pixel facebook
Martes 05 de Marzo de 2024

23 ° C Clima

Logo Editorial


“CÚSPIDE”, ÚLTIMO LIBRO DEL ESCRITOR FORMOSEÑO HUGO TERÁN

La palabra en emergencia

* Por Héctor Washington



Más que como una actividad eventual y metódica, al parecer la escritura en Hugo Terán se manifiesta más bien como una pulsión incontrolable que imperiosamente toma su lugar como cada bocanada de aire que lo mantiene con vida. Su vasta producción literaria da cuenta en cada entrega de esta mecánica de la necesidad por sobre los habituales ribetes de la industria editorial a los que se siente ajeno, donde lo que verdaderamente tiene valor es el texto y los procesos creativos que le dan forma.

“Cúspide”, su último libro editado, sin dudas responde a esta naturaleza que lo embarga todo el tiempo y es también una vertiente de palabras destinadas a develar más rápidamente el resultado final que el proceso, que no logra advertirse pero las impulsa siempre a hacia una intención retórica.

La poesía y el relato breve manan de forma imperiosa de estas 54 páginas dispuestas en un formato más cercano a lo artesanal, donde lo que también importa son sus destinatarios directos a quienes agradecer y dedicar este proceso de purgación que fue para Terán la confección de este nuevo trabajo.

“A Nicolás Gómez” inicia la lista de nombres, donde el poeta formoseño recientemente fallecido adquiere una preponderancia no sólo a lo largo de esta breve antología sino también durante la entrevista que Cronopio mantuvo con su autor, que asegura: “Le dediqué el libro a Nico y le voy a dedicar varios más, porque Nico me salvó la vida muchas veces. Fue un hermano realmente para mí”, agradece.

Jorge Manuel Aponte encaró la misión de prologar esta serie de textos, a los que define como “un estupendo testimonio para afirmar que la literatura es una ampliación de la experiencia”.

Los versos en “Cúspide” parecen dar cuenta de una poesía del efecto más que de las causas. Desangelada, sanguínea y descarnada, nos sumerge en caída libre a lo más oscuro de nuestra naturaleza humana. La crítica social, la orfandad heredada casi como una condición antropológica, la dificultad para hallarnos entre las sombras, algún que otro retrato anecdótico del paso del tiempo, nuestra evasión y destrucción, que apenas suelen ser sinónimos a cierta hora de la noche… todo se agolpa en “Cúspide” de manera estrepitosa y decanta en una verdad insoslayable: “No hay tierra por conquistar en este abismo de mares”.

Los relatos de este volumen transitan terrenos inhóspitos y los hechos narrados sucumben a menudo ante las cavilaciones de un narrador dispuesto más a la reflexión que al avance de la historia. Aun así, perviven en ellos la crítica mordaz, la cercanía del lector con los sucesos referidos, el universo onírico como escape a la tangibilidad del mundo ordinario y la escritura, siempre la escritura que suele parecerse a la urgencia: “TIENE UNO CUANDO ESCRIBE ALGUNA SECRETA ESPE-RANZA. SE SIENTE FUERTE ANTE EL PAPEL Y EL LÁPIZ EN LA MANO. HASTA ME PARECE QUE PUEDO CAMBIAR ALGO”, refiere su alter ego en la ficción, así con mayúsculas, en lo que podría ser una suerte de manifiesto sobre el trabajo exhaustivo y permanente con la palabra en emergencia.

“Yo tuve grandes inspiradores y modelos literarios en la provincia que me enseñaron a escribir. Pero más allá de alguna mímica de compromiso, mi literatura es comprometida por el heavy metal que mamé de pendejo, que consumí desde pendejo, que me dejó en claro que hay que protestar cuando uno no está de acuerdo. No hay por qué callarse, no. Hay que elevar la voz, hay que protestar. Eso es algo que yo les critico a los grandes escritores formoseños: han sido poco críticos”, cuestiona. Y se permite una reflexión: “En ese sentido, rescato al Negro Franco en algún momento y, hoy por hoy, a Carlos Fontoura; también a Ariana Cabezas y Julieta Núñez”.

Prolífico y polémico -en su sentido más etimológico-, Hugo Terán va al encuentro con la escritura como quien encara una batalla decisiva y hace de ella su causa más importante: “De alguna manera llegué a la cúspide, al escalón último de mi batalla en soledad. Me siento bien. Hoy realmente tengo ganas de hablar. Me haría feliz contar”, finaliza este libro concebido desde la emergencia, que purga toda una etapa difícil de su autor, que a modo terapéutico se mueve por la vida “con un grabadorcito con minicassettes -como supo confesar-, que son un tesoro, porque yo paro la moto cada 20 metros, grabo algo y sigo. Pero no busco luego unir demasiado. Muchas veces me he quedado esperando que se ponga en verde un semáforo que no existe”.

-------------------------------------------------------

¿Cómo se fue armando “Cúspide”? ¿Fue del todo a los textos o de los textos al todo?
- “‘Cúspide’ es un texto desesperado. Empezó a ser escrito en un momento muy particular de mi vida en el cual me di cuenta que tenía que abandonar algunas cosas para poder seguir escribiendo, tal vez para poder seguir viviendo. Y fue algo así como un despellejarme a mí mismo para sacar de adentro todo lo que tenía que sacar, para poder limpiarme y seguir escribiendo y seguir viviendo. Fue todo lo que te puedas imaginar al texto, nada quedó afuera. Y como en todos mis textos, hay una crítica despiadada también a lo social y a la gente que nos rodea… el tema de los vicios. Como sociedad, somos muy propensos a juzgar inmediatamente a la gente que creemos que rompe con las reglas de ‘los buenos de la socie­dad’. Y el 90 por ciento de la Argentina toma Clo­nazepam. So­mos muy hipócritas como sociedad. Es muy fácil apuntar al otro y acostarnos a dormir tranquilos después de un ‘Clona’. Tal vez sea ‘Cús­pide’ un texto vomitivo, si se quiere, en el sentido de que más que nunca sentí la necesidad de sa­car­me de adentro todo lo negativo y todo lo que me cuestio-naba como integrante de esta sociedad en la cual la hipocresía es la moneda corriente. Yo siempre guardo la ilusión de que se me lea, pero no porque venda libros o no -porque el que quiere el PDF se lo mando sin cobrar nada, no tengo ningún problema-; que se me lea en el sentido de mejorar o que alguien diga: ‘Che, tiene razón este tipo en esta partecita. Qué estoy juzgando yo a mi vecino que se libera de las tensiones del día con un porro en la esquina’. Y, sin embargo, yo no veo que tenga que ir al médico, al psicólogo o al psi­quiatra para que me mediquen para poder dormir. Creo que hay mu­chas cosas que hay que replan­tearse como so­ciedad para poder estar bien, es muy fácil el acto de juzgar y no vamos a mejorar mientras no nos replantee­mos cuáles son nuestros hábitos. Y esto se aplica a cualquier sector de la sociedad. Yo en toda mi literatura trato de revelar lo que pienso des­de mi punto de vista, que no pretendo que sea ‘la verdad’. Pero escúchenme, léanme, tengan en cuenta que soy un observador de esta realidad, y muy pocos observan. Y ponele vos que sean mu­chos los que observan: muy po­cos se manifiestan”.

Hay en los textos líricos reunidos, al parecer, un abordaje desde una u otra experiencia personal que funciona como disparador y que busca de inmediato el efecto. ¿Cómo es el proceso creativo de Hugo Terán en la poesía?
- “El proceso creativo de la poesía es como el ‘ring raje’, donde algo me despierta una lágrima, un temblor, una pulsión y lo escribo porque me desespera. La poesía es un acto desesperado en mí, es una necesidad de sacarme inmediatamente todo lo que tengo adentro porque algo me ha provocado algún tipo de dolor. Yo creo que toda mi poesía está impulsada por el dolor, definitivamente”.

La narrativa aquí, sin embargo, parece ir más detrás de las cavilaciones y reflexiones del narra­dor que de los hechos narrados. ¿Cómo funcionan en vos estos mecanismos a la hora de contar historias?
- “Con respecto a la narrativa… sí, tenés razón. La poesía es un acto desesperado, la narrativa es el resultado de una observación que despierta de­sesperación. Pero requiere una mayor organiza­ción, reestructuración y reflexiones un poquito más extendidas en los días y noches, porque -por ejemplo- las narraciones eran muy conversadas con Nicolás, él las leía, hablábamos y llegábamos siempre a ciertas conclusiones. Muy pocas veces modificaban esas conversaciones alguna reacción en sí, pero sí o sí me aportaba otros puntos de vista que eran incorporados gene­ralmente. La poesía para mí no admite intervenciones ajenas, la narrativa sí. De Nico, de nadie más. Lo que sí tienen mis narraciones, a comparación de la poesía, es la posibilidad de introducir discursos ajenos. Pero no porque esté de acuerdo. Yo introduzco discursos ajenos con los que no estoy de acuerdo, tal vez no estén presentes con letra pero sí con pensamientos. Y me enojan algunos de esos discursos y me permiten responderlos sin mencionarlos. Mis narraciones ad­mi­ten discursos ajenos, no así la poesía”.

En el prólogo a “Cúspide”, Jorge Aponte te define como un escritor de acción, inquieto, jugado y corajudo. ¿Coincidís con estas adjetivaciones? ¿En qué lo notás a la hora de encarar la literatura en un medio como Formosa?
- “Hace un mes más o menos, falleció Ricardo Iorio. En el ámbito del heavy metal acá del Nor­deste, es muy conocida una anécdota de un enfrentamiento que tuve yo con Ricardo allá por la época de la presentación de ‘Ácido argentino’, de Hermética. Con la muerte de Ricardo, he llegado a una conclusión: si tuvimos un enfrentamiento, es que por ahí somos muy parecidos o tenemos las mismas necesidades expresivas. Yo considero que soy un ciudadano de un país que ha elegido el sistema democrático para regirse; por lo tanto, no ten­go por qué callarme nada de lo que pienso. Me gustaría que todos pensaran de esa manera por­que a veces no es el poder el que te impone los límites, es uno mismo el que se los impone por el pueblo en el que vive (porque Formosa no ha dejado de ser pueblo en cuanto a ese tipo de cosas). Yo no tengo temores a la hora de expresarme, porque lo que yo tengo es necesidad de expresión. Los puntos más polémicos en general -que no me preocupa si son polémicos o no- son los políticos o religiosos. En Formosa no he tenido problemas en cuanto a mis plantea­mientos políticos porque considero que nadie me ha leído realmente en ese sentido. Sí he tenido censura por algún texto que habla de lo religioso, pero me importa muy poco porque si yo me voy a censurar a mí mismo, dejo de escribir. No tengo temores, no tengo temas prohibidos. Y considero que nadie me va a prohibir temas tampoco, porque los problemas son más de los habitantes que de los sistemas que los gobiernan. Es más, en un sistema democrático yo creo que a la gente que nos gobierna le conviene que los ciudadanos podamos expresarnos, porque si son sistemas razonables o sistemas que razonan, tendrían que tener el segundo, el momento, el tiempito para analizar lo que la gente expresa, para progresar. Así que nunca voy a dejar de expresar lo que siento, no tengo temores ni nada. Y sí, estoy de acuerdo con Jorge. Me meto con lo que me importa meterme y con lo que me provoca algún tipo de inquietud. Amo meterme con aquello que me provoca inquietud. Temores no ten­go, me meto con todo lo que creo que tengo que meterme como persona con derechos. Nunca tuve miedo de manifestar y de decir lo que pienso realmente, de no mentir, por una cuestión simple: yo creo que si lo que se pretende es fortalecer un es­tado democrático de las cosas, los gobernantes, si son inteligentes, lo que tienen que hacer es cuidar a los observadores del momento histórico que es­ta­mos viviendo. Yo no creo que a nadie le agraden las loas regaladas o el que va a apoyar una marcha o lo que sea por el simple puesto laboral. Creo que es más importante la gente que realmente se manifiesta y tiene el ímpetu como para decir qué es lo que piensa de las cosas, porque al fin y al cabo, en algún momento de la historia, los que se pongan a leer los textos literarios de nuestra época van a recalar no en el que habla del amor barato sino en el que se puso a mirar nuestra sociedad y a decir: ‘Che, esto me parece bien, pero esto me parece mal. Vamos a ver qué hacemos al respecto’. Como decíamos siempre con Nico: ‘Tenemos que decir lo que pensamos, porque para eso vinimos al mundo’”.

Sabemos que tenés mucha producción inédita y que se vienen otros proyectos, muy pronto a publicar. ¿Cómo entiende Terán al acto de escribir?
- “Sí. No creo que me alcance la vida para publi­car lo que tengo, porque sé que voy a tener mucho más. La escritura para mí -y en esto coincidíamos con Nico- es una obsesión, pero porque la escritura en sí era el único medio que teníamos para sacar de adentro los demonios y los ángeles que tenía­mos o que tenemos. La escritura para mí es un ac­to de liberación necesario para sacar de adentro lo que tengo. Cada libro mío se lleva un pedacito de mí, porque me voy sacando cosas de adentro con cada uno. Y se llevan a veces cosas importantes de mí que me dejan un poquito flaco de ese lado… y obsesiones. No puedo vivir sin esto, lo hemos hablado infinitas noches con Nico: ¿Qué sería de nosotros sin la escritura? No quiero ni siquiera ima­ginarme qué sería de mi vida sin la posibilidad de expresar por escrito todo lo que me desespera, más de lo que me inspira -en el sentido romántico de la literatura, que en general se practica acá en Formosa-. No. A mí no me interesa mucho la cues­tión de la autoayuda o del amor banal, me interesa el amor desesperado en todo caso y todo lo que tenga que ver con una necesidad imperiosa de descargar cosas”.



Comentarios
Los comentarios publicados al final de cada nota son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden generar sanciones legales. La empresa se reserva el derecho de moderar los comentarios y eliminar aquellos que sean injuriosos o violatorios de cualquier legislación vigente.
Todos los Derechos Reservados © 2024 Editorial La Mañana

La Mañana
RSS
Sitemap

Redes Sociales
Facebook
Instagram
Twitter

Miembro de
Logo Adepa
Adherente a Programas
ONU mujeres

Logo Footer