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¿Corro o no corro el riesgo?

09/10
Por Bernardo Stamateas

Cuando en la vida deseamos superarnos y progresar, siempre tendremos que correr riesgos. Muchos se paralizan ante un riesgo grande y terminan retrocediendo. Lo que ellos ignoran es que un riesgo nos brinda la posibilidad de descubrir hasta dónde queremos llegar realmente y saca de nuestro interior todas las capacidades con las que estamos equipados para lograrlo.

Por lo general, a quienes temen correr riesgos les han transmitido desde chicos el mensaje de que “el mundo es peligroso” y “es mejor cuidarse e ir sobre seguro”. Pero todo avance y meta por alcanzar siempre desafía nuestra mente, sacude nuestra estructura de pensamientos y nos obliga a quebrar viejos paradigmas. ¿Alguna vez te preguntaste qué harías si supieras que no podés fracasar? Tal vez tu sueño sea convertirte en un gran hombre de negocios, o un cantante, o un actor, o un académico, o un deportista. Sea cual sea tu elección, sí o sí tendrás que asumir ciertos riesgos para llegar a tu objetivo. Dos son los tipos de riesgos que podemos enfrentar camino a la cima:

Riesgos intrascendentes
Son los riesgos que, si los corremos y no superamos la prueba, no nos traen consecuencias. Por ejemplo, si no me animo a hablar en público o a hablar con mi jefe para pedirle un aumento, el día que tengo la oportunidad y me atrevo a hacerlo, lo logro y me siento bien. Y si no sale como lo esperaba, aprendo de la situación y lo vuelvo a intentar.

Riesgos trascendentes
Estos riesgos implican grandes movimientos y requieren de mucha energía de nuestra parte. Por ejemplo, cambiar de trabajo o mudarse de país. Son momentos en la vida de una persona donde tiene que dar un salto porque no puede llegar a la meta caminando. Hay que arriesgarse a hacer algo que quizás no salga como se espera y para ello, hay que soltar mucha fe y desplegar todo el potencial.

Cuatro técnicas sencillas que nos pueden ayudar a atravesar los riesgos trascendentes:

1. Escuchar el “tambor” propio
¿Qué quiere decir esto? Cuando no hacemos lo que hace todo el mundo, cuando no seguimos a la manada, puede ocurrir que tengamos un tambor distinto. Esto tiene que ver con escuchar y seguir la voz del corazón.

2. Hacerse pedidos irracionales
Esforzarse uno mismo por hacer (y lograr) cosas que parezcan estar fuera de la razón es un gran impulso para atrevernos a correr grandes riesgos.

3. Desarrollar un espíritu aventurero
Muchas veces desconocemos nuestro potencial ilimitado porque nos conformamos con lo conocido y nunca vamos por cosas nuevas que nos saquen de la rutina.

4. Abandonar los cambios graduales
Los cambios se hacen o no se hacen. Cuando sentimos que es tiempo de movernos del lugar donde estamos, el cambio tiene que ser total. Si lo hacemos a medias, solo nos producirá frustración.

Atrevete a correr riesgos y rompé tus propios límites. No importa si en tu familia nadie lo hizo antes, tal vez vos seas el “pionero” o la “pionera” en tu casa y marques el camino para muchos que vendrán después. ¡Peleá por aquello que vale la pena!

Bernardo Stamateas
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