

“Estar tan cerca del río me influyó mucho”. Así se presenta Pablo Ferreri, quien a sus 27 años es el primer Ingeniero Naval de Formosa, es decir, alguien especializado en el diseño de embarcaciones. La relación con el agua no siempre fue tan grata: criado en Boca Riacho Pilagá desde su nacimiento, su casa abrió las puertas a la comunidad durante las grandes inundaciones y sus padres, ambos docentes, la convirtieron en escuela para que los niños no pierdan un día de clase pese a la situación. Un titular periodístico lo subraya: “El poblado que no quiso marcharse”.

“Mis padres son docentes del sur de la provincia de Buenos Aires, mi mamá Patricia marplatense y mi papá Horacio de Pergamino, y como no conseguían trabajo allá vinieron a probar suerte en una estancia”. Los inicios fueron difíciles, trabajando muy duro y soportando problemas de salud por no estar acostumbrados a los mosquitos de esa zona. De allí fueron a Boca Riacho Pilagá, donde encontraron una suplencia, y allí se quedaron.

Pablo es el segundo hijo de la familia y nació en el Hospital de la Madre y el Niño, en la capital, e inmediatamente fue trasladado a la localidad donde aún vive.

Cursó los dos primeros años de la Primaria en la Escuela Juan Dring y los restantes en Boca Pilagá. A la Secundaria la cursó en Mojón de Fierro, a la que iba en su bicicleta, pedaleando 12 kilómetros todos los días. “Cuando llovía iba a caballo, pero en la escuela ni me pedían que vaya a Educación Física porque con pedalear todos los días tantos kilómetros ya era suficiente”, contó de manera jocosa. 

Siendo estudiante secundario, ganó un concurso de preguntas y respuestas en la televisión, algo a lo que atribuye a ser hijo de docentes: “Lo peor que te puede pasar es ser alumno de tus padres, porque siempre tenés que dar el ejemplo al ser el hijo de la maestra”, dijo entre risas.

Su casa paterna se construyó en 1992 en Boca Pilagá y no es un dato menor: “Fue en el año de una de las grandes inundaciones que sufrió Formosa. Por eso, cuando la escuela quedó bajo el agua, mudaron las clases a mi casa. Incluso, La Nación vino a hacerle una nota a mi mamá”.

Ingeniería Naval

Tras la secundaria, fue a la ciudad natal de su madre, Mar del Plata, a estudiar Ingeniería Naval, aunque por las dudas se inscribió en otra especialidad, dado que en su carrera elegida, el examen de ingreso era muy exigente. “El ingreso fue muy duro, me preparé en una academia pero no me sirvió porque el trajín de ir al colegio a tanta distancia, volver y tomar colectivos me terminaba matando”, contó a La Mañana, pero finalmente ingresó.

“Cuando fui no sabía resolver una incógnita, fue a puro esfuerzo, pero me topé con la gente correcta que me ayudó mucho. Después está la voluntad de uno, que eso es todo. La Ingeniería es muy apasionante, siempre se relaciona con resolver problemas. La Naval es similar a la Ingeniería Civil, pero diseñas cosas que se mueven. Eso me gustó porque al vivir frente al río, ves barcos todo el tiempo y el contacto con el agua te influye. Es muy lindo”, comentó. 

En plena carrera, en 2014 tuvo que regresar para acompañar a su madre durante una nueva inundación, y debió hacer una pausa de un año en el cursado. Eso no lo detuvo y este año obtuvo el título tan deseado.

Su profesión está pasando por un momento complicado, porque en los ’90 se dejó de fabricar barcos en el país y esto se reactivó recién con el gobierno de Néstor Kirchner. Entonces, en diez años no hubo prácticamente ingenieros navales.

“Aristóteles dice que la vida es una cadena de fines, entonces ya terminé la carrera y tengo que buscar trabajo. Lo ideal es quedarme acá, encontrar trabajo para poder vivir y después desarrollar una actividad privada para dar trabajo a la gente, porque nosotros somos los que pensamos los barcos, no los que los hacemos. Quiero quedarme porque mi mamá vive en Boca Pilagá, se jubiló como directora de escuela allá y no la movés por nada de ahí”, concluyó.

Pablo tiene una humildad que se nota desde su manera de hablar y cuenta su historia sin reproches, sino más bien valorando y sacando lo bueno de cada momento. En este sentido, es firme: “No tenemos que pensar en lo que nos pasó, sino en lo que hacemos. Las oportunidades están, porque estamos en un país maravilloso que nos da la posibilidad de estudiar gratis, que no pasa en todo el mundo. Es muy fácil quedarse en excusas, lo que hay que valorar es el sacrificio, y de lo que sacamos de nosotros, qué le damos al mundo. Entonces no podemos quedarnos con las manos atadas”, es su mensaje.

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