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Lenguaje Inclusivo: ¿Qué hay detrás del “Todes”?

21/09/2018 Les estudiantes”, “les chiques”, “les pibxs”: un montón de expresiones como éstas forman parte del discurso cotidiano de la sociedad. Y pese a los rechazos o a las aceptaciones, todxs saben hoy, cuál es el lenguaje: el inclusivo. Docentes que lo enseñan, padres que lo critican, estudiantes que lo aceptan, lo naturalizan, lo comunican. ¿Se trata de un capricho, de una protesta? ¿Existe una ruptura cultural? En diálogo con Cronopio, la Lic. Pao Raffetta, especialista en ESI y activista por los derechos sexuales y el Estado laico, respondió ésta y otras preguntas más.

*Por: Daniela Carrizo

-¿De qué se trata el lenguaje inclusivo y cómo surge?


- El lenguaje inclusivo es una forma de expresión que de alguna manera reacciona a la formalidad de la lengua española, que es tan androcéntrica. Durante la segunda mitad del siglo XX, desde el movimiento feminista se realizaron un montón de análisis de discursos, donde se dejó ver el fuerte sesgo sexista de la lengua española. Listas y listas de palabras que muestran cómo la forma masculina tiene una fuerte carga de valoración y la forma femenina, de subvaloración: por ejemplo “zorro” y “zorra”, “caballo” y “yegua”. “Hombre de la vida” y “mujer de la vida”. No es lo mismo decir que un hombre tiene calle y que una mujer tiene calle. 
 
Se trabajó muchísimo y a medida que las mujeres en general fueron tomando conciencia de este sesgo, se fueron explorando alternativas para una comunicación menos sexista. Lo primero que se incorporó fue el uso de “los” y “las”: los y las estudiantes, las y los trabajadores. Pero rápidamente la RAE salió a decir que era una aberración, que era innecesario e incorrecto decir “los” y “las”, y que las mujeres deberían incluirse en el masculino universal y genérico. 

Las feministas elevaron la apuesta, entonces metieron la arroba, que fue la primera marca ajena a nuestra lengua escrita que apareció para abreviar a “los” y “las”. Pero uno de los problemas que tiene, es que es impronunciable. Es decir, aunque lo vemos en títulos de libros, o por escrito, es una forma muy difícil de pasar al lenguaje oral.

- ¿Y la “X”?

-Cuando se incorporan los colectivos de la diversidad sexual a este debate y empiezan a proponer otras marcas para visibilizar la ruptura con el masculino universal, aparece la “X”. Estas son protestas del hablante. El movimiento trans incorpora el uso del asterisco “*” -hay una nota en el suple SOY de Página 12, donde explica el por qué del asterisco-. Pero el problema de estos signos es que no pueden pronunciarse, y, en el caso del asterisco, hace saltar la frase fuera del renglón.

- ¿Por eso la “E”, porque se puede pronunciar?

- Claro, con el tiempo apareció la “E”, que intenta por un lado, salvar la dicotomía masculino - femenino, y por otro lado, visibilizar otras experiencias del género por fuera del binario. La “E” aparece cumpliendo un doble rol: como una marca que se sale del binarismo, en su uso individual, y en su uso colectivo, como una forma que integra el masculino y el femenino. Por ejemplo, este año apareció en los buzos de los estudiantes secundarios, el término “EGRESADES”, que integra a los egresados, las egresadas y quizás, a algún egresade. La idea de este lenguaje es por un lado visibilizar el sexismo de la lengua, y por otro lado, incluir aquellos colectivos invisibilizados en la lengua, básicamente las mujeres, pero también otras identidades.

-¿Por qué hay rechazo social por el lenguaje inclusivo?

-El lenguaje es un territorio muy conservador, si no lo fuera no existiría una Real Academia. Tiene mucha relación con el cholulismo, con el nacionalismo, con la idea de un Estado-Nación, propio del siglo XIX. La gente protesta ante el lenguaje inclusivo, porque se incita a hablar con la “x” o con la “e”. Invito a la gente tan horrorizada, a que se ponga por un instante en el lugar de las poblaciones originarias, que han tenido prohibido el uso del idioma y fue la Iglesia que al “evangelizarlas”, les prohibió hablar su lengua, alfabetizándolas en castellano, imponiéndoles el español. Que piensen en las comunidades enteras que se vieron impuestas a hablar en otro idioma. Como contraparte, como una persona trans no binaria, exijo el reconocimiento y la inclusión de una lengua. Como tantos pueblos que hoy piden que se reconozca su lengua, su cultura, su idioma.

-¿Se va a “naturalizar” el lenguaje no sexista?

-Creo que es algo que se va a dar. Las lenguas son organismos dinámicos que cambian todo el tiempo. A nadie se le cae la Real Academia por la cabeza cuando usamos palabras en inglés, como “mouse”, “modem”, “wi-fi”. Los españoles dicen ordenador o ratón y a nosotros nos parece una aberración. Tiene que ver con el conservadurismo de una lengua, que refleja el conservadurismo de una sociedad que todavía es muy misógina, a la que le cuesta muchísimo incorporar a las mujeres en términos igualitarios. Todavía hay muchas trabas para incluir a las mujeres al lenguaje, y a los espacios de decisión, el lenguaje es el poder. 

Si todavía peleamos en las instituciones formales, como la RAE, la inclusión de todos y todas, falta mucho para lograr incluir un lenguaje no binario.
Invito a buscar sus propias formas en usar un lenguaje no binario. Hay muchas maneras. Decir “las personas”, en lugar de “los hombres y las mujeres y las personas no binarias”. Así hay un montón de ejemplos, es un ejercicio. Es difícil usar una lengua que te imponen. No hace falta sentirse tan agraviados.

-Les jóvenes son quienes más lo usan…

-Son los que terminan logrando un quiebre cultural. Hay varios factores: en general, la juventud es el ámbito de la innovación por excelencia, tanto en términos de tecnología como en lenguaje, de cultura y contra cultura. Hay un proceso que lleva a la adolescencia, o a la juventud, a que intenten renovar estructuras tradicionales, tecnológicas, culturales y también discursivas. Cada generación ha tenido su innovación discursiva, así es como evolucionan los lenguajes. Hoy, términos que antes nos parecían inaceptados, nos parecen “naturales”. Eso se da por una renovación del lenguaje, que a su vez, acompaña a otros procesos.  

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