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Creció en una chacra, trabajó desde los cinco años y hoy incentiva a otras mujeres a ser emprendedoras

15/04/2019 Victoriana Segovia es una emprendedora formoseña con alma de guerrera que trabajó, estudió y progresó en medio de la dura vida del campo. Trabaja desde que era una niña y hoy es Técnica Superior en Agroindustria y una de las capacitadoras del PAIPPA

Mientras algunos prefieren culpar a otros de sus fracasos en la vida y quizá se quejan por la falta de oportunidades, hay personas que deciden enfrentar los problemas y transformar los obstáculos en fortalezas para salir adelante.

En esta ocasión, La Mañana acerca a sus lectores el testimonio viviente de una mujer que comenzó a trabajar a los cinco años y en la actualidad inspira a otras mujeres a ingresar al mundo del emprendedurismo y lograr la independencia económica.

Victoriana Segovia es productora y emprendedora formoseña. Luego de transcurrir una infancia marcada por la necesidad, el trabajo y el estudio, hoy dedica sus días a capacitar a otras personas, a incentivar, a la crianza de su hija pequeña, al acompañamiento de los más grandes y a la producción en su chacra. Es conocida y respetada por todos. Su historia de superación y entereza merece ser compartida.

Nació el 9 de diciembre de 1974 en Buena Vista. Su papá se llamaba Marcos Segovia y su madre, Gerónima Benítez, ambos fallecieron. Es la mayor de 8 hermanos (dos mujeres y seis varones).

En la localidad formoseña de Primera Punta, ubicada entre Buena Vista y Sol de Mayo, pasó su infancia. Las actividades familiares giraban en torno al trabajo. Tenían una chacra de 2,5 hectáreas, donde se criaron los 8 hermanos.

El día a día fue trabajar siempre, desde pequeña. En la producción, en la huerta, en la granja o cuando había producción de mandioca, Victoriana iba con el mayor de los varones a Laguna Blanca a venderlas.

La vida era emprender y sobrevivir. “En esa época a mis padres no se los conocía mucho, no tenían recursos económicos, si no se vendía la producción la cambiábamos por el harina, aceite y así”, relató.

Entre algunos de sus recuerdos, evocó el día en que le aconsejó a su padre, cuando ella sólo tenía 7 años, que vendan cerdo carneado y no el animal vivo, como era costumbre.

“Me di cuenta de que era mejor cuando un día un cliente nos pidió faenado el lechón, y ahí a nosotros nos quedó la sangre y todas las menudencias, con lo cual ese día hicimos morcilla caliente con mandiocas y comimos muy bien. Entonces les pedí a mis padres que no vendiéramos vivo el animal sino carneado, para poder comer morcilla después y aprovechar todo”, relató.

“Cuando tuve esa idea mi papá me felicitó y dijo: ‘para eso te hago ir a la escuela, mi hija, para que aprendas a pensar’. Su padre siempre fue un gran defensor de la educación, que él por la pobreza y necesidad de trabajar no pudo tener.

El trabajo en la familia Segovia se realizaba en equipo y cada uno tenía una tarea. “Mi papá plantaba tabaco y mi mamá hacía cigarro. Mi hermana y yo salíamos a vender bananas maduras y los cigarros, así salimos adelante, pero ante todo desde un principio mi mamá y papá nos recomendaron: ‘Estudien, porque eso el día de mañana los va a hacer libres’”, reflexionó.

Victoriana es egresada de la Escuela Agrotécnica en 1993, todos sus hermanos tienen el secundario completo. “Hoy tengo un hermano y una hermana en 4º año de Ingeniería en Producción en el Instituto Universitario Formosa -IUF-, que tengo que resaltar con mayúsculas ese instituto. Tengo un hermanito en 4º en Licenciatura en Turismo, en ese mismo lugar y mis hijos estudian ahí también”, contó con orgullo.

Familia

Mientras trabaja en la cosecha en una chacra de Loma Tuyuyú, cerca de Laguna Blanca, conoció a Anselmo Rojas. En 1995 se casaron, luego vinieron sus hijos mayores Ignacio y Nolberto (22 y 15 años). Hace dos años llegó la princesa del hogar: Luciana.

Este año, uno de sus hijos ingresa a la carrera de Ingeniería en Producción, el otro, es Ingeniero en Informática y Redes. Tal es así, que la chacra de Victoriana y Anselmo tiene antena Wi-Fi.

“Hoy le doy las gracias a mi mamá y mi papá que nos inculcaron que teníamos que estudiar y que, en lo posible, tratemos de trabajar por nuestra cuenta. Gracias al Internet continúo aprendiendo cosas en YouTube, mi meta ahora es aprender portugués, porque me invitaron a disertar en Brasil”, resaltó.

En su rutina diaria, a las 5 de la mañana se levanta y ordeña su vaca, le habla un rato, como es su costumbre, y luego desayuna en familia. Lo mejor de todo para ella -asegura- es que tiene la libertad de manejar sus tiempos y organización laboral.

Progreso

Luego de casarse el matrimonio Segovia-Rojas construyó una casa en Laguna Blanca, sin embargo, nunca abandonó su trabajo en la chacra.

Victoriana se hizo conocida entre la gente por la calidad de la leche que comercializaba, tal es así, que era tanta la demanda que tenía, que sólo elegía a los clientes que compraban desde 5 litros, no menos de eso.

Con su esposo, desde muy jóvenes, tenían un sueño en común: tener un campo propio. En 2015 vendieron todas sus vacas y sacaron un crédito del FONFIPRO para comprar una porción de tierra en Loma Tuyuyú. Luego de eso alquilaron la casa de Laguna Blanca y se mudaron al campo.

En la actualidad, es Técnica Superior en Agroindustria, es una de las capacitadoras del PAIPPA, donde enseña a otras mujeres la elaboración de dulces, morcillas, entre tantas variedades de producción artesanal, y dentro del Ministerio de la Producción se desempeña como técnica y continúa capacitando a los productores en sus chacras.

“Donde me invitan voy, me encanta contar lo que hago, compartir conocimientos, esa es mi manera de ser. Gracias a Dios mi marido me acompaña e incentiva, y tengo a mis hijos muy cerca de mí”, expresó.

Con 44 años y toda una vida de trabajo duro, Victoriana asegura que los hijos no son obstáculo para progresar, que sólo falta ingenio y voluntad para salir adelante, y si se puede acompañar con estudio, es el “combo perfecto”.

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