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Cosas que no nos permiten ser libres

07/01 Seamos libres de todo aquello que nos ata y nada ni nadie podrá detenernos
Por Bernardo Stamateas

Ya sea que seamos conscientes o no, todos tenemos cosas que nos atan y no nos permiten ser libres para movernos en dirección a nuestras metas en la vida. Te invito a considerar dos de las “ataduras” más comunes que necesitamos romper para avanzar:

Primera atadura: las heridas de la gente que nos ama

La primera atadura de la que tenemos que desatarnos son las heridas de aquellos que nos aman. Cuando somos lastimados, se generan dos emociones: dolor y bronca. Si estas se congelan en nosotros, se convierten en “resentimiento”, como si se tratase de una foto. La única manera de romper esta atadura es perdonando. Cuando perdonamos, nos desatamos. Hay varias imágenes que ilustran esto. Primer ejemplo: un avión que no aterriza en algún momento pierde el combustible y se estrella; perdonar sería hacer aterrizar el avión. 

Esa persona que te causó una herida emocional y te ató, que vos esperabas que te diera cariño, que te defendiera o te comprendiera, ahora es un intruso. El dolor es un intruso en tu mente y perdonar es sacarlo de tu vida. Si no lo hacés, tendrás dos problemas: lo que te hicieron más lo que ahora vos te estás haciendo a vos mismo. Perdonar no es olvidar, ni decir “no pasó nada”, sino desatarte y no permitir que el pasado se repita en el presente y que el dolor del ayer te siga lastimando. 

Segunda atadura: los errores

Los errores si no se secan, nos atan. ¿Qué es un error fresco? Es un error del que no aprendí y sigo repitiendo. Cuando uno no aprende de sus errores, está condenado a repetirlos. Por eso, tenemos que secar los errores, lo cual quiere decir “aprender de ellos para no repetirlos”. Hay personas que viven unidas a sus equivocaciones. Supongamos que vas a la casa de un amigo y, sin querer, tirás el jarrón que está en la entrada y se rompe. ¿Cómo reaccionás? Hay cuatro posibles reacciones:

Primero, decir: “¿Quién puso el jarro acá? ¿No se dan cuenta de que por acá entra la gente?”. Esto es echarle la culpa a los demás de los propios errores: al jarrón, a la mesa y a quien lo puso ahí. Segundo, decir: “No es nada, es solo un jarrón”. Hay personas adultas a las que les dicen en el trabajo que tienen que entrar a las ocho… y entran a las nueve. Y cuando se lo hacen notar, responden: “¡No pasa nada!”. Creen que sus errores no les traen consecuencias. Tercero, decir: “Rompí el jarrón. ¡Fue por mi culpa!”. Eso es ponerse en víctima. Hay personas a las que les marcan un error y lloran. En el fondo, están manipulando al otro para no asumir la propia responsabilidad. Y cuarto, decir: “Rompí el jarrón me siento mal”, pedir disculpas y comprar otro jarrón. Es decir, reparar lo que hiciste y la próxima vez estar más atento. Todo error del que no aprendamos lo volveremos a repetir. Y esa repetición es una atadura. Lo importante no es no cometer errores, sino aprender de ellos. 

Bernardo Stamateas
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