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TANIA TORRES: Aroma de Guitarra

29/01/2019 La artista neuquina, formoseña por adopción, proyecta su carrera a nivel nacional y se perfila como la mujer guitarrista de música popular por excelencia


“Cuántas cosas caben en el misterio de la guitarra (…) La guitarra, antes de ser instrumento, fue árbol. Y en él cantaban los pájaros. La madera sabía de música mucho antes de ser instrumento”.
 
Más que una aproximación poética para definir al instrumento musical probablemente más tañido a lo largo de la historia,
Atahualpa Yupanqui deja aquí sentada una verdad irrefutable: la música trasciende a los músicos, así como el lenguaje a los que se aventuran a la poesía, y los convierte en vehículos de ese mensaje. Y agrega: “El cántico del ave ha sido siempre el elemento. Y a la madera sensible se le ha penetrado ese cántico. Alguna vez la hacharon, alguna vez se cayó y la usaron, la ahuecaron, la pusieron a templar como tabla y alguna vez la formaron. Pero es una madera llena de infinitas vibraciones, y de qué vibraciones: miles de horas de canto de pájaros. Y así se formó la guitarra”.
 
Tania Torres es una guitarrista prominente que ha sabido interpretar como pocos la naturaleza de ese cántico del ave de que nos habla Yupanqui desde que era niña y comenzó a ejecutar sus primeras notas. Nacida en Neuquén y actualmente arraigada en nuestra ciudad, en diálogo con Cronopio, memora sus primeros pasos en la música: “Comencé a tocar a los cinco años en Neuquén, según recuerdo, con mi papá enseñándome algunos acordes. Y ahí me largué yo a aprender, casi de forma autodidacta en un principio. Además, en mi casa o en la casa de mis abuelos, se armaban grandes guitarreadas. Había muchos músicos; entre ellos, mi abuelo. Y fui aprendiendo de ellos. Después, a los diez años, ya fui a un taller del barrio donde yo vivía. Y allí me enseñaron a usar la púa, porque siempre tocaba con los dedos. Eso me encantó y, como tenía cierta facilidad, entonces practicaba todo el día sacando temas”, se recuerda Tania dando sus primeros pasos en su natal Neuquén. “Hasta que mi abuelo me dijo: ‘¿Querés que te acompañe o te largás sola?’. Y así comenzamos. La primera actuación fue una peña muy grande. Yo tenía unos 11 años. La segunda peña fue un festival, el Festival del Gato, y allí me reconocieron como Artista Revelación. Ya a los 13 años, fui invitada por el Chaqueño Palavecino en distintas actuaciones que él tenía. Eran escenarios muy grandes, lo que también me sirvió para tener un encuentro con el público en masa. La exposición fue de repente allí en Neuquén. Después me invitó a Salta, Córdoba, Río Negro, Buenos Aires… y no paré”.
 
El uso de la púa como elemento característico que definiría su estilo en la música popular y su particular propuesta netamente instrumental hacen de esta artista una suerte de prodigio único dentro del espectro musical donde se mueve. Muy querida y respetada por sus pares y admirada por el público que la sigue, Tania Torres proyecta su carrera a nivel nacional hacia un perfil pocas veces visto: la mujer guitarrista de música popular que echa mano a la púa con una versatilidad sobresaliente. “Cuando, en general, hablamos de guitarras argentinas, se nos vienen a la mente inmediatamente personalidades destacadas como Luis Salinas o Juanjo Domínguez. En cambio, la mujer guitarrista por excelencia parece ser un espacio que aún no ha sido lo suficientemente abordado. Y eso lo estamos trabajando ya con estos dos discos editados. Se trata de un largo recorrido para llegar a ese perfil. Todos los que me conocen, me conocen como instrumentista, porque esa es la propuesta artística a que apunto”, asegura.
 
Tania lleva editados “Sentimientos en guitarra” (2007) y “Aquí estoy” (2017), discos que le han valido posicionarse en la escena musical formoseña, que la ha adoptado -agradece- con mucho respeto y cariño:
“Por suerte, gustó la propuesta. La estrategia era mostrar lo que casi no se ve en el país. Grabamos un primer material con música netamente instrumental litoraleña, más apuntado al contexto regional. Si bien tenía cierto bagaje cultural de la región, porque me gustaba la polca y el chamamé -mi abuelo me los enseñaba-, aprendí muchísimas cosas nuevas, sobre todo al relacionarme con músicos de acá. Formosa tiene muy buenos músicos, sobre todo guitarristas. En cada lugar que visito, trato de aprender. Y en este sentido, adecuo el repertorio también al contexto regional en que me encuentre dando shows. Por ejemplo, en el Oeste, hago más chacareras; en Paraguay, polcas; en Misiones, chamamé. Pienso que es importante ser complaciente con el público que te va a ver, porque más allá de poseer o no cierto talento artístico, también es importante hacer una lectura en el público acerca de lo que está pasando a nivel social y musical, acerca de lo que el público demanda”.
 
No sólo su enorme don para la música es lo que hace a Tania Torres una artista de gran proyección, sino su constancia en el trabajo, su profesionalismo a tiempo completo y la preparación permanente. Profesora de Música y habiendo incursionado en los estudios de piano a lo largo de muchos años, da clases de guitarra, de canto, de piano y además cuenta con sala de grabación, por lo que -asegura- vive
“exclusivamente de y para la música”. Con una gran recepción del público, actualmente emprende una gira por grandes festivales y peñas folklóricas en distintas ciudades del país, como Cosquín y Carlos Paz (Córdoba), La Rioja y Casilda (Santa Fe), entre otras.
 
Fuertemente influenciada por sus mayores, destaca la figura de su abuelo como piedra fundacional de su carrera. Y también a una lista de músicos que han ido moldeando su pasión por la guitarra.
“Antes de que existieran las redes sociales y toda esta tecnología, conseguía los cassettes de, por ejemplo, Waldir Azevedo, si bien no componía en guitarra sino en cavaquinho, porque me encanta la música brasilera. Tomé mucho de él el hecho de usar principalmente la púa para tocar. Porque se usa púa en el cavaquinho. Después, Juanjo Domínguez o Luis Salinas. Probablemente no influencias directas pero es preciso nombrarlos. Y eran artistas que de niña quizás no sabía quiénes eran, porque eran grabaciones de cassettes. Y era muy curioso porque, por ejemplo, yo ya sabía que a tal hora, por la radio iban a pasar tal o cual tema, sin saber cómo se llamaba o de qué artista era. Y entonces me ponía a practicarlos. Oscar Alemán también me gusta mucho. A él ya lo conocí un poquito más de grande. De él rescato más la escena, cómo se movía en el escenario, su forma de hacer humor con la música. En ese sentido, trato de nutrir mis shows con algo de humor y energía. No me gusta que sea un show demasiado estático o rígido. Por otra parte, también Los Indios Tacunau, que para mí son los grandes de la música instrumental aquí en Argentina, en cuanto a todo el espectro popular. Más allá de que se los suele encasillar en la música cuyana, ellos hicieron de todo, desde tango hasta música litoraleña. Y Los Indios Tabajaras, que también influenciaron en mi obra. Después, bueno… a nivel personal, también escucho mucha música: cumbia, jazz, gypsy jazz… Si bien no influencian directamente en mi obra, algún que otro yeite ha de haber. Porque en definitiva, todo tiene que ver con todo. La música es una, así que me nutro de muchas cosas”.
 
Consciente de la realidad que la circunda y de las demandas que la sociedad actual reclama en cuanto a un proceso de deconstrucción y erradicación de las desigualdades de género en el medio artístico, asegura que
“hay una cultura machista demasiado instaurada en el ambiente a la hora de convocar artistas. Es muy curioso que aquí en Formosa no ocurra, pero sí en algunos espacios de otras provincias. Aquí las mujeres son convocadas en igualdad de oportunidades respecto de los hombres a la hora de componer la grilla de los festivales, por ejemplo. Pero en otras provincias, eso no ocurre lamentablemente. A veces se trata de festivales nacionales donde de repente ves la grilla y son todos hombres, no incluyen a mujeres. Y en muchos casos son cantoras famosas. Hay algunos espacios de la música de grandes artistas donde la mujer aún no es aceptada, básicamente por su condición de mujer. O de repente, si ocurre, se suele decir en el medio que a una le dan el lugar ‘porque es minita’ o ‘toca con minifalda’. Más allá de una legislación, como la Ley de Cupo Femenino, hay una cuestión cultural que hay que cambiar. La guitarra siempre fue un mundo de hombres. En algunos casos, voy a determinados lugares y no consigo músicos que me acompañen. Aún está ese prejuicio arraigado”. En este sentido, dice sentirse muy agradecida con Formosa, por la aceptación que tiene para con sus artistas mujeres. “Formosa siempre me acompañó muchísimo: el público, los gestores culturales, los empresarios... siempre estuvieron dispuestos a acompañar. Puedo decir que Formosa me adoptó muy amablemente. Y es muy interesante la movida cultural que hay aquí. Eso no sucede en cualquier lugar del país”.

Más allá del esfuerzo que significó para ella recomenzar de alguna manera su carrera en el otro extremo del país desde 2014, cuando llegó a Formosa, Tania es una artista muy ocupada en difundir su obra aprovechando todos los canales que tiene a mano:
“Lo bueno de Formosa es que hace unos cinco años, cuando vine, primero hubo que sembrar, convocar, contactar, buscar espacios. Y ahora estoy recogiendo determinados frutos. Las redes son clave para difundir el trabajo, que ahora puede llegar a cualquier lugar del mundo. Hay seguidores de Bolivia, Perú o México muy interesados en la música y la cultura argentinas”. En este sentido,
‘A Don Julio’, un tema dedicado a su abuelo, fue seleccionado en México para formar parte de un compilado que retrata los más diversos géneros musicales, con artistas de gran talla alrededor del mundo. Además, ha sido contactada por el laureado guitarrista español Diego García (Twanguero) para encarar un proyecto conjunto.
 
En “El canto del viento”, Yupanqui sentencia: “La guitarra es como un extraño nido que suelta sus pájaros crepusculares cuando el aire se puebla de silencios y nostalgias”. Tania Torres parece ser una artista llamada a desentrañar el aroma y el canto de esas aves y a transmutar en melodías lo que alguna vez fue un gorjeo de pájaro que pervivió en la madera durante largos años. Y hoy es su guitarra.


Washington

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