Formosa, Jueves, 23 de noviembre de 2017 - 20:Nov:40 -
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Aida Medina, vocación y servicio

12/11/2017 Dispuesta a dar una mano siempre y a quien la necesita, eligió el deporte desde muy chica como para no desentonar con su familia, para terminar de dejar un legado muy fuerte en sus hijos y nietos. Lo suyo fue el voley, que le dio un montón de satisfacciones, toda vez que después se volcó a la docencia como profesora en Educación Física y, más adelante, al Yoga, al tiempo que en la actualidad realiza diferentes tareas en favor de la comunidad.

Amor incondicional al deporte:

Nació en una familia numerosa y deportista. Sus primeros pasos fueron en el voley cuando tenía 13 años, para tiempo más tarde vestir la camiseta de Casa Paraguaya, a nivel federado, como de la selección formoseña. Disputó varios intercolegiales que le dejaron gratos recuerdos y ya más grande descubrió su vocación por la docencia, que le deparó otras satisfacciones.

Hay personas que cuando se las conoce, queda de lado la duda de saber si nacieron o se hicieron deportistas. Es el caso de Aida Medina, quien desde muy chica sintió un apego especial hacia la práctica de actividades deportivas porque en su familia todos siguen ese camino, incluso aún hoy lo hacen sus hijos.

Aida cuenta con seis hermanas y un hermano, a quien lo nombró porque “creo que todos los de su época lo recuerdan”, como dijo. Se llama Victoriano “Lito” Medina, quien fuera jugador de fútbol del Club Defensores de Formosa, Chaco For Ever y de la Selección Formoseña, además de haber sido muchas veces homenajeado por su carrera deportiva en la provincia.

Contó asimismo que “todas mis hermanas jugaron al voley intercolegial y federado”, como también “mi mamá, María Aurelia Canesín, conocida en el barrio San Luis Rey como una fanática del fútbol, hincha del Club Boca Juniors y del equipo que integraba su hijo, acompañó siempre a todos sus hijos en el deporte”.

En el caso de Aida, se inició en el deporte cuando tenía 13 años y como para no desentonar con lo que habían elegido sus hermanas, lo hizo concretamente en el voley.

“A los 14 años jugué a nivel federado en el equipo de Casa Paraguaya, junto a las hermanas Granada: Chela, Ercy, Elina y Zulema, Lupe Zamboni, Gloria Galindo, Chiquita Coronel, entre otras”, comentó con una memoria realmente envidiable.

Aquello se había dado en 1964, año en el que integró la selección de Formosa a nivel intercolegial, para representar a la provincia primero en el torneo Regional en Posadas (Misiones) y luego a nivel Nacional en Cosquín (Córdoba), donde obtuvimos el título de campeonas nacionales invictas.

En el año 1965, el Torneo Nacional Intercolegial se organizó en Formosa y la sede fueron las instalaciones del Club Patria, donde se hizo presente un marco imponente de público que acompañó y alentó durante toda la competencia, obteniendo nuevamente el título de campeonas nacionales invictas y, en su caso, integró el plantel como capitana.

“Ese año, cuatro jugadoras de Formosa integramos la Selección Argentina para participar del Sudamericano que se realizó en Paraguay”, recordó, para añadir que “en el año 1966 viajamos a la provincia de Catamarca con muchos deseos de obtener el tricampeonato para nuestra provincia” y otra vez como capitana del equipo.

Con un dejo de añoranza, contó que “hicimos más de 1.000 km en dos camionetas doble cabina de Vialidad Nacional; el viaje fue terrible, pero era tal el entusiasmo que teníamos que todo resultó al final placentero, con un final feliz y cientos de anécdotas: Obtuvimos el Campeonato Nacional invictas, sin perder un solo set. Y en esa oportunidad tuve la gran satisfacción que me eligieran mejor deportista nacional”.

Ya en 1967, cuando tuvo su último año en el colegio secundario, le tocó otro viaje. En este caso el destino fue Lincoln, en la provincia de Buenos Aires, para otra competencia. “Teníamos un muy buen equipo, pero una de nuestras jugadoras titulares durante el encuentro contra La Plata, uno de los equipos más fuertes, se fracturó el tobillo y anímicamente nos vinimos abajo. Perdimos el partido que nos hubiera llevado a la final”.

Más allá de esa situación, Aida se permitió destacar una anécdota muy emotiva y especial que vivieron en ese partido. “Una delegación de alumnos de 5to año de la Escuela Normal, en el que se encontraban mi primo Bocha Pereyra, Ismael González, Héctor Canteros, Eduardo Donkin, Soruco, Puppo, entre otros, acompañó al equipo en un colectivo para alentarnos. Cuando Yolanda Iza cae llorando al suelo con semejante fractura, todas nos pusimos muy mal, y ellos comenzaron a cantar a viva voz: ¡el Himno a Formosa! ‘La voz de amor se floreció en el árbol…’ No sé de dónde sacamos fuerzas, garra y llegamos al 5to set, lamentablemente perdimos el partido pero lo peleamos. ¡Qué hermoso fue escuchar nuestro Himno!”, rememoró.

Al igual que en los campeonatos anteriores, Aida Medina tuvo nuevamente la alegría desde lo personal por haber sido elegida mejor deportista nacional.

Paralelo a estos torneos intercolegiales, siempre integró la Selección de Formosa a nivel federado, con la cual ocupó durante muchos años el 3er puesto, después de Capital Federal y Santa Fe.

“En mi vida, el voleibol ocupó un lugar muy importante que me hizo feliz: me permitió conocer muchas provincias de mi país, ganarme amistades que hasta ahora perduran, me ayudó a definir mi vocación docente: Profesora en Educación Física, descubrí que no solamente me gustaba jugar sino enseñar”.

Remarcó además que esto también le sirvió para “definir mi personalidad, ejercer el liderazgo, elevar mi autoestima y lograr lo que me proponía. Y estas no son frases de libros, no; es la experiencia ganada, adquirida después de horas y horas de entrenamiento, de trabajo, con calor, con mucho frío, lloviznas, en canchas sin techos, algunas sin piso de baldosas. Hoy nuestra juventud tiene en la mayoría de sus escuelas primarias y secundarias, ¡canchas cubiertas!”.

Sostuvo al respecto que “tuve la suerte de estar bajo la conducción de un equipo de profesores responsables e idóneos que trabajaban con mucho entusiasmo en sus clases y en los torneos Intercolegiales”, para mencionar luego a “Betty Noren, Monona Donkin, Hugo Del Rosso, Hugo Musso, Gualberto Brunelli, Ramón Fraixedes, Lolita Echeverría, entre otros”.

Hizo saber asimismo que “guardo con mucho cariño y orgullo una medalla de oro con mis iniciales otorgada por Deportes Intercolegiales cuando finalicé el 5to año del secundario”.

Aida Medina de Sabaj

En el año 1968, el profesor Del Rosso le ofreció horas cátedras para trabajar en Pirané como Profesora en Educación Física en la Escuela Normal de Nivel Medio Batalla de Maipú. “Acepté y tuve una experiencia muy valiosa. Trabajamos muchísimo, pero las alumnas en sus tiempos libres y fines de semana vivían en la cancha. Yo no creo mucho en la suerte, creo en el trabajo. Lo cierto es que Pirané obtuvo el título de campeonas Provinciales Intercolegiales en pelota al cesto”.

Aquella fue la primera vez que un equipo del interior le ganaba a la capital. “Ganamos por un doble, pero ganamos! La capitana del equipo era Angélica (Negrita) García, hoy a cargo de la Secretaría de la Mujer”.

“Mi vocación ya estaba definida, al año siguiente viajé a Santa Fe para seguir la carrera de Profesora Nacional en Educación Física. Cursé la carrera sin problemas, allí tuve una nueva experiencia muy gratificante: Fui electa “Hechicera Chura”, autoridad máxima de una de las dos tribus que tenía el Instituto, con la finalidad de adquirir experiencia y aprender a programar, organizar, dirigir, arbitrar y competir en las distintas disciplinas deportivas que contiene la carrera”, añadió.

Entonces mencionó que “ganamos todos los inter tribus: voley, basquetbol, natación, pelota al cesto, atletismo, entre otros, en varones y mujeres. Integrantes de mi tribu, entre otros, fueron: Zulema Granada, Cristina Romea, René Tomás”.

“Si tuviera que dejar un mensaje a los jóvenes, les diría que no duden en emplear su tiempo libre practicando un deporte. Hoy tienen infraestructura, cómo y dónde. No sólo les ayudará en su desarrollo físico sino que les ayudará a prevenir hábitos perjudiciales. Los va a beneficiar para desarrollar su personalidad, estabilidad emocional, a cultivar buenas relaciones personales, a ser personas de bien. ¿Qué deporte elegir? El que más les guste, en el que tengan más habilidades deportivas. Yo prefiero los grupales, es decir en equipo. ¡Viva el deporte!”, señaló finalmente.

Su incursión en el yoga

Cuando cursaba el segundo año del Profesorado en Educación Física, Aida Medina trató de hacer cuanto curso de capacitación organizaba el Servicio Educativo Argentino. Entre ellos, participó de unas Jornadas de Yoga, clases a cargo de la profesora brasileña Inés Novaux. De allí en más, sus aspiraciones cambiaron un poco el rumbo.

“Comencé a investigar esta disciplina y a realizar muchísimos cursos en Buenos Aires, organizados por el SEA, con excelentes profesionales de la Argentina y del exterior. Contaba con muy buena bibliografía”, comentó.


Agregó que “en el año 83 conocí personalmente a la Primera Dama del Yoga, la rusa Indra Devi, conocida como Mataji, quien invitó a un curso intensivo exclusivamente destinado a Profesores en Educación Física. Yo asistí y allí me cautivó”.

Fue entonces que cursó el Instructorado de Hatha Yoga en Buenos Aires, en forma sistemática en su Fundación, obteniendo el título de Instructora otorgado por la Fundación y avalado por la Asociación de Profesores de Yoga de la Argentina. “Entre mis profesores formadores me enorgullece mencionar a Walter Gardini, profesor de la Escuela de Estudios Orientales de la Universidad de El Salvador; como así también a la Licenciada en Estudios Orientales y profesora en Filosofía y Yoga en la misma Universidad, Maite Bobadilla”.

Luego estudió un año más para que le acreditaran el título de profesora y así pueda desempeñarse con mayor idoneidad. Lo hizo con el profesor uruguayo Fernando Estevez Griego y un equipo de excelentes profesores.

“Para aprobar mi examen final tuve que presentar tres trabajos escritos de investigación que fueron aprobados en forma unánime. Aquí tuve otra gran satisfacción: Uno de mis trabajos fue seleccionado para ser editado en dos ejemplares, N° 7 y 8 en la revista Yoga Integral, de Buenos Aires”, remarcó con satisfacción.

“Uno de mis deseos mayores fue conocer la India, cuna del Yoga, y gracias a Dios tuve la posibilidad de concretar ese sueño. Experiencia válida no sólo para incursionar en esta disciplina sino para tener en cuenta en la vida cotidiana. Culturas totalmente distintas”, señaló.

Matrimonio

El deporte los unió

Al año siguiente de haberse recibido de Profesora en Educación Física, se casó también con un deportista conocido en el medio, Armando “Pito” Sabaj, jugador de básquet de varios clubes y de la Selección Formoseña, y que actualmente es activo dirigente de básquet que colabora en el club de sus amores: Sarmiento, sobre todo con las divisiones inferiores.

“Constituimos una hermosa familia de cuatro hijos deportistas. Yadiba se dedicó a la Odontología y a su familia, pero nos regaló cuatro hermosos nietos deportistas: María Luján no juega al voley sino que eligió el básquet, como los otros dos, y Juan Cruz, Aikido, una disciplina oriental que tiene muchas cosas en común con el Yoga”, comentó.

Sus tres hijos varones: Alejandro, José ‘Tunti’ y Marcos Sabaj, todos basquebolistas, alumnos de Milton Bustos (club), Ramón Fraixedes en el Colegio Nacional, e integrantes de la Selección de Formosa tanto a nivel colegial como federado.

“Heredaron de su padre la pasión por el básquet, y actualmente vuelcan sus experiencias hacia la sociedad que tanto les dio. Alejandro es actual presidente del Club Sarmiento, al igual que Marcos, activo miembro de la Comisión Directiva y continúa jugando en la Primera División del club. De ellos no hablo más porque tienen mucha tela para cortar”.

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