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02/04 - 18:04
Jéröme Lejeune: a 25 años de su fallecimiento
"Una frase, sólo una frase guiará nuestra conducta, y será la misma palabra de Jesús: "Lo que hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis". El 3 de abril de 1994, hace 25 años, murió Jéröme Lejeune, el autor de esta máxima de vida.
Lejeune había nacido el 13 de junio de 1926 en Montrouge, Francia. El 1 de mayo de 1952 se casa con Birthe Bringsted, convertida al catolicismo, en Odense (Dinamarca). Esposo ejemplar, serán padres de cinco hijos. Su hija Claire escribió "La vie est un bonheur: Jéröme Lejeune, mon père".

Habiendo defendido su tesis doctoral en 1951, el profesor Raymond Turpin, su maestro, le propone investigar sobre el Síndrome de Down, todavía denominado "mongolismo".

Lejeune acepta y esto marca su vida científica. Fue miembro de la Sociedad Francesa de Genética e investigador del Centre national de la recherche scientifique (CNRS) a partir de 1954. En 1957, también por influencia de Turpin, es nombrado "experto sobre los efectos de las radiaciones atómicas en genética humana" para la ONU.

Considerado "padre de la genética moderna", con 32 años, en 1958, descubre que el origen del Síndrome de Down es la trisomía 21. En 1962 recibe el "Premio Kennedy". En agosto de 1969, la Sociedad Norteamericana de Genética le concede el "William Allen Memorial Award", la más alta distinción que pueda otorgarse a un genetista. Hombre de una sola pieza, en el discurso en la conferencia afirma que la naturaleza corporal de los hombres se encuentra por completo en el mensaje cromosómico desde el primer momento de la concepción.

El recurso al aborto de los hombres enfermos por razones genéticas, de este modo, es contrario a la ley moral. Entonces fue que sufrió un silencio hostil.

Como afirmó su gran amigo san Juan Pablo II, "no debemos temer la hostilidad y la impopularidad, rechazando todo compromiso y ambigüedad que nos conformaría a la mentalidad de este mundo (cf. Rm 12, 2). Debemos estar en el mundo, pero no ser del mundo (cf. Jn 15, 19; 17, 16), con la fuerza que nos viene de Cristo, que con su muerte y resurrección ha vencido el mundo (cf. Jn 16, 33)" (Evangelium vitae, 82).

"El racismo cromosómico es esgrimido como un estandarte de libertad. Que esa negación de la medicina, de toda la fraternidad biológica que une a los hombres, sea la única aplicación práctica del conocimiento de la trisomía 21 es más que un suplicio. ¡Proteger a los desheredados!, ¡qué idea más reaccionaria, retrógrada, integrista e inhumana!", apunta en su Diario.

Lejeune supo "ante todo cultivar", en él y en todos, "una mirada contemplativa", la que "nace de la fe en el Dios de la vida, que ha creado a cada hombre haciéndolo como un prodigio (cf. Sal 139 138, 14). Es la mirada de quien ve la vida en su profundidad, percibiendo sus dimensiones de gratuidad, belleza, invitación a la libertad y a la responsabilidad. Es la mirada de quien no pretende apoderarse de la realidad, sino que la acoge como un don, descubriendo en cada cosa el reflejo del Creador y en cada persona su imagen viviente (cf. Gn 1, 27; Sal 8, 6)" (Juan Pablo II, Evangelium vitae, 25 de marzo de 1995, 83).

Lejeune supo vivir que "el respeto de la vida exige que la ciencia y la técnica estén siempre ordenadas al hombre y a su desarrollo integral; toda la sociedad debe respetar, defender y promover la dignidad de cada persona humana, en todo momento y condición de su vida" (Evangelium vitae, 81).

En 1974 es nombrado miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias (Ciudad del Vaticano).

En 1981, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas (Francia). En 1983, de la Academia Nacional de Medicina (Francia). Fue Doctor honoris causa por varias universidades.
En 1994, su querido amigo san Juan Pablo II lo nombró presidente vitalicio de la Academia Pontifica por la Vida. En su persona, anticipadamente, se habían encarnado las enseñanzas de la Evangelium vitae (25 de marzo de 1995). Su proceso de beatificación se abrió en 2004 y se cerró en 2012 en fase diocesana.

Ruegue por nosotros, querido profesor Lejeune, y sosténgannos en el cuidado y la defensa de la vida humana, sobre todo de la de los más indefensos, los niños por nacer que sueñan con los abrazos y besos de sus mamás. Ellas y sus hijos, nuestros humildes hermanos, también esperan que nosotros los cuidemos y defendamos.
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