Formosa, Martes, 25 de septiembre de 2018 - 08:Sep:10 - loading
Hola ArgentinaGrupo Betania

Fue el último jefe de la estación de Ferrocarril de Gran Guardia y sueña con habilitar un museo

08/07/2018 Nicandro Villasanti conserva como preciosos tesoros muchos de los artículos que se usaban en la estación. Telégrafo, boletos, libro de actas y uniformes forman parte de su colección

HISTORIAS DE VIDA

Su estirpe de ferroviario, por excelencia, lo mantiene lúcido, vivo y nostálgico. Fue uno de los jefes de estación más joven de Gran Guardia, pero el último de una parada ferrocarrilera con crecimiento inminente que ofreció el sonido del chirriar de las vías hasta 1992.

Historias de Vida de esta semana cuenta las anécdotas de Nicandro Villasanti, último jefe de estación de esa localidad.

Ningún tren podrá salir de una estación, sin orden del jefe de la misma. Por su edad, muchos no creían que fuera capaz de cumplir los requerimientos del puesto, sin embargo, con 18 años y a fuerza de esmero y dedicación, Nicastro demostró que sí se puede y trabajó durante 17 años hasta que él mismo tuvo que cerrar las puertas de esa estación.

Nuestro protagonista de hoy nació el 7 de noviembre de 1957 en la Colonia Santa Rosa, de Estanislao del Campo. Tiene 60 años. Vive en Gran Guardia desde el año 1979.

Estudió Radiotelegrafía a los 14 años y se recibió en el año 1975, con 17 años. Una vez aprobado el curso de Telegrafista, envió su currículum a los superiores de Tráfico con asiento en la Estación de Formosa, solicitando un puesto.

“En ese tiempo estaba el Sr. Surita, que era superintendente de la línea férrea General Belgrano. Fue él quien aprobó y ordenó mi ingreso al Ferrocarril, el 28 de febrero de 1976”, relató.

Comenzó trabajando como auxiliar de estación y fue destinado a la localidad de Ibarreta para cubrir un cargo vacante. Su tarea era atender los trenes de pasajeros o de carga, y a quienes necesitaban despachar encomiendas o cargar hacienda.

Fruto de su esfuerzo, en el año 1979 fue nombrado “Jefe de Estación D”. Tenía la opción de elegir entre tres estaciones que estaban sin jefe en ese entonces pero eligió Gran Guardia, por la belleza del pueblo y por la calidad de gente. Así, el 9 de marzo de 1979 se hizo cargo de esa estación luego de que se jubilara Don Raúl César Montenegro. 

De esa manera, con 18 años, Nicandro obtuvo un cargo de importancia y con muchas responsabilidades pero se adaptó con prontitud. 

“El tren transportaba muchas cosas, desde pasajeros, cargas, encomiendas hasta ganado. En los trenes de pasajeros su formación era la locomotora, un tanque de agua, un vagón de carga, uno de encomiendas, un furgón del personal, y tres o cuatro coches de pasajeros. Los trenes de carga transportaban agua, jaulas con hacienda, vagones cubiertos con azúcar, sal, cemento, entre otros, y después estaba el tres de carga de petróleo exclusivamente”, contó.

Nostalgia

Mientras exhibe su extensa colección de objetos propios de la estación de ferrocarril y expresa su deseo de que Gran Guardia tenga su museo ferroviario, las lágrimas le brotan solas. Trata de frenarlas con los dedos, haciendo alguna pausa en el relato, pero igual le corren por las mejillas. La voz se le quiebra.

Resaltó que en esa época los trenes eran muy puntuales y se ocurría un atraso era por una cuestión de impuntualidad de los pasajeros. Para tener idea de cómo era viajar en tren en esa época, contó que desde Gran Guardia hasta Formosa capital se tardaba una hora y veinte minutos, aproximadamente.

Nicandro es un apasionado de los trenes y conserva entre sus recuerdos más felices los años en los cuales todavía se escuchaba el chirriar de las vías y cada detalle de la llegada del tren.

“La construcción del ferrocarril empezó en 16 de setiembre de 1908. Los primeros 100 km de vía desde Formosa se libraron al servicio en 1910 hasta Las Lomitas. En 1915 continuó la obra y en 1931 se unió la vía con Embarcación Salta, con 702 km de vía. 

Cada localidad “bautizada” hasta entonces era conocida por un número que se correspondía con la distancia en kilómetros que la separaban de la estación Formosa. 

“Fue así que lo que conocemos como Mariano Boedo era Km 34; San Hilario era Km 53; Gran Guardia, Km 83; Pirané, Km 109; Palo Santo, Km 139; Comandante Fontana, Km 182 y así cada localidad. En el año 1926, por resolución de la Secretaría de Obras Públicas de la Nación, se cambió de denominación de las estaciones del ferrocarril general Belgrano Formosa-Embarcación, adoptando cada una de ellas el topónimo de mejor aplicación a elección”, detalló.

Comunicación

“Para Gran Guardia y para todas las localidades fue muy importante para el crecimiento del pueblo; la vía del ferrocarril fue la columna vertebral de la provincia de Formosa”, destacó.

También explicó que en esos años, la comunicación era por telégrafo y teléfono por hilo de cobre. 

Con respecto al tren de pasajeros, describió que las formaciones eran de tres coches, cada uno con capacidad de 117 pasajeros sentados.
“Los trenes eran muy seguros, existía una vía de reserva en cada estación que con una pantalla con llave y a una distancia de 500 metros de cada estación se encontraba un paso de nivel con una torre de 15 metros que se llamaba Señal. Contaba con luces idénticas a las de los semáforos en los cruces. En caso de una falta total de comunicación, cada jefe de estación sabía de los reglamentos para tal fin y se colocaba petardos en cada vía para avisar al maquinista con los estruendos si había algún peligro. Al oír el estruendo debían parar de forma inmediata”, comentó.

El exjefe de estación aseguró que en la actualidad el tren sería de mucha utilidad. “Tanto para viajar o para transportar carga y encomiendas porque tienen gran capacidad y son un medio de transporte más económico”, expresó.

“La verdad es que si se reactiva una vez más el tren, me animaría a trabajar porque es mi pasión, la experiencia y las anécdotas que adquirí con el pasar de los años son invaluables. Me inicié en el ferrocarril y lo llevo muy dentro del alma”, confesó.

Anécdotas

En el transcurso de 17 años, son muchas las anécdotas, tanto buenas como malas, que le tocó presenciar siendo jefe de estación. Vivencias consideradas paranormales, que en el pueblo la conocen como “luz mala”, porque asegura que en ciertas ocasiones se escuchaba el ruido del tren acompañado de una luz brillante. 

“Otra cosa que recuerdo bien es que por la juventud que tenía cuando alcancé el puesto de jefe, la gente que venía a la estación me decía ‘llamale a tu papá que me atienda’ porque no se imaginaba que era yo el que estaba a cargo”, relató.

Ultimo viaje

En mayo de 1993, el tren General Belgrano Formosa-Embarcación hizo su último viaje. Se clausuraron todas las estaciones del Ramal C-25 y quedaron sin trabajo muchos ferroviarios. “Para mí fue una pena irreparable, hasta hoy veo las estaciones abandonadas y las vías, cubiertas de malezas, y se me parte el alma, alguna que otra vez se me escapa una lágrima”, expresó.

Con el tren en funcionamiento, a ambos lados de la vía crecieron los pueblos del interior de Formosa. Quienes utilizaron este servicio y fueron parte llevan esas vivencias en lo más profundo del corazón.

Los aires pueblerinos del interior de Formosa ya no fueron iguales sin los sonidos característicos de los trenes: el silbato que avisaba la partida; el chirriar de los engranajes cuando llegaban a la estación; el ir y venir de las maniobras y el murmullo de los adioses o la algarabía por el reencuentro.

*Por Valeria Díaz de Vivar (periodista) 
y Ramón Maldonado (reportero gráfico).




Comentarios

MAS NOTICIAS
“Mini” Bogarín, con iniciativa y voluntad, supo lograr equilibrio entre el estudio, el trabajo y la vida familiar
Historias de vida
Tras 34 años de trabajo ininterrumpido dentro de La Mañana, esta calificada tipeadora y armadora relata cómo se trabajaba en los inicios de este diario, sin computadoras ni Internet
“No es poca cosa decir que trabajo en La Mañana”: el orgullo de estar 37 años trabajando en una empresa
Historias de vida
Justo Adorno y sus compañeros de sección son piezas clave en el proceso de impresión de este diario. Desde hace casi cuatro décadas trabaja en Fotomecánica y fue testigo de la evolución tecnológica de la Editorial
Una mujer que fue más allá de su trabajo en el buffet y se transformó en una figura maternal para muchos
Historias de vida
Durante 33 años administró un lugar, dentro de La Mañana, que es imprescindible para desconectar unos minutos del trajín de la actividad en la redacción. Supo crear en el buffet el ambiente ideal para sentirse “como en casa”