‹ Volver al inicio
09/01 - 11:01
Todo lo que hay que saber para prevenir la otitis y la conjuntivitis
El dolor de oídos y la irritación de los ojos son de las afecciones más comunes y frecuentes de la temporada estival.
MAS FOTOS
Ya arrancó a pleno la temporada de playa y piletas, con largas horas de exposición al agua, al calor y la humedad, situación que permite la proliferación de dolorosas otitis y molestas conjuntivitis e irritaciones oculares. Qué hacer para evitar la aparición de estas molestas afecciones.

El dolor de oídos y la irritación de los ojos son de las afecciones más comunes y frecuentes de la temporada estival. Ambas se producen por pasar muchas horas disfrutando del agua en piletas o el mar y suelen afectar mayormente a los chicos de entre 7 a 12 años. “Sin embargo, nadie está exento, ni siquiera los adultos, de padecer una otitis externa (OE), patología también conocida como la otitis del nadador o de las piscinas”, le explica a Clarín el Dr. Juan Carlos Razetti, médico otorrinolaringólogo, miembro del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Italiano de Buenos Aires. “Se trata de una inflamación del conducto auditivo externo (CAE) causada habitualmente por una infección”, agrega.

Según explica Razetti, la humedad y las alteraciones del epitelio del CAE favorecen que la flora habitual provoque la infección. Los gérmenes más frecuentes son Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus. “El síntoma principal es la otalgia, que puede ser muy intensa, con un dolor que se acentúa al traccionar el pabellón auricular o al presionar el cartílago que precede al CAE. Es decir, el malestar aumenta cuando se lo presiona o al tocar o mover la oreja. También puede haber secreción, fiebre y si el conducto se encuentra muy inflamado, hipoacusia”, completa Razetti.

La Dra. Lorena Belli, otorrinolaringóloga de los Centros de Diagnóstico DIM, relaciona la OE no sólo como un fenómeno estacional relacionado con el mayor uso de fuentes de agua. “Algunas personas presentan conductos auditivos más estrechos y pueden ser más propensos a tener este tipo de afecciones”, dice. Y agrega: “Otras causas posibles son la limpieza excesiva del conducto con elementos no apropiados que generan traumatismos locales”.

Diagnóstico y síntomas

Los principales síntomas son de inicio rápido (generalmente en 48 horas) y el primero de ellos es la otalgia (dolor agudo en el oído), que suele estar acompañado de calor en la zona y dolor al masticar. También puede aparecer hipoacusia o sensación de tener el "oído tapado". "De hecho, la fiebre es mucho menos frecuente en estos casos que en la otitis media aguda", explica Belli.

"El examen físico es fundamental para certificar el diagnóstico, aunque a veces se dificulta porque el paciente tiene muy sensible y dolorida la zona y se hace difícil el examen con el otoscopio". Puede o no haber otorrea (presencia y emisión de flujo purulento por el conducto auditivo externo), aunque no es un signo necesario para el diagnóstico.

El Dr Razetti agrega que la OE suele afectar a un solo oído, es decir, ser unilateral, aunque en un 10 por ciento de los casos, puede ser bilateral (dolor en ambos oídos). “Los más graves pueden constituir una verdadera infección del tejido celular subcutáneo (denominado celulitis)”, dice el médico. “Un 10 por ciento de la población la padece en algún momento de su vida, con un pico de incidencia entre los 7 y los 12 años, sin diferencias entre sexos”, agrega.

Según el Dr Razetti, hay que diferenciar la OE de la otitis media aguda (OMA), que es un proceso inflamatorio del oído medio, que puede ser bacteriana -causada por neumococo o por Haemophillus influenzae-, o por los virus que producen cuadros gripales. “En esos casos se manifiesta con síntomas como fiebre, dolor de oído, hipoacusia (disminución de la audición) y, en ocasiones, supuración del oído”, indica.

“La OMA es una infección del moco acumulado en la caja del tímpano (oído medio)”, explica el Dr. Martín Gruenberg, médico pediatra, en su libro El pediatra en casa, todas las respuestas sobre la salud de tus hijos (Grijalbo). “La mucosa de la caja del tímpano, los senos paranasales y la nariz se encuentra libremente comunicada. Durante un resfrío común, el moco que se produce en la nariz se elimina por las narinas (rinorrea anterior) o hacia atrás a la vía digestiva (rinorrea posterior)”, explica el pediatra. “Por su lado, el moco que se produce en el oído medio debe drenar hacia la garganta a través de un tubo llamado trompa de Eustaquio. En la infancia, es muy común que el moco formado en el oído medio no drene hacia afuera adecuadamente, acumulándose y sobreinfectándose con bacterias. Este cuadro requiere tratamiento antibiótico”, añade Gruenberg.

Tratamientos y prevención

En el caso de las otitis comunes en verano, los tratamientos suelen incluir el uso de antiinflamatorios y gotas ópticas. “Una vez confirmado que se trata de otitis externa, es fundamental indicar antiinflamatorios y calor local para aliviar el dolor. De hecho, la gran mayoría de los casos se resolverá con gotas óticas de antibióticos. Esta terapia tópica debe administrarse dos o tres veces por día y generalmente con tres gotas por vez, según prescripción médica. En este punto, una clave para una rápida recuperación es colocar las gotas de forma correcta y dejarlas actuar en la zona por 2 o 3 minutos. En casos de mayor edema de la pared del conducto se indican antibióticos orales. El tratamiento debe mantenerse por 7 a 10 días corridos y se debe evitar mojar el oído”, explica la Dra. Belli.

“Para aquellos pacientes que han tenido más de un episodio, existen métodos preventivos, como la instalación en el conducto auditivo de soluciones oleosas o de aceite de oliva, entre otros, previos al día de pileta, o la utilización del secador de pelo en frío en el CAE, posterior a la jornada de piscina, y la colocación de gotas de alcohol boricado”, agrega Razetti y finaliza: “Siempre consultar con el médico porque existen complicaciones severas y, a veces, amerita otros tratamientos”.

En cuanto a la prevención de la OE, Belli es concreta:

- Secar bien la zona tras salir del agua.

- Evitar estar en el agua durante mucho tiempo.

Cuidado de los ojos
Así como debemos proteger la piel de la acción de los rayos ultravioletas, los ojos merecen un cuidado especial en la temporada estival. Y no sólo por acción de la radiación solar. Permanecer muchas horas disfrutando del agua, tanto sea en piletas de natación como en el mar o el río, puede causar irritación de la vista, lo que predispone a padecer conjuntivitis estacionales. “En verano los casos por infecciones virales de conjuntivitis aumentan hasta un 20 por ciento”, dice la Dra Betty G. Arteaga, médica oftalmóloga del Servicio de Oftalmología del Hospital Italiano de Buenos Aires. “Cada dos o tres años se producen brotes que deberíamos prevenir desde la concientización y la higiene”, afirma.

Cómo prevenirse

Evitemos compartir toallas y refregarnos los ojos con las manos sucias; lavemos nuestra cara con agua y jabón al salir de la pileta o el mar;
el uso de lágrimas artificiales puede ser nuestro aliado para mantener los ojos lubricados.

“Para evitar la irritación de los ojos al nadar o al practicar deportes en la pileta o en la playa es necesario el uso de lentes de agua o antiparras protectoras, algunas pueden incluso tener el aumento necesario”, agrega la médica.

En tanto que para protegerse de los efectos de la radiación UVA y UVB, es fundamental el uso de anteojos de sol, contrariamente a lo que se cree, no es importante el color del lente, sino que tenga la protección adecuada contra los rayos ultravioletas. “No hay una relación directa entre el tono del cristal y el grado de protección, es decir, no significa que cuanto más oscuro sea el vidrio más nos protegerá de los riesgos del sol. Existen anteojos transparentes que tienen filtros ultravioletas. Por ello es importante comprar los anteojos en ópticas reconocidas, en donde esté garantizado que el lente tiene filtro, o en donde uno pueda averiguar con un profesional si verdaderamente lo tiene. Preferentemente su formato debe ser envolvente cubriendo toda el área de los ojos. Utilizarlas también en los días nublados”, agrega Arteaga.

“El verano supone pasar más tiempo al aire libre, y los estudios muestran que la exposición a la luz del sol puede, además, aumentar el riesgo de cáncer de piel, cataratas, degeneración macular relacionada con la edad y lesiones de la superficie ocular de tipo degenerativas, como el pterigion (crecimiento anormal por inflamación de tejido de la conjuntiva, que tiende a dirigirse desde la parte blanca del ojo hacia el tejido de la córnea (superficie anterior y transparente del ojo)”, agrega la Dra. Eliana Segretin Gutiérrez, Sección Superficie Ocular e Infectología, Servicio de Oftalmología Hospital Italiano de Buenos Aires. “La inflamación del tejido se produce por falta de lubricación, exposición solar, viento u otros agentes irritantes”.

Según Segretín Gutiérrez, el daño ocasionado por los rayos UV es acumulativo y expone al ojo humano a un estrés oxidativo constante. “Personas de todas las edades deben tomar precauciones cuando están al aire libre. Es importante comenzar a usar protección para los ojos a una edad temprana para resguardarlos de los años de la exposición ultravioleta”, agrega la médica. Al respecto, la Dra Arteaga afirma que “los niños suelen pasar más tiempo al aire libre en vacaciones y, por tanto, están más expuestos a sufrir afecciones en sus ojos. Por eso, hay que evitar la exposición en las horas de máxima intensidad, así como ponerles gorros o sombreros y usar lentes de sol con filtro UV a partir de los 5 ó 6 años”.

Prevención y cuidado

Solemos pasar largas horas delante de las pantallas de la PC, smartphones, tablets o la TV, lo que puede originar fatiga o molestias oculares. “Por eso, es importante darle unas vacaciones también a nuestros ojos y reducir las horas de exposición para dedicarnos a otro tipo de actividades recreativas”, afirma Arteaga.

Una dieta balanceada también colabora en el cuidado de la vista. “Incorporar a la dieta alimentos ricos en vitaminas A, E, C y antioxidantes, como zanahorias, verduras de hoja y frutas como duraznos, cerezas, naranjas y frutillas, ayuda a cuidar la salud de los ojos”, dice la doctora. Y agrega: “En tanto que los alimentos con ácidos grasos Omega-3 (pescados, chía, lino) también pueden colaborar a protegernos del síndrome del ojo seco”.

La recomendación final es acudir, como mínimo una vez al año, a una revisión oftalmológica.
COMENTARIOS
Los comentarios publicados al final de cada nota son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden generar sanciones legales. La empresa se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios que sean injuriosos o violatorios de cualquier legislación vigente.
Lo Mas Leido
Mas Moda
Preocupa una cepa importada de dengue: hay 10 casos confirmados en Misiones
Willem Einthoven, el hombre que permitió conocer mejor el funcionamiento del corazón
Georgios Papanicolaou, el médico que fue pionero en la prevención del cáncer de útero