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María Rosa Lojo: “No sé si yo ‘decidí’ ser escritora, o si ‘contraje’ la literatura”

10/06/2018 La autora e investigadora del CONICET propuso que el 13 de junio sea rebautizado “Día del Escribir”, para conmemorar “la actividad creativa que ejercen todos los géneros de la especie humana”

ESPECIAL ESCRITORES

En un diálogo exclusivo con Cronopio, María Rosa Lojo, doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), escritora e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), se refirió a la labor de escribir, a las dificultades que existen para publicar obras en formatos impresos y al estado actual de la literatura argentina.

“No sé si yo ‘decidí’ ser escritora, o si ‘contraje’ la literatura, como una pasión de la que ya no me pude desprender. De nena, me parecía que los adultos de la familia se divertían mucho y hacían algo muy importante cuando leían y escribían. Seguramente mi fascinación por esas actividades motivó a mi abuela Julia para enseñármelas antes de ir a la escuela. Uno de los mejores recuerdos de mi vida es el de una mañana de Reyes, cuando encontré en el patio la mesa y la sillita que me permitirían convertirme en una escritora ‘de verdad’, y que había pedido fervorosamente”, explicó Lojo a este Suplemento.

A continuación, al ser consultada sobre si el “Día del Escritor” debería denominarse de otra manera, para tener la cuenta la perspectiva de Género, Lojo opinó: “Eso tiene que ver con la estructura de nuestra lengua, en la que los sustantivos suelen tener desinencias de género pero el masculino vale por los dos cuando nos estamos refiriendo a una categoría general; en inglés no nos plantearíamos el problema. Claro que, aun de manera involuntaria, esto ayuda, en un contexto de cultura patriarcal, a olvidar que también las mujeres desempeñan este rol. Puede resultar demasiado largo y poco práctico enunciarlo como ‘Día del Escritor y de la Escritora’, o viceversa; quizá, para ser más justos, podríamos pensar en un ‘Día del Escribir’: la actividad creativa que ejercen todos los géneros de la especie humana”.

De manera reciente, la escritora Claudia Piñeiro dijo que quienes escriben son “trabajadores de la palabra”. Sobre esta frase, y sobre las alternativas que se requieren para que aquellas personas que se dedican a escribir puedan ser calificadas de esa manera, la autora aseguró: “La literatura es, en efecto, un trabajo. ¡Y de aquellos! Cuesta un gran esfuerzo y dedicación, en el aprendizaje y en el ejercicio; se le consagran muchas horas de nuestras vidas. Otra cuestión muy distinta es si se trata de, o si puede llegar a convertirse en, un trabajo remunerado”.

“Cualquier escritor/a conoce la experiencia de haber golpeado puertas de editoriales con resultado negativo. El primer ‘trabajo’ del escritor novel después de terminar un libro, es encontrar quien se lo publique. Tarea complicada en un mundo donde cada vez hay más libros, y es más fácil fabricarlos materialmente, pero los lectores no aumentan en la misma proporción. La verdad es que nadie le está pidiendo su obra a un escritor principiante. Es engendrada como un acto libre y, en ese sentido, gratuito, fruto de la pasión y la vocación. La inmensa mayoría de los escritores que se inician, si es que no ganan un premio, terminan pagando ellos mismos su edición”, agregó.

“Si se supera esa etapa, y se llega a tener un cierto público lector, es posible también contar con una o varias editoriales que deseen imprimir las obras y ofrecerlas. Lo usual es que el autor reciba un porcentaje del precio de venta al público: no más del 10% en las ediciones de tamaño normal y alrededor del 5 o 6% en las de bolsillo. Imagínense la cantidad que habría que vender para poder vivir solo de derechos. Otra vez tenemos aquí una enorme mayoría de escritores/as que no lo consiguen. Y solo algunos, muy pocos, de mayor impacto comercial, pueden reunir buenos ingresos y negociar mejores regalías”, apuntó.

También, Lojo indicó que existe aun otra posibilidad: los “subsidios a la creación” que ciertos estados, como la Ciudad de Buenos Aires, o algunos otros provinciales, otorgan a los escritores en forma de premio a la excelencia.

“En cualquiera de los casos, la literatura dista de ser algo muy redituable para sus creadores, salvo contadas excepciones. Vivimos en un mundo capitalista y dentro de él un libro, en su costado de objeto, es un producto con un precio. Las editoriales publican lo que pueden, o creen que pueden, vender. Y dentro de esto le pagarán algo más al que vende más. La remuneración existe en la medida de las ventas. Y por más que trabajen muchísimo, o tengan alta calidad estética, no todos se convertirán en escritores vendidos o vendibles. Por eso se suele acudir a otras actividades que completan los ingresos”, remarcó.

En lo concerniente al estado actual de la literatura argentina, la investigadora detalló: “Hoy conviven en un panorama muy rico varias generaciones y una gran diversidad de líneas: desde el policial urbano (Olguín y otros) a lo que podríamos considerar como un ‘realismo extrañado’ donde el mundo se des/re configura (Schweblin), o se tiñe de oscuridad gótica (Enríquez); desde neo-gauchescas (Fariña, Cabezón Cámara), al ‘realismo/costumbrismo crítico’ (Piñeiro, Sacheri, Ronsino, en distintas inflexiones); siguen publicándose narrativas de la ‘historia’ y de la ‘memoria’. Además, se escriben muy buena poesía y microficción”.

“Por otro lado, estoy convencida, por mi propia y frecuente experiencia como escritora invitada en universidades y en bibliotecas de nuestro país, de que talleres, grupos de lectura y estudiosos de las letras existen en toda la Argentina. Quizá no son tan masivos y no llegan a satisfacer las expectativas del mercado editorial, pero destacan por su intensidad, concentración, calidad y pasión por la literatura”.

En otro orden, la escritora, quien participó del XIX Congreso Nacional de Literatura Argentina, realizado el año pasado en la Universidad Nacional de Formosa, expresó que el encuentro fue “una magnífica puesta en común de líneas de trabajo, producciones recientes y proyectos, con colegas de todo el país”, y añadió: “Me conmovió la gran afluencia de jóvenes realmente entusiastas que llenaban las aulas. Todas las mesas tenían público, se armaban debates, se hacían preguntas. Fue en ese sentido una verdadera fiesta y creo que la gran novedad del evento”.

“En cuanto a autores locales, soy lectora, y amiga, de Orlando Van Bredam, cuya excelente narrativa aprecio mucho. Me hubiera gustado tener mayor intercambio con escritores de la provincia, pero la cantidad de actividades y demandas me desbordó”, acotó.

PREMIO

El año pasado, Lojo obtuvo el Premio Internacional de Poesía Antonio Viccaro, de Quebec, por su texto “Esperan la mañana verde”, publicado en francés en traducción de Bernardo Schiavetta y Cristina Madero. “Es un premio que se otorga en cada nueva edición del Festival Internacional de la Poesía de Trois Rivières (Canadá), a poetas de diferentes regiones del mundo que hayan sido traducidos al francés. En 2017 la región fue América del Sur, y me tocó a mí, y en particular a la edición bilingüe de mi libro Esperan la mañana verde/En attendant le matin vert (2015)”, aclaró.

“Es una hermosa manera de promover y dar a conocer a un poeta extranjero en el mundo francófono desde ese verdadero baluarte de la francofonía que es el Canadá francés. El Festival es el segundo más importante del mundo después de Medellín y llegan poetas invitados desde todas partes. En cuanto al libro, son textos calificables como ‘poemas en prosa’ (o microficciones líricas)”, comentó.

Su último libro


María Rosa Lojo describió a su último libro, “El libro de las Siniguales y del único Sinigual” como “un álbum ilustrado para adultos”. El texto fue publicado originalmente en gallego y en Galicia por la editorial Galaxia, y en la Argentina (2016) por Mar Maior, que es un sello de Galaxia en lengua castellana. 

“Es un libro de arte, con fotografías de Leonor Beuter (quien además es mi hija), cuyos textos (míos) e imágenes (de Leonor) muestran una especie singular. Tan singular que no puede ser clasificada en ningún mundo o registro conocido de seres: las Siniguales, criaturas mínimas, ni hadas ni brujas ni insectos aunque participen un poco de las tres categorías. Tampoco son humanas, por más que amen la compañía distante de hombres, mujeres y niños, y puedan vivir durante generaciones, ocultas en las casas sin que lo adviertan sus dueños. Su mayor poder es la capacidad de regeneración y supervivencia. Su gran milagro consiste ‘sólo en ser, con tanta sutileza’”, expuso. 

“Hay algo de utópico en la concepción de esta especie, por su toma comunitaria de decisiones, por la relación entre los géneros que no pasa por la necesidad reproductiva ni por la asimetría de poder. Tanto las mayoritarias Siniguales como el único Sinigual, son formas válidas en sí mismas de vida y de belleza”, especificó.

Para finalizar, Lojo comentó: “Estoy escribiendo una novela para jóvenes sobre dos hermanas huérfanas que llegan de Galicia en la etapa de la posguerra civil (para Santillana), y también otro libro de cuentos sobre historias de personajes enterrados en el cementerio de la Recoleta (para Alfaguara). Estará solo a mi cargo, y no es exactamente una continuación de Historias ocultas en la Recoleta (2000) que hice con la coautoría de Roberto Elissalde en la investigación histórica. Pero transita por ese mismo ámbito”.


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