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22/02 - 19:02
¿Qué es el espasmo de sollozo?
Se enoja, llora, sigue llorando, no para, deja de respirar, se pone azul y hasta a veces pierde el conocimiento... ¿Por qué le pasa esto? ¿Qué tengo que hacer?
Un susto o un berrinche pueden generar un espasmo de glotis que lleva a una crisis de apnea –falta de respiración- en algunos bebés de 6 a 18 meses. Y si bien la situación puede ser muy angustiante para los adultos que se encuentran con el niño, deben saber que estos trastornos recurrentes no son graves, siempre y cuando se diagnostiquen como espasmos de sollozo, eventos no epilépticos que no se deben a una enfermedad en particular y que no dejan secuelas.


¿Cómo se producen los espasmos de sollozo?

Los espasmos de sollozo –que generalmente duran entre dos y veinte segundos- pueden darse después de una situación que al bebé le produce frustración, enojo y llanto, a continuación de la cual el niño exhala, deja de respirar, se pone azul –cianótico-, pierde el conocimiento y se pone rígido o hipotónico –flácido-. Los espasmos suelen aparecer con más frecuencia cuando los chicos están cansados, por la tarde o cerca de la hora de ir a dormir. Cuando la apnea dura más de diez segundos, el niño convulsiona y a continuación vuelve a ponerse flácido.

Este tipo de crisis se da en los niños sanos, pero aparece con más frecuencia en los que tienen padres que también lo presentaron durante la infancia. En los recién nacidos, el espasmo puede comenzar mientras se le están cambiando los pañales o cuando se está alimentando, aunque aparece con mayor frecuencia en los niños de entre 1 y 2 años.

Las crisis pueden ser de tipo cianótico o pálido. El primer caso se da cuando el niño deja de respirar después de haber llorado mucho, se pone azul, sufre convulsiones y vuelve a quedar hipotónico. El segundo caso comienza con un susto, poco llanto y sigue con pérdida de la conciencia y eventuales convulsiones.

En el caso de que el bebé presente un cuadro de este tipo –sobre todo si se da fuera del período de entre los 6 y los 18 meses-, hay que consultar inmediatamente con el pediatra para definir el diagnóstico, que se logra a partir del descarte de otras enfermedades del sistema nervioso central, respiratorio, cardiovascular, y enfermedades metabólicas.


¿A qué se deben?

Si bien todavía la medicina no ha podido definir la causa de los espasmos de sollozo, se sabe que intervienen variables anatómicas, caídas de la presión arterial y estímulos del sistema nervioso parasimpático (una parte del sistema nervioso autónomo que controla las funciones y actos involuntarios). Sabemos también que los niños con anemia tienen mayor incidencia de espasmo del sollozo, porque el déficit de hierro llevaría a una menor oxigenación cerebral y sería un factor desencadenante del espasmo. Por eso, como parte del tratamiento se administra sulfato ferroso por vía oral hasta que se normalicen los valores de hemoglobina –la sustancia que se ocupa de transportar el oxígeno de la sangre-.


¿Cómo actuar ante este tipo de crisis?

Es importante que los adultos que estén junto al niño cuando se da una crisis de este tipo puedan mantenerse tranquilos, sacarle los objetos de la boca y de las manos para que no se lastime, no intenten reanimarlo, lo ubiquen de costado y se aseguren de que no haya muebles u otros objetos con los que pueda golpearse. Conviene que se alejen un poco y lo observen, para tener información cuando visiten al pediatra.

Si el pequeño no reacciona después de 30 segundos, hay que llevarlo de inmediato al médico y también hay que consultar si los episodios comienzan a darse cuando está durmiendo.

Una vez terminada la crisis y recién cuando el niño se encuentra totalmente recuperado se le puede dar agua y acostarlo para que descanse. Nunca hay que tratar a un pequeño que tiene espasmos de sollozo “como si fuera de cristal” buscando que no llore y no se enoje nunca –de modo que no se den las crisis-. La educación debe ser normal y los límites deben ser puestos cuando son necesarios.


¿Se pueden prevenir? ¿Cómo?

Si bien no hay medidas preventivas específicas, es posible evitar o minimizar aquellas situaciones que pueden llegar a provocar un espasmo de sollozo, como los berrinches.

Algunos berrinches se pueden prevenir de distintas maneras:

- Siguiendo una rutina diaria: respetar una rutina de horarios con respecto a las actividades diarias del bebé o niño le dará seguridad y confianza porque sabrá qué le espera cada día.

- Asegurándose de que descansó lo suficiente si tenemos planeadas actividades que lo pueden agotar o un día muy complicado.

- Adelantándose a sus necesidades ofreciéndole el pecho o una comida antes de que sienta mucha hambre. El llanto suele ser el último indicador de hambre en bebés, previamente es posible que de otras señales (chuparse las manitos, ruiditos de succión con la boca, etc.) a las que es bueno estar atentas para evitar el llanto. En niños más grandes, que aún no saben expresar sus necesidades con palabras, el último indicador de hambre suele ser el berrinche.

- Distrayendo al niño ante situaciones que pueden provocar un berrinche. Si vemos que se está enojando, hacerle un juego, una humorada o simplemente distraerlo con otra cosa que le llame la atención.

- Evitando situaciones frustrantes como darle juguetes demasiado avanzados para su edad o hacerlo jugar con niños más grandes con los que haya cosas que no puede hacer. Esto no significa evitar todas sus frustraciones ni dejar de ponerle límites, simplemente se trata de ofrecerle experiencias y objetos adecuados a su edad y entendimiento.

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