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16/10 - 19:10
Cerebro y sistema de inmunidad
La dualidad cartesiana mente-cuerpo hizo un verdadero impacto en los aspectos más sutiles de la práctica médica
Si bien las balas mágicas de la medicina habrían eliminado prácticamente enfermedades como la tuberculosis y la polio, a veces nos sentimos impotentes los médicos de detener asesinos crónicos como la enfermedad cardíaca y el cáncer, las dos causas más comunes de muerte; aparecieron nuevas cepas bacterianas ferozmente resistentes a las drogas maravillosas, los antibióticos. 
 
Además de estos factores, el surgimiento en la posguerra de la medicina psicosomática llevó a la mente al primer plano en el tratamiento de enfermedades. El cambio cultural actual es la preocupación por lograr la super salud, un estado positivo del ser. 
 
Un estado superior de la aptitud física: dietas y ejercicios especiales, y en general una visión de la salud como algo más que estar libre de enfermedad.
Los críticos del siglo XIX exigieron una democratización del conocimiento médico (cada hombre su propio médico), lo mismo hicieron los que abogaban por una nueva atención de salud.

Mirando más allá de las tecnologías estándar, las antiguas terapias fueron redescubiertas en la década del 60. El antiguo arte de la acupuntura fue introducido en Estados Unidos al igual que la meditación, tras­cendental que fue importada de la India.

La medicina tradicional fue perdiendo el monopolio del arte de curar; una nueva filosofía de la medicina comenzó a tomar forma como consecuencia del disenso y la revalorización. 

Era la síntesis de la dualidad cartesiana mente-cuerpo y estaba basada en la idea de que cada paciente es un individuo único hecho de cuerpo, alma y espíritu, y debería ser tratado según la manera en que esos elementos interactúan entre sí y con el medio ambiente del paciente.

La dualidad cartesiana mente-cuerpo hizo un verdadero impacto en los aspectos más sutiles de la práctica médica haciendo que los médicos vieran a los pacientes como personas y no como casos clínicos. 

Las escuelas médicas están reflejando esa nueva conciencia. Por ejemplo, en la Universidad de Brow se ha iniciado un curso que enseña a los estudiantes de Medicina a interactuar con los enfermos. Desde 1979 en la Universidad Mont Sinai están dando un curso sobre medicina humanística. Es esencial darse cuenta de que aunque no haya ninguna terapia disponible en pacientes con enfermedades terminales o crónicas incurables, hay cosas constructivas que se pueden y deben hacer para ayudar al enfermo y a su familia a sobrellevar esta mala experiencia. 

Esta nueva conciencia corresponde a los ideales de la medicina holística, que cada paciente es una entidad única de cuerpo y espíritu, y ambas necesitan afecto y atención dentro del campo de la medicina científica. Cualquier tra­tamiento aporta beneficios y riesgos. Pese a sus fallas, la medicina alopática (la tradicional) hace que los riesgos sean mínimos. 
 
Un preconcepto básico de la medicina alopática es primun non nocerre (lo primero es no dañar).
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