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Drucaroff: “Las verdades son múltiples, y se producen en un diálogo de subjetividades”

01/10/2017 La escritora y doctora en Ciencias Sociales describió los modos en los cuales circula la literatura argentina, y planteó que los dos conflictos fuertes que se entretejen y se anudan todo el tiempo en una sociedad, y que de alguna manera son el origen de todos las problemáticas, son la lucha de géneros y la de clases

Elsa Drucaroff, escritora, crítica literaria, profesora en Letras y doctora en Ciencias Sociales por la UBA, dialogó con Cronopio acerca de los modos en los cuales circula la literatura argentina, marcó la necesidad de estudiar las obras literarias nacionales son sentido federal y expuso varias ideas para pensar el orden de clases y de los géneros en la sociedad actual. En este sentido, la autora afirmó que las verdades “son múltiples, y se producen en un diálogo de subjetividades”.

La investigadora visitó recientemente la ciudad de Formosa en el marco del XIX Congreso Nacional de Literatura Argentina desarrollado en la Universidad Nacional de Formosa. Durante las jornadas de ese evento, participó del Panel Plenario de especialistas e investigadores de literatura argentina, entre otras actividades.

Drucaroff se recibió de Profesora de Castellano, Literatura y Latín en el ISP Joaquín V. González. Obtuvo un Doctorado en Ciencias Sociales por la UBA, con la Tesis “Otros logos. Signos, política, discursos”. Actualmente, investiga y enseña en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Colabora ocasionalmente en revistas y suplementos literarios. Es autora de varias novelas, y algunos relatos suyos han sido incluidos en diversas antologías. Entre sus obras se destacan títulos como “La patria de las mujeres”, “El infierno prometido” o “El último caso de Rodolfo Walsh”, dentro de la narrativa, y “Roberto Arlt, profeta del miedo” y “Los prisioneros de la torre”, en el ensayo.

“Estoy completamente de acuerdo con la construcción de una historia de la literatura que tenga un sentido federal. Creo que hay muchas dificultades reales para lograr eso, que no pasan por la calidad de la literatura. Los problemas son varios. Por un lado, muchos autores de las provincias no están disponibles en las librerías de Buenos Aires, del mismo modo que acá en Formosa no se consiguen publicaciones de editoriales pequeñas de la Capital Federal. Está la opción de comprar por Internet, pero eso es para la persona que sabe específicamente lo que está buscando. El lector común que se acerca a las librerías no logra conocer todos los títulos que ofrece una editorial chica”, explicó Drucaroff a este suplemento.

“Hay un problema objetivo de mercado, que no es federal. Y es un error creer que porque uno publique en Buenos Aires, va a tener difusión en todo el país. Si uno trabaja con alguno de los dos grandes grupos editoriales, que no son argentinos, va a tener comercialización en todas las librerías de la Argentina, porque cuentan con distribuidores poderosos. De lo contrario, si uno recurre a un sello independiente, es difícil que llegue a todos los puntos de venta. Existen lógicas comerciales que habría que revertir. No soy experta en industria editorial, pero creo es uno de los inconvenientes más importantes. A su vez, hay cuestiones ideológicas, de perspectivas centralistas, prejuiciosas y discriminatorias, que también están. Pero es difícil quebrar esas prenociones si no hay acceso a toda la literatura”, agregó.

“Es verdad que por Internet se consigue prácticamente todo, pero en esos casos la persona ya sabe lo que busca. La mayoría de los lectores desconoce los títulos que ofrecen los sellos pequeños. Habría que encarar alguna política de información y de ‘seducción’ hacia el periodismo centralizado porteño, para que divulgue las publicaciones de las editoriales independientes, pero comprendo que es muy difícil lograr esto”, señaló la especialista.
“Existen buenos y malos textos literarios en absolutamente todas las regiones del país, incluyendo la ‘región porteña’. Además, ¿qué es el ‘valor auténtico’ de un texto literario o de cualquier obra de arte? ¿Quién puede decir eso? A su vez, cualquier tipo de emoción es válida para una creación artística. Incluso, hay gran literatura hecha desde el resentimiento social”, planteó la especialista.

“El arte es el lugar de la imaginación y de la libertad creativa. Si la pulsión de escritura es sincera y puede controlar estéticamente sus sentimientos y construir un mundo potente, verosímil y cuestionador, es algo muy bueno. Lo importante es que evitar que sea un valor en sí mismo ser formoseño y no porteño. Hay obras buenas y malas en todos lados”, apuntó.

“Escribir bien o mal no es una verdad única que puede ser asegurada por los críticos. Desde la crítica, decidir eso es una cuestión de gusto, absolutamente arbitraria. El arte está transgrediendo constantemente las técnicas que se proponen desde la crítica. Roberto Arlt fue considerado uno de los peores escritores argentinos. Y tiene muchos errores técnicos, pero es genial. En esos errores, yo veo un trabajo exasperado de resistencia contra las estéticas dominantes, y una búsqueda de un lenguaje nuevo para una época nueva. Yo dudo mucho de hacer depender una labor de revalorización de la literatura de los gustos arbitrarios de la crítica. Sí creo que un crítico debe dejarse llevar por su opinión, pero con prudencia”, evaluó la docente.

Género

Drucaroff expuso que trabaja en investigación de la literatura argentina de manera ininterrumpida desde el año 1985. También, dijo que sus áreas de interés en cuanto a la Crítica y a la Teoría son dos, y “se entrecruzan todo el tiempo”: la narrativa argentina “contemporánea y muy contemporánea, del siglo XX y XXI”; y un enfoque teórico con el cual se aproxima a esa literatura: una mirada socio-textual, que trata de observar en qué medida lo ideológico, que está todo el tiempo construyendo los imaginarios sociales, aparece como material con el cual se “tejen” los textos literarios.

“La perspectiva teórica que trabajo en mis investigaciones supone siempre buscar cómo una sociedad dirime sus conflictos. A partir de una justificación teórica que terminé plasmando en mi ensayo ‘Otro Logos’, que se basa en la Tesis Doctoral que terminé en 2010 y defendí en 2012, considero que los dos conflictos fuertes que se entretejen y se anudan todo el tiempo en una sociedad, y que de alguna manera son el origen de todos las problemáticas, son la lucha de géneros y la de clases. En otras palabras, se trata de los juegos de conflicto y de poder alrededor del conflicto de la construcción de las personas y de la producción y distribución de la riqueza. La cuestión de género consiste precisamente en la elaboración de personas. El patriarcado es un modo de producción y de construcción de personas: varones, mujeres, gays, lesbianas, travestis, etcétera”, indicó la autora.

“Mi Tesis, desde su propia escritura, es poco tradicional: es una reflexión de producción teórica propia, a partir de varios autores. Mi director de tesis, el sociólogo Eduardo Grüner, me apoyó completamente. Para publicar mi trabajo, maticé y edité algunos conceptos. Pero no hubo grandes cambios. Yo no escribo ‘papers’ universitarios. Mi teoría sobre la práctica intelectual y la del conocimiento no está de acuerdo con esa mirada académica que dice que un trabajo serio tiene que ser ‘objetivo’ y que no hay lugar en el discurso académico para el yo, la posición fuerte y el cruce entre la experiencia personal y el conocimiento. Yo soy feminista; y si algo han aportado las teorías feministas que más me interesan, tanto en lo filosófico como en lo cognitivo y lo político, es que no hay conocimiento ‘neutro’. El saber está atravesado por las condiciones experienciales de vida”, aseguró.

“Un crítico literario, por ejemplo, no puede ser ‘universal’: nació en un sitio y está parado en una determinada situación. Puede hallarse en un lugar como el nuestro, que es periférico con respecto a las grandes academias europeas, desde donde se ejerce un poder”, remarcó.

“Cuando cualquier pensamiento se vuelve hegemónico, hay un montón de gente que se suma por moda. Pero le pasa no solo al feminismo: ocurrió con el marxismo en los 70. Sucede también cuando llega la ‘fiebre’ de algún nuevo teórico que llega desde otro país. No es algo, nuevo, es parte de la realidad frecuente humana en todos los aspectos. Pero eso no me preocupa: nadie que se sume por moda va a hacer algo valioso”, aseveró.

“Todos somos subjetivos. Creo que el compromiso subjetivo es parte necesaria del conocimiento. Desde la negación de la subjetividad no se puede producir teoría social y humana que nos sirva para pensar un mundo mejor. Debemos entender y aceptar que no hay una sola verdad. Como dice Friedrich Nietzsche, una palabra no es solo una definición de diccionario. Detrás de ella, hay varias guerras, discusiones, conflictos e historias”, subrayó la investigadora.

Por último, Elsa Drucaroff manifestó: “Hay que entender y aceptar que la razón no garantiza nada: está filtrada por lo inconsciente y lo irracional. Hasta la física cuántica explica que el mundo es determinado por el punto de vista de un observador. Todos pensamos desde ciertos intereses. Yo soy feminista porque soy mujer y tengo una mirada determinada. Eso es asumir desde dónde uno habla. Por otro lado, la idea de ‘post-verdad’ habla de otra cosa, de una manipulación: negar la experiencia de lo que existe en nombre de una manipulación hecha desde un lugar de poder para ‘lobotomizar’ los cerebros de la gente. Yo no creo que la realidad no existe y que es manipulable. Yo pienso que uno mira experiencialmente cosas, que no debe negar en nombre de una búsqueda de objetividad”.


Federico Torres 

Como recopiladora de los textos incluidos en la colección de antologías Panorama InterZona, en su Tomo 2 (2012), Elsa Drucaroff incluyó dos relatos del escritor formoseño Federico Torres, autor de cuentos y poemas.

“A Federico lo conocí en Resistencia, en un encuentro nacional itinerante de escritores. En cuanto a lo témático, Federico puede llegar a tomar de Charles Bukowski cierta ‘marginalidad provocativa’, el colocarse en un lugar de jugar con lo perverso y con la violencia en el sexo. Pero tiene un estilo mucho más interesante. En el cuento suyo que publiqué, se nota un juego con la musicalidad y con la contradicción”, contó la crítica literaria.

“En la poesía, me gustó su humor desfachatado, y su trabajo para derrocar formas de pensamiento muy cristalizadas en la gente. Me gusta la poesía ‘antipoética’, que trabaja con un lenguaje coloquial y con imágenes fuertes. Eso es lo que puedo decir, tanto de los trabajos de él que pude publicar en la antología como en otros textos suyos que tuve la oportunidad de leer, y que me llamaron la atención”, aseguró Drucaroff.

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