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Sacale los privilegios al “Rodrigo”que tenés al lado

06/12/2018 Por: Heliana Guirado, periodista y licenciada en Ciencias de la Comunicación

Es noticia nacional el caso de Rodrigo Eguillor, el hombre de 24 años que abusó de una joven en un departamento de San Telmo (Buenos Aires), del cual además no la dejó salir, privándola de su libertad. Luego de que el caso se conociera primero en redes sociales (donde se recabaron más de 60 casos comentados por otras jóvenes, que lo tienen como protagonista), tomó relevancia en los medios y generó la indignación de muchas personas.
El caso tiene varios puntos que merecen un análisis para continuar en la larga lucha por derribar mitos: el victimario, hijo de una fiscal de instrucción penal, se mueve en la clase media-alta. De hecho cuando fue demorado por la Policía de Seguridad Aeroportuaria estaba a punto de viajar a España para ver el súper clásico Boca – River.

De primera mano, esto es una muestra más de que los casos de violencia hacia la mujer no eximen a ninguna clase social. Las víctimas gritan en casas de barro o en mansiones. Los agresores pueden no llegar a fin de mes, o ganar fortunas.

Eguillor grabó un video en el que hace un descargo plagado de comentarios misóginos. En algunas de sus frases decía: “Era una negra que me quiere sacar toda la guita”. Además, hizo una irreal diferencia entre las “minas de bien” y las “flojitas de tanga”, para justificar su accionar. Esta forma de pensar posiciona la culpa directamente sobre las mujeres ante un caso de violencia. Si iba al boliche, si salía de noche sola, si usaba una pollera corta, etc. Afirmaciones que continúan exigiendo a ellas que repriman sus gustos para que nadie les haga nada, en lugar de decirles a ellos que no deben violar. 

También dijo que no tiene la necesidad de violar a ninguna mujer, porque es “fachero”, antes de contar que maltrató verbalmente y lastimó emocionalmente a sus ex novias. Minimizando estas formas de agresión, reproduce la creencia de que si no hay golpes, no hay violencia.
“Me pueden hacer millones de causas y voy a estar tranquilo acá en mi casa”, aseguró también.
La inmunidad que siente se relaciona con el hecho de que su madre sea fiscal. Pero en una lectura un poco más profunda, son muchos los casos de violencia de género o femicidios que quedan sin resolución por parte de la Justicia. Muchos otros ni siquiera llegan a judicializarse. ¿Las razones? El miedo y la falta de protección que sienten las víctimas.

Generalmente, se piensa que los varones violentos son personas “enfermas”. Rodrigo no escapó a esta definición, ya que muchas personas que expresaban su indignación en redes sociales lo califican de esta manera.Esta teoría se cayó cuando el director del hospital Santamarina de Monte Grande, Gabriel Ivé, dijo al diario Clarín que Rodrigo Eguillor "está ubicado en tiempo y espacio" y que "no requiere de una internación".

Es fundamental entender que más allá de que circunstancialmente el agresor pueda tener o no algún tipo de patología, la violencia de género tiene un origen cultural y social, producto de una relación desigual de poder entre varones y mujeres que hace que ellos las vean como objetos de su propiedad, para hacer con ellas lo que quieran.

El sistema económico capitalista, las instituciones estatales, la educación, todo se forma con una base heteropatriarcal. Por eso es tan difícil eliminar las violencias hacia las mujeres, porque implica un giro cultural con quita de poder.

LAS TAN SOLICITADAS “PRUEBAS”

El caso presentado tiene otra rama para analizar: el apoyo nacional hacia la víctima de Rodrigo Eguillor es fundamental para que se produzca presión social. Sin embargo, en los discursos publicados en redes sociales, se leen afirmaciones como: “Acá están todas las pruebas”, “En este video se ve lo que pasó”.

La pregunta que merece respuesta es: ¿Qué hubiese pasado si la única prueba existente era el relato de la joven? ¿La sociedad hubiese apoyado de la misma forma? Quizás muchxs no. Y ese es uno de los motivos principales por los que varios hechos quedan en la nada. 

La ley nacional 26.485 de Protección Integral a las Mujeres expresa en uno de sus puntos que ante la denuncia, la mujer tiene derecho “a la amplitud probatoria para acreditar los hechos denunciados, teniendo en cuenta las circunstancias especiales en las que se desarrollan los actos de violencia y quiénes son sus naturales testigos”. 

Un ejemplo de tantos es un caso ocurrido en Tucumán, donde la Corte Suprema de Justicia consideró que el testimonio de una mujer agredida por su ex marido tenía “valor probatorio”.

Se entiende así que la mayoría de los casos de violencia ocurren en al ámbito privado y muchas veces no hay personas que sean testigos. Entonces la palabra de la mujer que con vergüenza y miedo decide hablar es muy valiosa y debe ser creída.

TU “RODRIGO” AMIGO

El varón violento expuesto en todos los medios del país, es uno entre muchos. En cada ciudad, pueblo, barrio hay alguien como él. Ante estos casos es su entorno y no la mujer agredida quien debe sentir la exigencia de quitarle los privilegios que tiene.

El grupo de amigos que lo sigue recibiendo en los asados, el jefe que lo asciende, la familia que lo encubre, el primo que se ríe de sus chistes misóginos, el que no se ríe pero tampoco reacciona. Lo están sosteniendo dentro de un grupo de pertenencia y le están diciendo: “Vení, acá te protegemos”. 

Esos grupos de pertenencia son fundamentales para construir identidades y reforzar actitudes. Alguien siente que pertenece a un lugar, con determinadas personas y ahí se queda.

La indignación en redes sociales y el rechazo a la violencia ayudan. Pero lo cierto es que si no se mira a los costados y se le saca tarjeta roja al maltratador amigo, primo, hermano, padre, compañero de trabajo, los casos de violencia seguirán existiendo y los “Rodrigos” van a seguir sintiéndose fuertes para actuar.









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