Formosa, Miercoles, 26 de septiembre de 2018 - 06:Sep:42 - loading
Hola ArgentinaGrupo Betania

Sin comida ni refugio, un niño de 4 años sobrevivió 11 días perdido en el monte

26/06/2018 Ocurrió en Gran Guardia en el año 1956. En contra de todos los pronósticos, Luis Cocherez soportó lluvias, frío, hambre, miedo y una angustiante soledad. Una historia de tristeza y milagro

No se requieren más que dos elementos para que se produzca un milagro: el poder de Dios y la fe de un ser humano. Cuando la fe de un humilde creyente se combina con el poder de Dios, es de esperar que acontezca lo imposible. Historias de Vida de esta semana cuenta la historia de Don Luis Cocherez, un baqueano del campo que con menos de 4 años de edad sobrevivió durante 11 días estando perdido en el monte. 

Su nombre completo es Luis Osvaldo Cocherez, nació el 15 de marzo de 1952, en Gran Guardia. Tiene tres hermanos y cuatro hermanas. Su padre se llamaba Angelino Cocherez y su madre, Enriqueta Chaparro de Cocherez. 

Está casado con Blanca Fuentes, su compañera de “fierro”, y fruto de esa unión nacieron sus dos hijos: Irma Silvina y José Luis. También tiene tres nietos: Adriano Isaac, Daniel Octavo y Delmira Anahí. “Son mis locura, muchas veces la miro a mi nieta y siendo que tiene la misma edad que yo tenía cuando me perdí, me replanteo cómo sobreviví. Por eso pienso siempre qué angustia habrán pasado mis padres, porque si pasa algo así con mis hijos o con mis nietos, me volvería loco, no lo podría soportar”, expresó.

Sucesos

Don Luis era el primero de los hermanos varones del matrimonio Cocherez, que anteriormente tuvo tres niñas. Transcurría el año 1956 cuando una desgracia afectó no sólo a esa familia sino a todo el pueblo.

Los Cocherez vivían en el campo, en una pequeña casa. Don Luis estaba próximo a cumplir cuatro años y, como era el más pequeño, siempre acompañaba a sus padres en las actividades. “Mi papá estaba trabajando cerca de la casa, junto a mi mamá estaban perforando, entonces me llevaron con ellos. Como a la tarde iban a continuar con esa tarea, mi papá me dijo que vuelva para la casa, que estaba más o menos a 2 kilómetros”, relató. 

Con tres años, el pequeño Luis, primer hijo varón de la familia, emprendió el regreso hacia su casa. Cuando llegó la noche y con ella la oscuridad, el matrimonio Cocherez regresó a la vivienda familiar donde tanto ellos como las hijas mayores hicieron la misma pregunta: ¿Dónde está Luisito? Fueron a la casa de un vecino y no tenían noticias del niño. Luego buscaron en los alrededores, y nada. Pasó toda la noche y el pequeño Luisito no aparecía. Los padres no tenían consuelo y poco a poco comenzaba a correr la voz de la desgracia que entristecía a la familia Cocherez.

“Me largaron solo y me pedí. Agarré un camino de los animales porque cuando pasó eso era ‘seca’ y los animales que iban a la aguada dejaban mucho camino. Entonces me extravié”, recordó.

“Esa noche que me perdí pasé un estero enorme que estaba seco, sin agua, crucé todo el totoral. Nadie creía que yo podía haber pasado eso y como no me buscaron pronto, fueron pasando los días y cada vez me alejaba más. Recién a los 11 días con sus noches me encontraron”, siguió Don Luis.
Al conocer una historia de estas características, uno se pregunta: ¿Qué comió? ¿Dónde durmió? ¿Cómo se refugiaba del frío y de la lluvia? ¿Cómo se protegía del peligro de las alimañas y animales salvajes? Don Cocherez lo explicó.

“Comía la fruta de tuna y todas las que podía encontrar o lo que me parecía comestible. Tenía casi cuatro años pero éramos pobres y mi papá pudo enseñarme qué frutas servían para comer. Con el hambre que tenía, comía lo que encontraba y me parecía que estaba bien”, relató.

“Cumplí cuatro años de edad en el monte porque me perdí el 13 de marzo y el 15 era mi cumpleaños. Me acuerdo que mi padrino se fue a llevarme el regalo unos días antes porque no iba a estar para mi cumpleaños, me regaló una bombacha de campo, en color marrón, me acuerdo bien, y una camperita del mismo color. Con esa ropa yo me perdí. Cuando uno es chico y tiene algo nuevo, quiere usarlo todo el tiempo”, explicó.

Al día siguiente de su cumpleaños, siendo el tercer día desde que se perdió, se desató una lluvia con tormenta de más de 200 milímetros. “Por eso nadie podía creer que me podían encontrar vivo. Yo me refugié en los árboles y entre los palos”, contó.

Noches tristes y un encuentro inesperado

“Cuando llegaba la noche, dormía entre los palos y los pastos, buscaba un lugar cuando me agarraba la oscuridad, lloraba hasta que me cansaba y me dormía”, recordó. 

Explicó que si bien era chico, “conocía más o menos el peligro, conocía el monte, mi papá, como era el primer hijo varón, me llevaba donde iba así que había aprendido algunas cosas”. 

“Siempre veía pasar el tren, porque llegué a la zona de las vías, pero no podía orientarme para encontrar la zona donde tenía que irme. Inclusive una vez crucé la vía y al otro día fue que me encontraron”, relató. 

Los cuadrilleros del ferroviario fueron sus rescatistas. Todo el mundo sabía de la búsqueda de un niño perdido en el monte. “Me acuerdo como si fuera ayer, ese día estaba sentado contra un árbol y me llegó un perro, comenzó a ladrarme y yo me asusté y me puse a llorar. Había sido que era de uno de los cazadores que apareció unos minutos después. Cuando me vio, me alzó y me abrazó”, contó. 

Luego de 11 días de soledad, de hambre, de frío y de miedo, este niño de cuatro años volvía a sentir la protección y el contacto con otro ser humano.

Reencuentro

Inmediatamente el cazador gritó a sus compañeros e incluso disparó al aire para que vivieran lo más pronto posible. Viendo el estado de desnutrición que tenía el niño, lo subieron a una “zorra de rieles” y a pulmón lo llevaron por la vía del tren hasta Pirané, donde estaba el hospital. 

Don Luis cuenta que antes de ser trasladado por los cazadores, cuando iban hacia las vías, pasó el tren. Lo que no se imaginaba era que dentro iba su padre, que viajaba a un pueblo cercano para entrevistarse con un vidente, porque había agotado todos los recursos posibles para encontrar a su amado hijo.

“El vidente le dijo a papá que no pierda la esperanza porque su hijo estaba bien y que lo iba a ver muy pronto. A la noche regresó con mi mamá y no pasaron muchos minutos hasta que llegó el finado Montenegro, que era el jefe de la Estación de Ferrocarril de Gran Guardia, y le contó que me encontraron y que estaba internado en el Hospital de Pirané”, contó.

“La primera noche que estaba internado, tenía al lado mío a un médico que me dijo que mire hacia la puerta y que le cuente si conocía a alguien. Yo le dije: ‘Sí, ese es mi papá’”, resumió. 

Al finado Don Angelino Cocherez, padre de Luis, lo tuvieron que atajar entre dos para que no entrara a la habitación donde estaba su hijo antes de que el médico autorice. Cuando lo dejaron pasar, corrió hacia la cama donde estaba su niño y ambos se fundieron en un abrazo interminable e intercambiaron lágrimas de alegría, consuelo, esperanza y dolor por todo lo sucedido.

Fue un milagro, nadie se anima a calificar de otra manera lo que sucedió con Luis Cocherez, el niño que cumplió 4 años en el monte y que estuvo perdido durante 11 días. Lo encontraron a 10 kilómetros de donde lo estaban buscando.

Será por esas casi dos semanas de angustia por su hijo desaparecido o quizás tan sólo era lo que Dios estableció de antemano, pero cuando Don Luis cumplió 9 años, su papá, Don Angelino, falleció de un cáncer de estómago fulminante. Su madre, en cambio, vivió hasta hace dos años atrás, y partió con 80 años. Transcurrió sus días rodeada del afecto de sus hijos y nietos, pero sobre todo de la compañía y protección de Don Cocherez.


Comentarios

MAS NOTICIAS
“Mini” Bogarín, con iniciativa y voluntad, supo lograr equilibrio entre el estudio, el trabajo y la vida familiar
Historias de vida
Tras 34 años de trabajo ininterrumpido dentro de La Mañana, esta calificada tipeadora y armadora relata cómo se trabajaba en los inicios de este diario, sin computadoras ni Internet
“No es poca cosa decir que trabajo en La Mañana”: el orgullo de estar 37 años trabajando en una empresa
Historias de vida
Justo Adorno y sus compañeros de sección son piezas clave en el proceso de impresión de este diario. Desde hace casi cuatro décadas trabaja en Fotomecánica y fue testigo de la evolución tecnológica de la Editorial
Una mujer que fue más allá de su trabajo en el buffet y se transformó en una figura maternal para muchos
Historias de vida
Durante 33 años administró un lugar, dentro de La Mañana, que es imprescindible para desconectar unos minutos del trajín de la actividad en la redacción. Supo crear en el buffet el ambiente ideal para sentirse “como en casa”