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XX FERIA DEL LIBRO DE FORMOSA

Muestra fotográfica “MALVINAS 40 AÑOS - Las fotos recuperadas de Malvinas. Archivo Télam

Colaboración: Claudia C. Canteros



Recorriendo las páginas del programa de la vigésima Feria del Libro de nuestra ciudad y después el espacio especial dedicado a los 40 años de la Guerra de Malvinas, se me vino a la mente la pregunta: ¿tenemos que seguir revisitando “la cuestión Malvinas”, como poética y acabadamente defendiera Alfredo Palacios en 1934?

El ejercicio de memoria colectiva que implica una muestra fotográfica se revela sin dobleces. Nos obliga a mirarnos, a vernos reflejados en esos argentinos convocados a una guerra en un lugar inhóspito pero a la vez propio, porque nunca dejamos de sentir esas islas como hermanas perdidas, que en algún momento volverán a formar parte de esta gran nación. Acercarse a la muestra no nos deja inmóviles, necesariamente nos interpela, nos conmueve y pone en funcionamiento un mecanismo que, si bien es doloroso, no es por ello menos útil como comunidad. Porque del dolor deberíamos aprender, como grupo humano, que existen reclamos de soberanía sobre los que nuestra propia historia nos impide claudicar, pero también nos reclama pensar en nuevas perspectivas territoriales. ¿Por qué? Porque mantener nuestra reivindicación por las Islas también implica ampliar la mirada al continente, e ir recuperando las alianzas estratégicas con los demás países hermanos, justamente pensando en Argentina como un Estado bicontinental, compuesto no sólo por tierra sino también por el espacio marítimo circundante en el Atlántico Sur.

Y acá me tomo un atrevimiento, la cita es larga pero quién mejor que Jauretche para adelantarse en la reconfiguración de los Estados-Nación del siglo XIX cuando dijo que “la cuestión es la cuestión nacional. De qué lado nos ponemos en la cuestión nacional. Del lado de la grandeza, de la soberanía, del destino a realizar, o del lado chiquito de un país dependiente, que llegó a puerto, y que se resigna con su sucio destino de mediocridad. Porque si una es la opción, hay la posibilidad del soldado, como expresión de ese destino; si la otra no hay más que la posibilidad del vigilante, que cuida en ese puerto de recalada que no pase nada, que todo esté en orden para los que lo utilizan como puerto, para cargar y descargar su mercancía. El país todo está en lo de la Patria Grande. (…) En lo grande no se puede jugar chico. Por eso estamos hoy donde estamos. Pero se sigue jugando chico. Cosa de provocadores y no de soldados. Es un problema espiritual, porque uno puede sentirse soldado o provocador. Depende de cómo se siente el servicio. Servicio; no oficio, que es otra cosa”. (“Política y Economía” - Arturo Jauretche - P.50/51)

Creo que si me preguntan si debemos seguir recordando la cuestión Malvinas, la respuesta es rotunda: “Sí, absolutamente”, porque la memoria de nuestros excombatientes nos convoca al recuerdo y al reconocimiento por su entrega, como también porque ya no somos un país perdido en el Atlántico Sur, siendo este el momento para recuperar las alianzas con nuestros países hermanos, sobre los que hermosamente decía Zitarrosa que éramos, “como el témpano flotante, por debajo son gigantes sumergidos que estremecen”.



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