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Tiene 73 años y sigue trabajando como bicicletero; asegura que “la cultura del trabajo es la mejor herencia para dejar a los hijos”

17/12/2017 Sacrificio y superación son dos de las tantas palabras que podrían definir esta historia que compartimos esta semana. Los invitamos a leerla.

Años de trabajos de albañilería y herrería, bajo el inclemente sol formoseño y largos traslados a pie, dejaron marcas y dolores en el cuerpo del protagonista de nuestra Historia de Vida, pero también valiosas enseñanzas para la sociedad. Nuestro homenajeado de la fecha demuestra que la cultura del trabajo es la mejor herencia que un padre puede dejarle a sus hijos. 

Juan Carlos Domínguez nació el 16 de mayo de 1944 en Siete Palmas; tiene 73 años.

Sus padres fueron Lorenzo Domínguez y Concepción Pedroso.

Tiene 11 hermanos, varios de ellos viven en Formosa. Cursó sus estudios primarios en el campo, en la zona de Siete Palmas.

A los 16 años empezó a trabajar en albañilería, como aprendiz, para colaborar en el sustento familiar. De su lugar natal viajó a Buenos Aires y luego regresó a Formosa a continuar con el oficio que con los años le procuró su casa y la posibilidad de estudiar para sus hijos.

Está casado hace 40 años con Elba Ocampo, quien en la actualidad también tiene 73 años y es su fiel compañera en las buenas y en las no tanto.
Tiene dos hijos: Oscar Almirón, que es su hijo del corazón, y Carlos Darío Domínguez, fruto del amor con Elba. Ambos son el orgullo familiar.

Don Juan Carlos disfruta de la bendición de cinco nietos: cuatro son de Oscar y una hermosa niñita de 1 año, Aldana, hija de Carlos Darío. “Ella es la única que lo despega a papá del trabajo y lo lleva a pasear”, comentó su hijo entre risas, bromeando en parte con la dedicación al trabajo de su padre.

Entre sus trabajos en construcción realizó tareas en las obras de la Catedral de Formosa, en la ex–Casa El Pajarito y en una conocida empresa de transporte ubicada sobre la Vicente Posadas.

Sus conocimientos van desde herrería, pasando por albañilería, actividad con la cual Don Domínguez trabajó muchos años con el arquitecto Perfumo, así como con conocidas familias de Formosa, como la familia del Dr. Evans, a quienes tiene guardados entre sus mejores recuerdos. “Son gente muy buena, amable y honesta que me tocó conocer; hoy, muchos de esos niños que antes corrían en medio de los ladrillos y las mezclas de cemento son empresarios y profesionales destacados y eso me da orgullo”, dijo.

Durante sus años como albañil, Domínguez contó con un voluntarioso y fiel compañero, su hijo Oscar. Desde chico aprendió el oficio de la construcción y con el tiempo llegó a superar a su maestro, siendo más detallista incluso y siempre listo para ayudar.

► NOTA COMPLETA EN NUESTRA EDICIÓN IMPRESA DEL 18/12

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