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08/01 - 17:01
Donar óvulos, un acto invisible de solidaridad y rodeado de prejuicios
Un estudio determinó que, a pesar de que las mujeres reciben dinero a cambio, las moviliza el ayudar a otras que no pueden ser madres. Historias de donantes.
Las mujeres que donan sus óvulos para que otras puedan intentar ser madres están acostumbradas a “poner el cuerpo”: fueron madres adolescentes -en su mayoría a partir de embarazos no deseados-; hacen tareas hogareñas desde muy chicas y a muchas les interesa dedicarse al ámbito de la salud aunque la mayoría no terminó el secundario. Consideran, además, a la maternidad como un atributo ligado a la femineidad, como algo valioso que les da identidad y que está relacionado a la “función de sostén”, más allá del vínculo biológico (“Madre es quien quiere, quien cría, quien educa a sus hijos”, dicen). Y si bien la “compensación económica” que reciben -alrededor de 8.000 pesos cada vez que donan- es uno de los principales incentivos, la idea del altruismo está presente como también la de la red de ayuda entre mujeres. “Su condición social y su propia historia las convocan a ayudar”. Estas son algunas de las observaciones del estudio "La otra cara de las TRHA (técnicas de reproducción humana asistida): las mujeres donantes. Investigación cualitativa de carácter exploratorio", el primero de este tipo hecho en la Argentina sobre un tema que, de la mano del anonimato y la falta de regulación estatal, suele quedar entre sombras. Una práctica que crece año a año: la ovodonación, según la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, era el 14,3% de los 1960 tratamientos en 2004 y en el 2016 representó el 25,8% de los 21.000 realizados. Pero, a pesar de este aumento, la donación termina siendo un convenio entre privados y cuya modalidad varía según de qué médicos y de qué centros de fertilidad se trate.

Para poner algo de luz al tema y visibilizar la figura de las donantes, las psicólogas especialistas Laura Wang y Diana Pérez trabajaron sobre las respuestas de cuarenta posibles donantes de un centro de fertilidad de la Ciudad de Buenos Aires. Fue a partir de dos entrevistas individuales realizadas por Wang entre 2012 y 2016. El estudio no tiene valor cuantitativo sino cualitativo.

“Las mujeres entrevistadas tienen estrategias de defensa frente a la vulnerabilidad. Ante la escasez de recursos económicos, la solidaridad se hace presente. Cuentan con recursos psíquicos para sobrellevar las dificultades”, dice el estudio.

Las psicólogas, a su vez, señalan que la donación de óvulos no tiene el mismo reconocimiento que la de un órgano pues “no está equiparado, en el discurso social, salvar vida con crear vida”. Este factor, entre otras cuestiones, lleva a su invisibilidad. Sumado a que la mayoría de estas mujeres guarda el tema en reserva pues, cuando lo cuenta, suele encontrarse con cierta condena. “Mi cuñada dice que donar es regalar hijos”; “Mi amiga me dijo riéndose que tengo un montón de hijos por ahí”, relataron las entrevistadas.

“La desinformación es el principal obstáculo para un cambio social. La donación de óvulos se evidencia como una trama compleja entre lo social, lo cultural y la subjetividad”, afirman Wang y Pérez.




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