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En el mes de su 54º aniversario de sacerdocio, el padre José Ceschi se recupera de un ACV con la alegría y la fe intactas

02/07/2018 No puede hablar y se traslada en silla de ruedas, pero sigue siendo ejemplo de obediencia a Dios y alegría franciscana

“Hace un año, estando en Santiago del Estero, el padre Ceschi sufría un ACV... Estuvo al borde de la muerte, pero gracias al rápido accionar de las personas que estaban con él y del médico, pudo ser atendido en forma inmediata, e internado en Terapia Intensiva del Instituto de Cardiología. Ese percance de salud también le afectó el funcionamiento de su corazón (tenía marcapasos). A la semana siguiente fue trasladado por avión sanitario a la ciudad de Rosario para continuar con sus cuidados y atención permanente. Tuvo complicaciones, pero Dios ha permitido su recuperación en forma lenta y gradual, primero en centros de salud y luego en la Casa de Las Siervas de Jesús, ciudad de Rosario, que depende de la guardianía de San Carlos. Allí se encuentra actualmente, feliz y muy bien cuidado, recibiendo visitas de familiares y amigos que nos van comentando sus pequeños avances. Usa silla de ruedas porque sus extremidades derechas no responden correctamente, pero va progresando de a poco. No puede hablar como antes, dice palabras sueltas y a veces alguna frase corta, pero sigue siendo ejemplo de Obediencia a Dios y Alegría Franciscana”, así comunicaba su sobrina Analía Núñez Ceschi, en su cuenta de Facebook.

Historias de Vida de esta semana cuenta sobre la vida y obra del padre José Ramón Ceschi, hijo de Emilio y Elena, ambos agricultores y muy católicos.
 
Nació el 9 de enero de 1941 en La Penca, provincia de Santa Fe, tiene 77 años. Es uno de doce hermanos, de los cuales siete son mujeres y cinco varones; dos fallecieron a temprana edad y una hermana menor partió en enero del año pasado. Si bien el sacerdote no puede hablar por las secuelas que le dejara el accidente cardiovascular que sufrió el año pasado, su sobrina Analía aportó la información necesaria para elaborar esta nota.

En uno de los tantos videos grabados por el padre Ceschi, habló sobre su vocación con agradecimiento. “Señor, tú me llamaste para ser instrumento de tu gracia, para anunciar las buenas nuevas y para sanar las almas. Dios me dio un don y un gran regalo a llamarme a la orden franciscana y al sacerdocio”, expresaba y así fue.

“Mis padres ‘contrajeron matrimonio’, no ‘cometieron el matrimonio’ y así la familia se formalizó con doce hijos de los cuales siete son mujeres y cinco varones, dos fallecidos a temprana edad”, comentaba.

Consagración

A los 23 años, un 18 julio de 1964, José Ramón Ceschi se ordenó sacerdote de la Orden Franciscana, en una ceremonia que tuvo lugar en la ciudad de Rosario y a la que asistieron sus padres y hermanos. Si bien la emoción embargaba a todos por igual, la integración de un sacerdote a la familia no resultaba extraña, ya que dos de sus hermanas y tres tías habían elegido los hábitos religiosos como corolario de una decisión vocacional.

Realizó parte de sus estudios primarios y secundarios en el colegio de San Lorenzo y a los 16 años hizo el noviciado, a los 21 la profesión perpetua y a los 23, en 1964, fue ordenado sacerdote en Rosario. 

En el Convento de San Lorenzo realizó sus tres años de Filosofía y los cuatro de Teología. En una entrevista a diario Norte en 2013, contaba: “Mi sueño estaba en marcha, me esperaba un mundo de cambios, pleno Concilio Vaticano II, la crisis de los misiles en Cuba, el asesinato de Kennedy y una Argentina ya marcada por los desencuentros sociales y económicos”. 

Luego, enseñó dos años Teología en el seminario de San Lorenzo, estuvo cinco años en Roma para realizar el doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Antonium, además de estudiar idiomas en Francia e Inglaterra. Desde allá comenzó a ser corresponsal de diarios rosarinos y revistas.

Una vez en Argentina, estuvo cinco años en Buenos Aires, de los cuales tres años transcurrió en una pequeña comunidad de Belgrano. Enseñaba entonces Teología en la Universidad del Salvador y en la Facultad de Medicina.

Luego fue a Rosario, donde dio clases de Teología en la Facultad de Ingeniería y después de un tiempo fue a Corrientes y allí permaneció nueve años. Allí empezó a escribir para los diarios locales.

Su apostolado tuvo entonces una inclinación hacia lo literario. Sin embargo, ya desde el año 1966, cuando viajó a Roma para hacer el Doctorado en Teología, publicó su primer artículo que en letras “de molde” tomaron un cariz diferente.

Se sabe que el periodismo es su pasión. De hecho realizó cursos a distancia en Argentina y presenciales en Europa.

El padre Ceschi se recupera actualmente en la Casa de la Siervas de Jesús, en Rosario, Santa Fe.

Su legado

Escribió más de 2.000 artículos que fueron publicados en páginas de los diarios de varias provincias del país, entre ellos está La Mañana. Además, grabó micros radiales reproducidos por un centenar de emisoras y mensajes televisivos que se transmiten por 40 canales que avalan su trayectoria comunicacional. Para muchos, estas transmisiones con su meditada palabra son un bálsamo para el espíritu y una pausa para la reflexión.

“Aprovecho para informar que sigue igual de bien, muy bien cuidado en Rosario, recibe visitas de familiares y amigos que lo agasajan siempre con algún postre o torta, dándole algunos gustitos... No puede caminar aún, pero todos los días usa la silla de ruedas. Sus compañeros del lugar y sus hermanos de Congregación rezan con él todos los días. Es de destacar su buen ánimo y su esfuerzo en tratar de hablar, le cuesta mucho porque la capacidad de articulación de las palabras no le responde, pero dice unas cuantas palabras sueltas y nombres. Su brazo y pierna derechas tienen movimiento, pero necesita ejercicio y tiempo para recuperarlas. En su nombre, les agradecemos mucho la oración y preocupación por su salud”, comunicaron sus hermanos de la fe y familiares.

También aclararon que los micros grabados por el padre Ceschi, con anterioridad a su ACV, siguen escuchándose en los medios en que estaba, “para seguir aprovechando el mensaje que nos dejaba y nos sigue dejando, porque el público se renueva”, expresó.

“El tío Pepe, a pesar de su problema de salud, sigue siendo ejemplo de obediencia a Dios y alegría franciscana. Gracias a todos ustedes, porque sus oraciones y la fe en su recuperación lo han sostenido en cada prueba”, concluyó su sobrina Analía.


* Por Valeria Díaz de Vivar (periodista) - Fotos: Analía Núnez Ceschi. Fuente y aprobación: Fray Raúl O. Piazza, de la Congregación Franciscana del convento San Carlos.


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