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Ser mujer y estar en el Ejército: “Hay que desafiar las limitaciones que nosotras mismas nos ponemos”

04/06/2018 Se trata de la cabo I Débora Lubo, quien a base de sacrificio se ganó su lugar en el Ejército Argentino. Su especialidad es conducir vehículos de combate, incluso tanques de guerra. Su sueño es perfeccionarse y avanzar en su carrera

En los últimos años quedó atrás el papel silencioso que cumplían las mujeres en las instituciones del país. En ese camino hacia la igualdad, cada vez son más las mujeres que forman parte de las Fuerzas Armadas, forjadas en la disciplina, en el honor, la lealtad y el patriotismo. Esos valores, en los miembros del Ejército, van más allá de un código escrito en papel. Las mujeres soldado, oficiales, tenientes, entre otros cargos que desempeñan, asumen esos valores como parte de su vida y tratan de llevarlos a la rutina familiar.

En el caso de las Fuerzas Armadas son instituciones que requieren un alto grado de entrega y compromiso. Es por eso que la protagonista de Historias de Vida de esta semana es la cabo I del Regimiento de Monte 29 de Infantería, Débora Fernanda Lubo. Ella nació el 16 de marzo de 1984 en un pueblo llamado Villa Domínguez, que pertenece al departamento de Villaguay, Entre Ríos. 

Su padre se llama Oscar Luis Lubo y su madre Ramona Guadalupe Quiroga. Tiene dos hermanos: Gabriela, quien es enfermera profesional, y Fernando, que es instrumentista.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela Nº 11 “Isidoro Suárez” en Villa Domínguez y los secundarios en Villaguay. 

Está casada con Fernando Oscar Martínez Escobar, quien actualmente está destinado en la compañía Cazadores del RIMte 29. Tienen dos hijos: uno se llama Giuliano, de 12 años, y Oscar, de 5 años. 

Cuando transcurría los últimos años de la educación secundaria no tenía bien definido qué rumbo tomar. Sin embargo, en su último año recibió una oferta del Ejército, que, como es costumbre, invita a los jóvenes a formar parte como soldado voluntario, y eso le interesó de inmediato.

Así fue que en el año 2004 se incorporó como soldado voluntario en el Regimiento de Infantería Mecanizado 5, en Villaguay. 

Allí estuvo hasta el año 2009, cuando rindió como Suboficial del Ejército Argentino e ingresó a la Escuela de Suboficiales. “Yo era un soldado de Infantería, hacía todo lo que se debe hacer, ya sea guardias o cumplir con las exigencias físicas”, contó. Con el tiempo llegó a manejar tanques de guerra y adquirió conocimientos de vehículos de combate. Así fue que quiso avanzar en esa especialidad.

En la Escuela de Suboficiales rindió como conductora motorista y egresó en el 2010 como cabo del Ejército Argentino.

Una vez que se presentó a su unidad de origen, en el Regimiento de Infantería Mecanizado 5, en Entre Ríos, le salió un pase a Pigüé, Buenos Aires. Estuvo destinada allí durante seis años, en los cuales conoció a quien sería su esposo y formaría una hermosa familia. “Lo conocí en el año 2016 y luego nos casamos. Una vez que mi esposo realizó el curso para Cazadores, que se hace a nivel de Ejército, donde salió tercero, recibió como destino Formosa. Es por eso que nosotros llegamos a esta ciudad”, relató

Desafíos

Ser mujer y militar no es fácil. Sólo a fuerza de coraje, perseverancia y decisión pudo cumplir con todas la exigencias de la Infantería. “Es complicado, más allá de que el Ejército te trata sin distinción de género, porque las mujeres hacemos las mismas cosas que los hombres, hay que desafiar las limitaciones que nosotras mismas nos ponemos”, dijo.

Comentó que desde enero de este año se trasladó junto a su familia a Formosa y que en el Regimiento de Monte 29 encontró muy buenos compañeros. “Cuando uno es madre y militar se siente con limitaciones, por una cuestión propia de cuidar a los hijos. Pero más allá de eso, sin problemas pude superar todos las pruebas que el Ejército me impuso, tanto físicos como psicológicos”, expresó. 

Débora comentó que la vida militar es exigente y sacrificada, pero que “con ganas y voluntad se logran los objetivos y esto es igual para hombres o mujeres”

“La clave -aseguró- es que te guste lo que hacés. Muchos entran acá buscando un trabajo. A mí me pasó, al principio tenía esa visión pero a medida que me incorporé más al Ejército y fui pasando obstáculos y viendo cómo es esta honrosa institución, hoy en día es mi vocación. Si estoy de vacaciones extraño el Ejército porque esto es lo que me gusta hacer. Si yo no hubiera querido hacerlo no me hubiera alistado como suboficial, porque como soldado cumplís 28 años y te retirás. Si uno quiere hacer carrera y seguir en el Ejército tiene que estudiar, así como lo hice yo, y continuás. Estoy feliz y orgullosa de pertenecer al Ejército Argentino”, resaltó.

Con respecto a sus anhelos para el futuro, dijo que quisiera seguir perfeccionándose en su especialidad. “Lo mío es ser conductora motorista y quiero conocer vehículos nuevos. Acá en el Regimiento de Monte tengo la posibilidad de manejar colectivos, camiones y vehículos de combate saliendo a terreno donde se comparten diferentes instrucciones que en otros lugares quizás no tenía”, dijo

Un día en la vida de una mujer militar


La cabo I Débora Lubo se levanta temprano, a las 5.30 AM, prepara el desayuno para sus hijos y los despierta para ir a la escuela. Indefectiblemente cuenta con la asistencia de una niñera porque de otra manera sería imposible cumplir con los horarios. Lleva a sus hijos a la casa de la niñera y es ella quien los deja en la escuela en el horario establecido. 

Al mediodía la niñera los retira, mientras Débora sigue trabajando porque su horario es de 7 a 14 horas. En el Ejército se encarga de manejar vehículos pesados y cumplir con las funciones militares de su área. Cuando sale va a su casa, prepara el almuerzo, limpia la casa, lava los platos y realiza todas las tareas domésticas. A la tarde continúa junto a sus hijos, hacen la tarea juntos, cenan temprano y cuando llega la noche duermen para empezar una nueva jornada.

Los días en que entra de guardia o servicio, ya sea por 24 o 48 horas, sus hijos la extrañan, pero es su esposo quien se ocupa de estar con ellos. Así el matrimonio se turna para cumplir con sus deberes en el Ejército y como padres.

“Sin problema puedo cumplir todo. Por eso, si te gusta tu trabajo uno busca la manera para que funcione. Estoy muy feliz y contenta de tenerlo a mi esposo como compañero, porque nadie mejor que él me entiende y sabe el sacrificio que hago para trabajar y sobrellevar la casa, porque es complicado tener una familia y trabajar en el Ejército pero si uno le pone empeño se puede”, aseguró.

Una mamá atípica

Débora contó que también para sus dos hijos la vida es atípica, teniendo una mamá en el Ejército. 

“Ya me pasó varias veces que en las reuniones de padres voy vestida de militar y todos los chicos vienen corriendo, me rodean y me saludan. ‘Mirá la mamá de él es militar’, comentan. Para mis hijos es un orgullo que pase eso y para mí es muy lindo también”, comentó y agregó que sus niños atesoran los pequeños momentos en los que pueden visitar el cuartel; “para ellos es un mundo fascinante”, dijo.

Orgullo familiar

Sin duda, Débora eligió un estilo de vida poco común. Los padres generalmente esperan que sus hijos continúen las carreras tradicionales. Más aún cuando se trata de hijas es casi impensado el camino de la milicia. Es por eso que los logros de esta mujer generan orgullo en la familia Lubo.
“Mi papá es policía retirado y mi mamá es ama de casa. Ambos están muy orgullosos de mí, se emocionan cada vez que me ven y me dicen: ‘Sos una luchadora, Débora. No cualquiera hace lo que vos hacés’”, contó. 

“Para mí está la presión de tener a la familia lejos, muchas veces me pierdo el cumpleaños de mis seres queridos, pero ellos saben que uno está más allá de la distancia”, explicó. 

Por último, resaltó: “Yo elegí esta vida, es mi trabajo, lo respeto y lo cuido. Siempre aprovecho si tengo días disponibles para visitarlos o que me visiten. Ellos son entrerrianos y cuando nos salió el traslado vinieron a Formosa y les encantó. Así que eso ayuda”, concluyó. 

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