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Por qué me volví feminista

14/06/2018 Una columna de opinión de Florencia Freijo, Periodista y licenciada en Comunicación Social

Yo era de esas personas a las que el feminismo le caía mal de entrada. Confieso que los preconceptos del inconsciente colectivo calaron profundo en mí. Durante mucho tiempo caí en la falacia de pensar que significaba “machismo al revés” y tenía un concepto negativo de las mujeres “combativas, poco femeninas y escandalosas”. 

Un día recibí un regalo: Cómo educar en el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie, una nigeriana de pluma exquisita: simple, concreta y precisa. El libro, de apenas 90 páginas, es una carta de la escritora a su amiga de la infancia con 14 consejos para criar a su hija. Leerlo fue movilizador, entendí que ahí está el futuro, y aprendí que en verdad, el feminismo en esencia lo que busca es la igualdad entre la mujer y el hombre. Parece una obviedad, pero no lo es. 

Cuando descubrí esto, tuve que tomar una decisión: adentrarme o seguir mirando para el costado. Reconocer que vivimos en un mundo machista y hacer algo para cambiarlo no es fácil y, de hecho, bastante incómodo. Pero ahí está mi lucha. 

Comencé a cuestionarme el porqué de las cosas, de lo instituido, el status quo, las injusticias naturalizadas, como por ejemplo que siempre haya un número menor de mujeres en los puestos de poder en empresas, cargos políticos, dirigencias sindicales, etc. Este es el famoso techo de cristal: la limitación implícita del ascenso laboral de las mujeres en el interior de las organizaciones. 

Y empecé a googlear acoso sexual, laboral y callejero; maltratos, cosificación de la mujer, feminización de la pobreza, abuso sexual, femicidios. La puja contra todo esto -que deja al descubierto la opresión, dominación y explotación de las mujeres- la viene haciendo el movimiento feminista desde finales de siglo XVIII. Imagínense cuán lento es el proceso y cómo cuesta mover los cimientos de la desigualdad. 

También empecé a sacarme la venda de los ojos, a darme cuenta de que yo había sufrido muchas violencias -algunas casi imperceptibles, otras tan dolorosas que son un nítido recuerdo- y que simplemente no las comentaba porque aunque me angustiaban, lo sentía personal y no colectivo. El feminismo vino a enseñarme que no hay que callarse más porque la violencia es estructural, histórica y constante.
 
Es realmente importante aclarar que el feminismo no odia al varón, pero sí lucha contra el patriarcado, que es el predominio del varón en un grupo social. Paremos acá, revisemos nuestra vida cotidiana, ¿cómo es que naturalizamos tanto que los hombres tengan una posición de privilegio? En este despertar, las tensiones son inevitables. Nadie quiere ceder su pedacito de poder y mucho menos cuando hay una estructura política, económica y cultural a nivel mundial que lo avala. 

Vivimos en una cultura machista, que modela a las sociedades a través de estereotipos y condena a quienes quieran salirse de ellos; que estigmatiza e invisibiliza a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero, travestis; y que también afecta a los hombres al exigirles cumplir ciertos estándares de "macho" porque sino sos “puto”, ¿les suena?

Y por supuesto, una cultura misógina que llega a su expresión máxima con los femicidios, transfemicidios y travesticidios. Este fue el punto de inflexión para la nueva ola del feminismo, que vivimos por estos días: el crecimiento alarmante de femicidios que hizo que nos organizáramos y saliéramos a las calles a reclamar el 3 de junio de 2015. 

Desde ese momento, las movilizaciones masivas a nivel nacional como Ni Una Menos, 8M y el Encuentro Nacional de Mujeres adquirieron una fuerza mayor capaz de cuestionar leyes y meterse en la agenda política y de los medios de comunicación.

El pedido desesperado comenzó con un “¡Basta de matarnos!”, pero con el correr del tiempo los reclamos se fueron ampliando, hasta llegar al actual debate por la legalización del aborto, por ejemplo. 

El feminismo es un movimiento muy amplio y heterogéneo, donde se conjuga lo político, cultural, económico y social y es lógico que haya diferentes formas de pensar y de expresarse respecto a determinados temas. Por lo tanto, creo que estamos en una instancia en la que debemos informarnos, estar dispuestos a tolerarnos e involucrarnos para poder fortalecer las bases de la lucha feminista.

Lo que está ocurriendo es histórico, se está gestando un cambio de paradigma. No nacimos feministas, pero hoy tenemos la posibilidad de elegir de qué lado estar. Si podemos al menos preguntarnos, ya estamos dando un paso adelante. Queda mucho por hacer y quizás sean las próximas generaciones las que vean los frutos, pero la revolución se está dando y yo quiero ser parte.  

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