Formosa, Domingo, 22 de abril de 2018 - 07:Apr:47 -
Hola Argentina

Un hombre que sueña con volver a Malvinas para señalar dónde fueron enterrados sus compañeros y así cerrar un ciclo de su vida

02/04/2018 Uno de los tantos formoseños que combatieron en Malvinas recordó los sucesos que les tocó vivir desde el 2 de abril de 1982. Formó parte de la primera compañía argentina que tocó las islas

El peor dolor que experimenta una persona es enterrar a un ser querido. Sin embargo, la acción se expresa de manera figurada. En la guerra, este acto de tristeza se magnifica, cuando compañeros y amigos son sepultados por ellos mismos sin ceremonias ni de la manera apropiada, sino en el estado en que hayan quedado y en el lugar en que estén. Los tiempos de la guerra quedaron marcados en la memoria de cada uno de los excombatientes de Malvinas.

El protagonista de Historias de Vida de esta semana es Abel del Cero Olmedo, quien nació el 30 de mayo de 1953 en Formosa. 

Su padre se llamaba Pedro Ramón Romero y su madre Alba Palacios de Olmedo. Tiene tres hermanos, uno de ellos falleció.

Está casado con Mirtha Noemí Salinas; fruto de esa unión nacieron sus hijos Sonia Elizabeth, Gastón Ezequiel y Abel Alesio.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela Nº 18 y los secundarios en la ciudad de Sarmiento, Chubut.

El pilar que lo mantiene en pie y “en sus cabales” es su familia. “Sin la contención de mi señora, mis hijos y mi fe, no sé qué hubiera sido de mí”, confesó este excombatiente de aquella injusta guerra que inició el 2 de abril de 1982.

Olmedo se enlistó en el Ejército como músico, su instrumento es la trompeta, estuvo en Catamarca, lugar donde conoció a su esposa. Luego fue al sur, con 27 años, bajo las órdenes del Teniente Coronel Mohamed Alí Seineldín. “Me sacó de la banda y me hizo integrar su compañía. Yo ascendí a Sargento en ese entonces, me llevaron a hacer un curso de 6 meses de comando, un curso rapidísimo, había sido que nos estaban preparando para lo que se venía, pero nosotros no sabíamos nada”, relató. 

Comentó que se enteró que iban a la guerra una vez que subieron al avión Hércules, a la 1,45 am desde Comodoro Rivadavia, ese histórico 2 de abril.
“Fuimos la primera compañía que llegó a las Islas Malvinas, luego llegó el grupo Alacrán de Gendarmería. Nosotros teníamos la orden de no matar a nadie, estábamos en la pista de Puerto Argentino, no había ni un lugar donde escondernos, nos movimos como pudimos los 163 que llegamos. Había chicos de 18 años hasta los que estábamos en cuadro, éramos más de 80 suboficiales y oficiales, el resto eran soldados”, detalló.

Recordó que a las 9 de la mañana del 2 de abril de 1982, se izó la Bandera Argentina en las Islas Malvinas, luego de que otro grupo pidiera la rendición de la gente que estaba en Casa de Gobierno. “Pero ahí no empezó la guerra”, advirtió.

Dijo que a los días siguientes comenzaron a llegar más compañías, de todas partes del país. “A nosotros nos hicieron recorrer todas las islas para instalar minas, desde abril hasta el 20 de mayo, ahí nos quedamos en Darwin hasta el 29; de ahí nos trasladamos a Howard y el 30 de mayo, a la noche, empezó el bombardeo de los ingleses, desde ahí no pararon. Atacaron de noche sin ningún aviso. Nosotros estábamos sin nada, nuestros barcos no tiraban a más de 800 metros, nuestros fusiles fal no alcanzaban más de 10 metros, no teníamos armamento ni nada”, relató.

Olmedo lamentó que de su compañía fueron 80 “cuadros” pero volvieron 30 solamente. “Lo peor de la guerra se daba a la noche. Nosotros no teníamos ni equipo para soportar el frío, sólo tres pares de medias a cada uno nos dieron y nuestra ropa que estaba mojada y llena de barro. En donde estábamos hacía 20 grados bajo cero, yo tuve principio de congelamiento en mis piernas y las secuelas que tengo hasta hoy en día producto del terrible frío son dolorosas. Los ingleses, en cambio, tenían de todo, desde equipos térmicos, guantes, comida, hasta todo tipo de armas”, señaló.

Pérdida

Contó que en Malvinas se conocieron con soldados y oficiales de todas las provincias del país. “Muchos nos hicimos amigos. Verlos morir y enterrar sus cuerpos o lo que quedaba de ellos fue lo más traumático de la guerra. Tenía un compañero misionero que unos días antes de morir me dejó una carta para que le entregue a su mamá, porque era sabido que iban a morir”, dijo.

Olmedo estableció un paralelo sobre la manera de actuar y la humanidad demostrada por argentinos e ingleses. Cuando un piloto inglés saltó en paracaídas y cayó al mar, los soldados argentinos que estaban en Darwin lo rescataron. “En cambio muchos de pilotos nuestros cayeron al mar y murieron congelados ante los ojos ingleses, pero nadie los rescató”, criticó.

“Fue una guerra tan injusta, tan desigual. Fuimos a la guerra sin saber. No teníamos ni equipos, ni armamento ni experiencia. Nuestro coraje, amor por nuestra Patria y ganas de vivir eran las armas que teníamos”, aseguró.

Rendición y rechazo

El 14 de junio terminó la guerra para ellos, contó, pero su compañía tuvo que quedarse para sacar todas las minas que instalaron al principio.
“Cuando nos rendimos tuvimos que entregar armamentos, todo lo que teníamos, nos subieron a un barco de los ingleses y los primeros dos días fue un maltrato total, no nos daban comida, nos sacan al frío y nos obligaban a hacer nuestras necesidades en un tarro. Nos empezaron a atender bien a partir de que llegó la Cruz Roja Internacional, que nos dieron cosas calientes, nos dejaban pasar al baño y en mi caso, pude darme la tercer ducha en cuatro meses. Fue el placer de hacerlo fue inmenso porque todo ese tiempo tuvimos las ropas húmedas ente ese inmenso frío”, recordó.

A 36 años del enfrentamiento en Malvinas, Olmedo confiesa que la clave de su supervivencia post guerra fue la contención de su esposa, de sus hijos y de sus amigos veteranos.

“Cuando llegamos a Argentina fuimos rechazados y dejados de lado por el Ejército. Como se perdió la guerra nos rechazaban nuestras propias camaradas, al Casino no podía entrar porque nos decían de todo. Nos expulsaron a los combatientes de Malvinas y hoy seguimos estando así. No tenemos reconocimiento ni del Gobierno nacional ni de mis compañeros en otras provincias, excepto en Corrientes, Neuquén, San Luis, Resistencia son las únicas en que nos hacen sentir bien, que reconocen lo que nos tocó pasar. Acá el Gobierno provincial también nos tuvo muy en cuenta y en mi caso tengo que agradecer mucho porque me dieron una vivienda hermosa donde vivir con mi familia. Eso es lo mejor que me dieron y lo que voy a agradecer toda la vida, en Formosa sí reconocen a los soldados de Malvinas”, aseguró.

Recuerdos

Cuando se acerca el 2 de abril, los recuerdos son incesantes y muchos de los que estuvieron en Malvinas caen en depresión. “En estas fechas las vivencias de la guerra vuelven, algunos se refugian en el alcohol y otras cosas, pero eso no es bueno, por eso en mi caso elijo no salir y me refugio en mi familia”, contó.

Confesó que anhela la posibilidad de retornar a las Islas Malvinas para señalar los lugares donde fueron enterrados muchos de sus compañeros, sólo así considera que podrá cerrar ese ciclo de su vida y cuando Dios decida, descansar en paz. “Yo sé dónde están enterrados mis compañeros, los que estuvimos ahí sabemos porque nosotros mismos los enterrábamos donde morían. Ojalá algún día vuelva a pisar las islas, consideró que será sanador”, concluyó el excombatiente.

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