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Trabaja como cartonero para mantener a su familia y cubrir los costos de la carrera universitaria de su hija

25/09/2017 Francisco Alberto Bonafe junta en un carrito de manos desde cartones hasta papel de diario, cobre y aluminio. Sofía Luz del Cielo cursa el cuarto año de la carrera Ingeniería Zootecnista

En sociedades marcadas por el relativismo cultural y la pérdida acelerada de valores, donde por lo general se privilegia más el “tener” que el “ser”, esta historia de vida muestra otra lógica, donde valen más el amor y el esfuerzo que las meras apariencias.

El protagonista de esta propuesta periodística que La Mañana pone a consideración de sus lectores sufre en forma constante la discriminación de algunos, pero encuentra su recompensa en el amor de su familia y la tranquilidad que genera saber que se gana la vida de manera digna.

Francisco Alberto Bonafe tiene 57 años, nació el 17 de diciembre de 1959 en La Plata y desde la crisis económica que enfrentó el país en 2001 trabaja como cartonero en la ciudad de Formosa.

Bonafe vive con su familia en una casa de la calle Moreno, entre Ayacucho y Paraguay, y lo más loable del caso es que mediante su trabajo mantiene a su familia y afronta el costo que demandan los estudios universitarios de una de sus hijas.


Su madre, Rosa Justa Vidal, era ama de casa, y su padre, Jaime Abel Bonafe, trabajó en una empresa de limpieza de vagones del Ferrocarril Roca, en La Plata.

En 1989 llegó a Formosa para conocerla. Lo había invitado un amigo, José Rodríguez, oriundo de El Espinillo, que vivía en Buenos Aires. Pero Rodríguez salió un día antes y, cuando Bonafe arribó a la ciudad, se produjo el desencuentro.

Lo curioso del caso fue que nunca más se encontraron. Como no conocía a nadie, los primeros días fueron complicados hasta que encontró trabajo y lentamente comenzó a familiarizarse con la ciudad y sus habitantes.

Pocos meses después conoció a Marta Vilma Brade, con quien se casó el 1 de setiembre de ese mismo año y juntos formaron una familia. Tiene dos hijas: Marcela Alejandra, que es madre de Iara Soledad, Sara Beatriz y Victoria Liseth, y Sofía Luz del Cielo, que cursa el cuarto año de la carrera Ingeniería Zootecnista, en la Universidad Nacional de Formosa (UNaF).

Su primer trabajo fue en El Mercadito Paraguayo, como empleado de Mariano Mobilio, reconocido comerciante ligado a la venta de frutas y verduras. “Le debo mucho a ese gran hombre porque me dio una mano cuando nadie me conocía. El estuvo en los momentos más duros cuando llegué a Formosa”, recordó.

Comentó que los padres de su esposa eran de una posición económica respetable en Formosa, y él quería demostrar que podía sacar adelante a la familia que comenzó a construir junto a Marta.

“Debo admitir que me costó mucho, pero siempre me gané la vida de manera digna. Otra persona que me ayudó mucho fue Juan Carlos Soria, con la venta de fruta y verdura en Yrigoyen y San Martín”, dijo.

Luego trabajó como canillita durante seis años hasta que una empresa lo llevó al Chaco por seis meses. Después regresó nuevamente a Formosa, en plena crisis de 2001, y ante la falta de oportunidades laborales, comenzó a juntar cartones, diarios, cobre y aluminio en bicicleta.

Un día, un herrero amigo le fabricó un carrito para poder recolectar mayor cantidad de objetos y sin advertirlo convirtió la actividad de cartonero en su forma de vida.

“Me conecté con un acopiador que tenía una chacharita, el señor Saine, a quien quise mucho porque fue más amigo que patrón. Me ayudó en los momentos que más necesité. También siempre estuvo y lo quiero como a un padre a Darío Solís. Aprendí a ser agradecido en la vida. Don Solís me permite retirar papeles y otros materiales de su empresa gráfica”, valoró.

“La dignidad no se mide por el poder adquisitivo” 

Si bien en la actualidad es muy conocido y querido por muchos vecinos de la ciudad, reconoció que hasta ahora sufre la discriminación de algunos en la calle. “Hay personas que piensan que porque tienen un auto o un pasar económico bueno son mejores seres humanos. No se dan cuenta que la dignidad no se mide por el poder adquisitivo. El frente de mi casa suele estar desordenado porque ahí dejo lo que junto, pero no molesto a nadie, no robo y me gano la vida en forma honrada”, señaló.

En la actualidad viene un camión hasta su casa para recolectar todo lo que Bonafe logra juntar en la semana. “Este trabajo permite mantener a mi familia y que mi hija pueda estudiar Ingeniería Zootecnista en la universidad. Me cuesta pero es un motivo de orgullo. No trabaja pero el mérito de estudiar y superar las materias es de ella. Que pueda estudiar es una ventaja que no quise tener y preferí la calle. Fue un error mío, pero con los años uno aprende. Hoy les diría a los jóvenes que no dejen los estudios. Cuando los padres ofrecen la oportunidad de estudiar, hay que aprovecharla porque con el paso de los años te podés arrepentir grande, sobre todo en los tiempos actuales, donde cada vez se exige mayor preparación”, concluyó.

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