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Transformó el dolor de perder a un hijo en la tragedia de Cromañón

16/10/2017

Lo primero que salta al entrevistar a Nilda Gómez es que habla de su hijo Mariano en presente; nunca, en ningún momento de la charla lo nombra en pasado. Nilda es hoy asesora de la secretaria de DDHH de la Nación, presidenta de la Asociación Civil “Familias por la vida” y, quizás lo que determina todo lo anterior, una de las madres que perdió a un hijo en la tragedia de Cromañón. Hoy, está a cargo de la creación de una red de contención emocional para familiares o víctimas de catástrofes y tragedias, situaciones que tienen que ver con el delito y lo que eso causa a las víctimas. Esa fue su manera de superar el dolor o de, por lo menos, transformarlo en acción que tiene como norte la empatía con un otro.

194 MUERTOS Y 1432 HERIDOS

Esos son los números de ese 30 de diciembre de 2004. Nilda y su familia tienen una casa en la costa, a la que siempre iban. Ese diciembre Mariano no fue, decidió quedarse con su hermana Carolina en Buenos Aires. “Ese 30 me pidió que lo esperara hasta que llegara de trabajar: “Me da un beso fuerte en la mejilla, tan lindo, tan suave y me dijo que me cuidara. Y nos fuimos. A veces, digo por qué me fui, por qué no me quede”. Es el único momento de la nota donde Nilda se quiebra, pero lo hace imperceptiblemente. Casi no se nota, pero al hablar es evidente que el recuerdo adquiere presente.

Asegura que la idea de juntarse en una asociación civil surgió por la necesidad después de que “nos pasó Cromañón”, primero buscando justicia para que los responsables pagaran, pero también trabajan en todo lo referente a la nocturnidad y buscando mejorar las condiciones para que los chicos salgan y no pasen momentos complicados y, sobre todo, no vuelva a pasar un Cromañón. Es una de las organizaciones que junto al secretario de DDHH de la Nación, Claudio Avruj que pidió y buscó la sanción de una ley de protección a los sobrevivientes y familiares de víctimas de diferentes delitos.

El acompañamiento post tragedia. “Es fundamental, no es importante, es fundamental. Cuando a uno le pasa una situación terrible donde la vida se te desarma por completo, todo el entorno, todo el contexto. Es como que cerrás los ojos y cuando los abrís tenés otra vida completamente diferente, distinta a la que tenías. Y eso, por lo general, te provoca una crisis interna muy fuerte. Muchas veces no sabes, porque obvio nadie está preparado para afrontar situaciones semejantes. No tenés idea para dónde salir. Es necesario ahí y en general sucede que estas cosas te pasan porque el Estado no estaba presente para evitarlo, con la prevención, con acciones que, de alguna manera, hubieran prevenido o impedido que la tragedia te alcanzara”, enfatiza Nilda. 

Cuando se enteraron de la noticia, Nilda y su marido “salieron volando” de regreso. Escuchaban la radio y cada vez el número de muertos subía de a decenas. Prendía la radio, la apagaba. Se aferraba a una tarjetita de San Expedito. Y rezaba, y lloraba, y pedía, y escuchaba otra vez la radio y otra vez la apagaba. On. Off.

Nilda fundamenta la importancia del rol del Estado y señala que cuando este no estuvo allí para evitar que eso tan terrible te pasara, el Estado no puede dejar de asumir la responsabilidad que tiene civil y penamente pero además tiene que estar para acompañar y sostener porque si no es muy difícil todo.

“TE DUELEN EN EL CUERPO”

“Y ahí lo familiares que ya hemos pasado situaciones semejantes estamos para abrazarlos, decirles que nos están solos, acompañarlos, en cada proceso que deseen hacer, los jurídicos y los de duelo también”, dice y se pregunta: “¿Qué es el duelo? Y la verdad que no hay una definición exacta; si hay muchos conceptos que son como abstracciones, cosas muy en el aire, muy teóricas y en el que la vivencia se manifiestan de una manera totalmente diferente y te duelen en el cuerpo”.
Cuando los padres de Mariano llegaron a Buenos Aires llegaron a Buenos Aires ya lo habían encontrado porque “en Buenos Aires estaban todos, somos muchísimos en la familia y todos salieron a buscarlo, la hermana, los primos, los amigos y los chicos de la escuela y del barrio. Mi hija entrando y saliendo de distintos hospitales”.
Es la hermana de Mariano quien vivió todo lo que pasó después, fue la que llegó primero y se encontró con el desastre. Con la tragedia. Con la desidia de una Estado. Fue ella quien corrió de un lado para el otro como en las escenas que se ven de esa noche, tan dolorosas.
El martes falleció otro papá de Cromañón, con el son 43 los padres que murieron tras la tragedia. “Eso también se tiene que contemplar desde el Estado. Es decir, cómo estar presentes para que una persona no quede absolutamente sola después de haber perdido a su hijo en una tragedia y a la esposa de tristeza, cómo hacemos entre todos para sostenerlo y evitar que la tristeza se lo lleve”, indica.
Relata que la calle Bartolomé Mitre de Once estaba tapizada de chicos, de cuerpos con y sin vida porque realmente no se podía saber quienes tenían oportunidades. En los hospitales, esa imagen se replicaba: los chicos tirados en los pasillos, los familiares que entraban y limpiaban los rostros manchados; todos estaban con el torso descubierto, todos oscuros, todos jóvenes, sin zapatillas, de pantalones cortos. “Teníamos que ver cuál era Mariano. Cuando llegue ya no hice nada de eso porque cuando llegue al Duran estaba la lista y estaba el nombre de Mariano. Al revés. El se llama “Mariano Alexis Benítez” y ahí decía “Alexis Mariano Benítez”. Y yo porfiaba en que nadie que mira un documento pone los nombres al revés”, recuerda.

¿CÓMO SEGUÍS?

Resiliencia es una palabra muy utilizada en los últimos tiempos. Quizás, por eso evito usarla, es como si los vocablos se gastaran y perdieran algo de brillo. Sin embargo, lo aceptaría si lo pienso en tanto sustantivo que denote el gesto de Nilda (si fuera posible) quitándose el dolor, tomándolo en las manos, mirándolo fijamente, quitándole la propiedad de hacerle más daño del hecho y moldeándolo acción. Porque eso fue lo que hizo cuando perdió a su hijo. 

¿Cómo seguís?. “Es una pregunta cuya respuesta tiene que ver con todos los días. Todos los días yo me pregunto y me respondo “un día más”. Cómo hago para seguir hoy sin Mariano, como saco las piernas de debajo de las sabanas, bajarlas de la cama, ponerme los zapatos, la ropa y salir a pelearla otro día. Es difícil hay que tener voluntad, porque en realidad todos esperamos el reencuentro con ese hijo que no pudimos despedir, con ese familiar al que amamos y no pudimos decirle “adiós”. Uno siempre está con esa idea y si se torna obsesiva, ahí es donde está en peligro. Te dejas morir, vas dejando que la tristeza te vaya invadiendo y te vaya cercando. Porque en definitiva no te importa mucho, porque crees que en ese pase te vas a encontrar con esa persona a la que amas, extrañas y necesitas”.

EN EL NOMBRE DE MARIANO

A pesar de ser profesora de Ciencias Contables Administrativas, de poseer una licenciatura en Administración y Gestión Educativa y un posgrado en Educación, Nilda se recibió de abogada. Terminó la carrera que Mariano no pudo. “Desde la Asociación buscamos “cómo llegar a esas personas para que la tristeza no se apodere y quitar estas ideas que uno tiene de quedarse en casa encerrado. Sino salir, en mi caso estudiar derecho, recibirme y dedicarme a causas que no tienen ni la visibilidad ni los recursos económicos para que esas causas avancen; ahí estamos patrocinando de manera gratuita. Y tratando de darle sentido a un titulo que tendría que haber sido de Mariano porque mi hijo estaba estudiando derecho y ahí me parece que voy viendo el sentido, de ayudar en nombre de Mariano y de todos los chicos de Cromañón, chicos que murieron injustamente, tempranamente, absurdamente y evitablemente en un país donde a veces se le pega mucho a los jóvenes”, asevera. 

Con la muerte de su hijo Nilda asume que “ahí es cuando uno se confronta y te aparece realmente la necesidad de cerrar los ojos para siempre o abrirlos y luchar. Después de enterrar a Mariano y a Gustavo, su amigo, porque los velamos juntos”.

“HAY QUE SACAR LOS PIES DE LA CAMA”

Desde su rol como asesora y desde “Familias por la vida”, se intenta que el Estado esté presente en los lugares donde debe estar y debe dar respuestas porque no hay otra forma de entenderlo. Es todo un cambio, algo que hay que construirlo, que alternar todas las bases y lleva tiempo pero es importante que exista la voluntad política de hacerlo y que se haya descubierto la necesidad de lograrlo.

“En esa idea de cambiar, buscar la forma, encontrar herramientas para ese trabajo encuentro el sentido a “sacar los pies de la cama”. Quiero un país mejor, una sociedad más comprometida, quiero que la gente sufra menos, si aun no podemos llegar a una prevención de todo, por lo menos estemos acompañando a la gente que lo sufrió. Si todavía no lo podemos evitar, que la gente tenga un derrotero menos complejo que el que tuvimos nosotros, que fue desastroso”, repite.

Dice que la idea de pensar un lugar para que las victimas tengan la posibilidad de encontrarse se construye de a poco; que el abrazo de una mamá que perdió a su hijo a otra mamá que está sufriendo la pérdida en este momento y aun no sabe lo que le pasa, es un abrazo sin palabras, es solamente abrazarla, contenerla, decirle que uno ya sabe todo lo que pasó y lo que pasa, y saber que se puede contar con uno y que uno está para eso.

JUNTAR LAS FUERZAS Y LOS PEDACITOS Y ARMARSE

Nilda asume que todo lo que se hace es poco, que tendrían que trabajar de alguna manera en la prevención: “Cuando te pasa recién vos te das cuenta que existe un mundo paralelo al que conocías, vos vas por la vida alegremente, comprometido con ciertas situaciones, comprometido socialmente, pero no te das cuenta que existe un submundo aparte de un montón de gente que sufre, que llora, que se reúne y junta las fuerzas y los pedacitos que le quedaron tirados en algún lugar cuando la vida te llevo por delante y te arrebató lo más importante. Y están tratando de armarse. Y en ese mundo que de golpe y de repente te hace cruzar esa vereda y estar del otro lado. Y ahí es donde hay muchísima gente que trabaja en la misma dirección pero de una manera anónima; me parece que es algo importante, el compromiso con un mundo y una sociedad mejor debe ser de todos”. 

Ese verano, Nilda estaba recostada en una reposera en el patio de su casa desde la que veía que los chicos corrían, iban y venían, pintaban banderas, armaban cosas junto con su marido; pronto la trafic que tenían se llenó de chicos y de pancartas y de banderas. Cuando ya tenían todo listo, le preguntaron ¿vos que vas a hacer, ¿te vas a quedar ahí o vas a venir a pedir justicia para que encierren a los responsables de la muerte de Mariano y los chicos?; y fue la decisión y a partir de ahí no paró nunca más. Sin embargo, todas las mañanas se tiene qué preguntar y decir por qué debe seguir: “me levanto todas las mañanas porque hay mucho por hacer y es necesario que se haga”. 

“Poder estar a la altura de quien lo necesita y poder ayudar a la gente y prepararnos en un sinnúmero de cosas. La elección que hicimos como grupo es la ayuda y la atención a la víctima, esa es la opción que hicimos. Con quien estamos es con la víctima, no con el victimario y eso es muy importante a la hora de armar algo. La opción es estar con el más vulnerable. Lo que importa es que es una víctima que está sufriendo porque el Estado no estuvo en su momento para evitar que eso tan grave que lo hace sufrir le pasara”, concluye. 

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